Hay quienes creen que ‘Megalópolis’ es una película magnífica, y muchos la consideran una película terrible; unos y otros, en todo caso, estarían de acuerdo en que lo más fascinante de ella fue el proceso de su creación. Francis Ford Coppola la ideó en algún momento de los años 80 en forma de alegoría épica sobre el poder, la riqueza y la política, y durante décadas pareció condenada a ser la obra maestra que el creador de clásicos como la saga de ‘El Padrino’, ‘La conversación’ y ‘Apocalypse Now’ nunca llegó a hacer realidad.
Pero él se rebeló contra ese destino, y vendió una parte de su negocio vinícola por unos 120 millones de dólares para financiarla por su cuenta. Y entonces ‘Megalópolis’ vio la luz, fue apaleada por buena parte de la crítica y recaudó una miseria en taquilla, y prácticamente desapareció; que nadie se moleste en buscarla en las plataformas de streaming. Ahora, el documental ‘Megadoc’ -recién estrenado en España a través de Filmin– cataloga las controversias, las frustraciones, las disputas y los excesos de ego que marcaron durante meses aquel rodaje.
Lo firma el británico Mike Figgis, en su día director de ‘Leaving Las Vegas’. “Detesto todos esos documentales actuales que toman un asunto convertido en tendencia gracias a las redes y se limitan a desarrollarlo siguiendo a rajatabla un guion cerrado”, confiesa. “Yo llegué a la filmación de ‘Megalópolis’ con la mente completamente abierta, preparado para capturar con mi cámara todo cuanto sucediera”.
Al principio de ‘Megadoc’, Coppola explica que sus motivos para volver a ponerse detrás de la cámara por primera vez en 13 años no son ni el dinero, ni la fama ni los premios. “Yo ya tengo varos Oscars”, le recuerda a Figgis. Lo que busca, añade, es “divertirse”. Mediado el documental, su discurso es notablemente menos entusiasta: “Soy demasiado viejo y gruñón para este trabajo”, lamenta. Entretanto, el maestro se muestra a ratos lleno de energía juvenil y rebosante de ideas, y por momentos se le nota exhausto y deprimido, poniendo en evidencia sus 84 años.
En ‘Megalópolis’ aparece como reportera Romy Mars. Tiene 18 años y es hija de Sofia Coppola y el cantante de Phoenix, Thomas Mars. / EPC
“El cine es la única forma artística que mata lo que trata de preservar”, asegura en otro momento: hay tantos factores que conspiran contra un director durante un rodaje -las limitaciones temporales y financieras, la tecnología, los caprichos del clima, las manías personales- que es casi un milagro que, en ocasiones, ese proceso dé como resultado una gran obra de arte.
‘Megadoc’ incluye imágenes de archivo de intentos fallidos previos de poner ‘Megalópolis’ en pie. Una de ellas es una lectura de guion de 2001 en la que participan Robert De Niro y Uma Thurman; en otra, Ryan Gosling aparece ensayando en la piel del personaje que finalmente acabó encarnando Shia LeBeouf. Precisamente, algunos de los momentos más absorbentes capturados por Figgis detallan los constantes rifirrafes que Coppola mantuvo con LeBeouf durante la filmación. “Eres el grano en el culo más grande de todos los actores con los que jamás he trabajado”, le espeta a gritos al actor en un momento del documental. “Francis necesita rodearse de caos, conflicto y confusión, porque eso es un reflejo de lo que sucede dentro de su cabeza”, opina el británico. “Esas tensiones le aportan inspiración”.
En cualquier caso, y aunque testimonia numerosos momentos de tensión y drama verdaderos, la nueva película demuestra ser demasiado respetuosa con Coppola como para ahondar del todo en su investigación. Pese a que recoge un episodio del que informó la prensa que resultó en el despido de la producción de ‘Megalópolis’ del supervisor de efectos visuales y el abandono del departamento de arte al completo, ‘Megadoc’ nunca llega a profundizar en el asunto, y ni siquiera menciona las acusaciones según las que Coppola se habría comportado de manera inapropiada con varias mujeres que trabajaron como extras en una escena de su película.
El documental tampoco se hace eco de una proyección de ‘Megalopolis’ celebrada en Los Ángeles pocas semanas antes de su estreno mundial en el festival de Cannes, que alimentó la mala prensa de la película y ahuyentó a posibles distribuidores. También, por último, omite cualquier alusión a su sonado fracaso comercial.
Inevitablemente, sobre ‘Megadoc’ se proyecta la sombra tanto de ‘Apocalypse Now’ como del documental de 1991 que diseccionó su catastrófica filmación, ‘Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse’, basado en imágenes rodadas por la esposa del direcor, Eleanor Coppola -fallecida en abril de 2024-, y hoy considerado uno de los mejores retratos de la creación cinematográfica que existen. La diferencia, claro, es que el resultado directo de los hechos relatados en ‘Hearts of Darkness’ fue una de las grandes películas de la historia, y el resultado de los hechos relatados en ‘Megadoc’ fue, desgraciadamente, ‘Megalópolis’.

Fotografía cedida por Lionsgate de la actriz Nathalie Emmanuel interpretando a Julia Cicero y a Adam Driver en el papel de Cesar Catilina en la película Megalopolis. / Lionsgate
A lo largo del documental, queda claro que uno de los defectos de Coppola es su tendencia al despilfarro. En un momento dado, la cámara se detiene sobre la mesa del catering y un rótulo revela que el presupuesto destinado a la comida durante el rodaje de ‘Megalópolis’ superó el millón y medio de dólares —¿cuántas películas independientes cuestan, en total, menos que eso?—, y en otra escena vemos a Coppola darse cuenta de que necesita más habitaciones para alojar al reparto y al equipo técnico y decidir, sin pensárselo dos veces, que comprará un hotel entero.
“Durante el rodaje se mostraba constantemente frustrado por la lentitud del trabajo y por los tiempos de espera, pero lo cierto es que fue él mismo quien decidió que su película fuera una maquinaria tan pesada”, comenta Figgis. “Es un director cuyo talento aflora gracias a la inmediatez, la improvisación y los impulsos, pero en ‘Megalópolis’ acabó atrapado en un proceso que exigía demasiada planificación y rigidez”.
En última instancia, eso sí, ‘Megadoc’ también pretende servir como recordatorio de la necesidad de celebrar a los cineastas que se atreven a asumir grandes riesgos, incluso cuando esos riesgos no dan buen resultado. “Francis tiene más de 80 años y sigue intentando superar sus propios límites y dar forma a ideas descabelladas en las que lleva pensando 40 años, y resulta muy reconfortante que un director de su talla siga queriendo trabajar de esta manera , sobre todo en una época en la que las películas de Hollywood parecen estar predeterminadas por el marketing y los algoritmos”, concluye Figgis. Su diagnóstico es compartido por George Lucas, amigo y antiguo pupilo de Coppola, que al final del documental sentencia: “A Francis le gusta atravesar muros de ladrillo. Así que, cuando acaba dándose de cabeza contra alguno, no me sorprende”.
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