No era un disidente chino, era un estafador

Cuando Guo Wengui huyó a Estados Unidos dejando atrás variados pufos, China ya lo advirtió: era un corrupto. Durante la siguiente década fue aplaudido en su tierra de acogida como un indomable disidente político con la heroica misión vital de tumbar al Partido Comunista. Cuando esta semana se le preguntó al portavoz del Ministerio de Exteriores chino por su condena de 30 años en Nueva York tras estafar 1.000 millones de dólares, solo aclaró educadamente que estaba al corriente de las noticias. No cuesta imaginar, sin embargo, las carcajadas en Zhongnanhai, sede del poder de China. La historia de Guo va más allá de la un incorregible timador. Es la de una traición a la diáspora china que vio en él a un valeroso luchador por la democracia, que creyó participar en una revolución política cuando sólo sufragaba su vida de lujos versallescos.

Fuente