Los ceutíes que pueden se están escapando a la península. En barco o helicóptero se marchan de la ciudad autónoma tras estos días «difíciles, muy difíciles» por la crisis migratoria derivada de la entrada de miles de personas -a nado o por la frontera- y que ha provocado el cierre de todos los comercios de Ceuta. Y que además ha obligado a cancelar las fiestas cuando ya estaba todo montado para empezar este fin de semana.
«La situación no se puede, y menos con los niños», relatan ceutíes a EL PERIÓDICO – cabecera de PRENSA IBÉRICA- porque la crisis «obliga a estar en casa». Y encima «no puedes comprar nada», añaden, porque los supermercados están cerrados -ya van varios días- y los bares, también. «Llevos dos días sin comprar pan» o «me está constando hasta encontrar botellas de agua», comentan ciudadanos consultados que, a la vez, apuntan al cierre de los comercios como una de las claves del regreso de los marroquíes.
Algún restaurante sí abre pero «trabajando a puerta cerrada». A ello se suma que los marroquíes que trabajan en Ceuta están teniendo dificultades para acceder a la ciudad autónoma con horas en la cola para entrar de manera legal.
Los escasos hoteles que hay en Ceuta están sufriendo cancelaciones. Algunas las suplen -confiesan- con la llegada de periodistas y personal de refuerzo para la crisis. «¿Quién va a venir con este panorama?», comentaba una camarena ceutí interesada en saber si las personas que entraron ilegalmente estaban regresando a Marruecos a buen ritmo. Según los datos del Gobierno ya habían regresado casi el 100% de las personas que cruzaron a ilegalmente pero en las calles de Ceuta seguían deambulando cientos de jóvenes. Pese a la actuación de la Polícía Nacional y Ejército de ir concetrándolos por zonas.
Ejército calles Ceuta / Redacción
Las calles de la ciudad autónoma presentan un aspecto de batalla campal con basura, restos de comidas, de bolsas y desperdiciones, que contrasta con el orgullo de Ceuta de que es una «ciudad muy limpia». Los contenedores de basuras, a rebosar, se están usando también como barricada para controlar accesos en los barrios a manos de las «patrullas ciudadanas» que se han creado en algunos lugares.
La sensación de «inseguridad» es lo más extendido entre los ceutíes con el temor a que prenda la mecha de la violencia y la situación empeore. Y también a que muchos de los que migrantes que han cruzado decidan no regresar y se escondan – algunos ya estaban tomando posiciones en el monte en una ciudad que ya cuenta con una saturación alta -desbordante- de sus Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) y sus centros para menores.
Los ciudadanos celebran la presencia en las calles del Ejército y la Polícía, aunque lamentan que no hayan estado antes. Una queja que también ha verbalizado en varios momentos el presidente de Ceuta, quien ya antes de la avalancha del jueves por la frontera terrestre alertó de la llegada masiva de personas a nado y reclamó la declaración de emergencia nacional que el Estado rechazó.
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