Una operación nocturna por tierra y aire del Ejército paquistaní ha dejado decenas de muertos en Afganistán en el último episodio de una guerra fronteriza a la que no se le adivina el final. Islamabad y Kabul han ofrecido en las últimas horas las acostumbradas versiones opuestas: fue un ataque quirúrgico que destruyó arsenales y mató terroristas, según la primera, y otra masacre de civiles, según la segunda.
La operación de la noche del domingo, con incursiones terrestres seguidas de bombardeos aéreos, tenía como objetivo los refugios del grupo armado al que Pakistán responsabiliza de los últimos atentados en su territorio. El ministro de Información, Attaullah Tarar, ha afirmadoque 29 miembros murieron durante “los ataques de precisión” y ha compartido vídeos en X, antiguo Twitter, de explosiones en presuntos nidos terroristas en las provincias de Paktia, Paktika y Kunar. La “implacable campaña”, ha añadido, “continuará sin descanso hasta que la amenaza de fuerzas terroristas apoyadas por países extranjeros haya desaparecido”.
Kabul reiteró que ningún terrorista se esconde en el este del país y calificó la operación como un “acto de agresión cobarde y brutal”. El Gobierno talibán desveló que las bombas caídas sobre un hogar de la provincia de Paktia mataron a un anciano y a un niño e hirieron al resto de la familia. Cuando los vecinos acudieron para rescatarlos, los bombardeos inmediatos causaron 28 muertos y 158 heridos. En la provincia de Paktika fallecieron otras seis personas, mujeres y niños en su mayoría, al colapsar una casa bombardeada, según el relato oficial.
Represalias
Los proyectiles no dejaron víctimas humanas en la provincia de Kunar pero sí 30 cabezas de ganado. La respuesta será contundente pero no apresurada, ha adelantado Hayatullah Mohajer Farahi, alto funcionario del Ministerio de Información y Cultura. “Habrá represalias en su debido momento. Las decisiones del Gobierno no se toman en base a emociones sino que serán pensadas y ejecutadas en el tiempo adecuado”, ha prometido.
Los últimos acontecimientos agravan una escalada sin freno que fue descrita meses atrás ya por Islamabad como “una guerra abierta”. Los ataques fueron el previsible castigo al atentado mortal que sufrió el cuerpo paramilitar de los Rangers en su sede regional en la ciudad de Karachi. Tres soldados paquistaníes murieron por las explosiones y los disparos de militantes que se habían adentrado en el campamento aprovechando un incomprensible fallo de seguridad. El Ejército anunció que tres asaltantes habían muerto y otro, identificado como ciudadano afgano, había sido herido y capturado.
El regreso de los talibán al poder en 2021 tras la caótica salida de Estados Unidos arruinó la sintonía vecinal con Pakistán. Las fronteras permanecen cerradas desde octubre pasado y las cíclicas tensiones alcanzaron el punto de ebullición en febrero. Las armas apenas han callado desde entonces y la factura suma ya cientos de muertos y cien mil desplazados, según cálculos conservadores.
Matanzas de civiles
Afganistán acusa a Pakistán de indiscriminadas matanzas de civiles como la causada en marzo en un centro de rehabilitación de drogodependientes que, según la ONU, costó la vida a cientos de personas. Los bombardeos paquistaníes han ganado en frecuencia e incluso alcanzado Kabul y Kandahar, donde reside el líder supremo talibán. Islamabad responsabiliza al gobierno afgano de amparar a los terroristas que en los últimos años han atacado a sus policías y otras fuerzas de seguridad en su territorio y apunta especialmente a los talibán de Pakistán, conocidos como Tehrik-e-Taliban Pakistan o TTP, aliados de los talibán afganos.
Ambos países firmaron una tregua en marzo que rápidamente fue ignorada con acusaciones cruzadas de violarla. Las rondas de negociaciones se han sucedido sin frutos y ni siquiera la mediación de Pekín, con la que ambos países tienen fuertes lazos, ha calmado los ánimos. China apadrinó en Urumqi, capital de la provincia de Xinijiang, una cumbre en abril de la que salieron los compromisos de “explorar una solución integral” y de “renunciar a actos que puedan escalar o complicar la situación”. Pero incluso durante aquella reunión y de su “constructiva atmósfera”, en palabras chinas, Afganistán y Pakistán se responsabilizaron de escaramuzas fronterizas.
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