Lo que hizo mi abuelo fue una hazaña extraordinaria

Tour de Francia de 1909. 29 de julio, penúltima etapa, de 426 kilómetros entre Brest y Caen. Un ciclista, de nombre Joseph Habierre, recibe un fuerte golpe por la espalda en plena noche cerrada mientras arreglaba un pinchazo en una de las ruedas de su Alcyon de hierro al borde del camino. Pierde el conocimiento durante un tiempo indeterminado. Recupera la consciencia, termina la reparación y se dispone a recorrer, en solitario y sin ningún tipo de avituallamiento encima, los más de 400 kilómetros que restan hasta la línea de meta. Termina cogiendo al grupo con unos escasos 10 minutos de retraso -recuperando la hora y 20 con la que pasó el primer control- respecto a Jean Alavoine, ganador de aquella etapa en un Tour que terminaría ganando François Fabet.

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