La selección argentina espera este lunes a Austria con un solo horizonte a la vista: prolongar la fiesta de goles del debut frente a Argelia bajo el liderazgo de un Leo Messi en estado de gracia. La historia nunca se repite, pero el campeón del Mundo en 2022 quiere desafiar esa lógica de hierro y garantizar en Dallas el pase a la segunda instancia del torneo.
El entrenador Lionel Scaloni definió en Kansas los detalles de la segunda presentación del equipo. Es casi seguro que Gonzalo Montiel deje su lugar en el lateral derecho a Nahuel Molina, el jugador del Atlético de Madrid. Se espera además que Julián Álvarez, ya completamente recuperado de sus molestias, recupere su sitio en la delantera.
Scaloni cuenta con dos goleadores de peso: Lautaro Martínez, del Inter, y Álvarez. Prefiere alternarlos según el rendimiento en los partidos y los entrenamientos. El atacante del Atlético parece tener una mínima ventaja respecto de su compañero y en pocas ocasiones han estado juntos en el terreno de juego. Thiago Almada, quien tuvo una buena actuación en el partido inaugural, se sentaría en el banco de suplentes. Scaloni manejaba distintas variantes: Nico González, otro jugador colchonero, con capacidad para recorrer con velocidad el flanco izquierdo y colaborar en posiciones defensivas, o Giuliano Simeone.
La columna vertebral
En principio, Scaloni considera intocable a la columna vertebral del debut: Emiliano Martínez, Cristian Romero, Lisandro Martínez y Facundo Medina. En el mediocampo Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister. Y, naturalmente, Messi acompañado de otro delantero.
Si Argentina gana se clasifica directamente para los dieciseisavos de final y se encontrará en condiciones de asegurarse la primera posición. Con una victoria ante Jordania y nueve puntos se enfrentaría en la segunda fase con el segundo del Grupo H que integran España, Uruguay, Arabia Saudita y Cabo Verde.
El comienzo de la selección albiceleste ha sido tan auspicioso y demoledor que a casi nadie en Argentina se le ocurre que podría despedirse pronto del certamen. El optimismo no parece admitir dudas por estas horas. El entrenador de Brasil, Carlo Ancelotti, dijo que el gran rival sudamericano de la ‘canarinha’ no juega «un fútbol de alta intensidad» en el Mundial. La afirmación ha provocado una ola de indignados. La confianza en el engranaje que el entrenador argentino ha diseñado alrededor de la principal estrella es total. «Si algo le dio Scaloni a la Argentina (entre tantos bienes), desde cuando convenció a Messi para volver a ponerse la celeste y blanca, fue una mezcla justa de seguridad, convencimiento y fe. Y sentido de equipo. Obvio que el propio Leo es una isla en este contexto, pero se rinde ante lo colectivo, un colectivo que lo llevó a tocar el cielo deportivo con la yema de sus dedos», señaló Martín Eula.
Un Leo gigante
Messi descansa tranquilo porque lo sostienen De Paul, a quien el diminutivo de «motorcito» ya le queda chico, según la entusiasta prensa que comenzó a llamarlo «motorazo» por su capacidad de despliegue. De Paul es complementado por Mac Alister y un Enzo Fernández, que alterna sus ilusiones mundialistas con la de vestir la casaca del Real Madrid. Para Juan Pablo Varsky, columnista del diario La Nación, el actual centrocampista del Chelsea «ya no es un proyecto de crack. Es una estrella, de los tres mejores en su puesto».
Más allá del desbordante entusiasmo, flota en el aire la pregunta que los argentinos no quieren repetirse negativamente: ¿podrá Messi volver a brillar como lo hizo el martes pasado ante los argelinos? Al menos, los comentaristas creen tener algunas certezas que los invitan a creer en nuevas hazañas. A los 38 años se lo ha visto en muy buen estado físico. Mientras la prensa portuguesa cuestiona el rendimiento inicial de Cristiano Ronaldo y le sugiere que pronto dé un paso al costado después de años de una carrera colosal, de Messi se espera mucho más. Hasta nuevos records. Si vuelve a anotar frente a los austríacos, habrá superado a Miroslav Klose como máximo artillero de los mundiales.
Los hinchas, la prensa y, sobre todo los jugadores, creen en que Messi puede ser hacedor de otros milagros. Las ilusiones se acompañan de muestras de agradecimiento. Cerca de la ciudad patagónica de Cutral Co se ha levantado una escultura de 26 metros y 70 toneladas. Es un Leo gigante, con una mano en el corazón y otra hacia el cielo, como si saludara a un país que no quisiera escuchar malas noticias el lunes cuando comience a rodar el balón. Ya tiene muchas amarguras fuera del fútbol.
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