En la nueva sección de Nutriman, emitida en Y ahora Sonsoles, se han puesto sobre la mesa algunos de los fraudes alimentarios más habituales que pueden beneficiar al hostelero, pero perjudicar al consumidor.
Uno de los ejemplos más llamativos es el del pulpo y la pota. A simple vista pueden parecer muy similares, pero su precio no tiene nada que ver. El truco para diferenciarlos está en las ventosas: las del pulpo son más grandes y están claramente marcadas. Como explica Nutriman, «si no tiene ventositas, me han dado pota». De hecho, muchos supermercados comercializan este producto bajo nombres como «taquitos del mar» para evitar confusiones.
Otro clásico tiene que ver con la carne de buey. Se trata de un producto exclusivo y muy caro, por lo que encontrarlo a precios bajos debería despertar sospechas. Para demostrarlo, los colaboradores del programa se enfrentaron a una prueba en la que debían distinguir entre carne de buey y de vaca vieja. El resultado sorprendió a todos: las dos muestras eran de vaca vieja. ¿La razón? El auténtico buey es mucho más costoso, color diferente y grasa amarillenta.
Y si hablamos de errores generalizados, el atún rojo se lleva buena parte del protagonismo. Existe la creencia de que cuanto más rojo es el pescado, mejor calidad tiene, pero no siempre es así. Los expertos explican que el auténtico atún rojo suele presentar un tono granate oscuro. En algunos casos, el engaño consiste en intensificar artificialmente el color para hacerlo más atractivo al consumidor.
Algo parecido ocurre con las zamburiñas. En ocasiones, algunos clientes creen estar disfrutando de este apreciado marisco cuando en realidad les sirven volandeiras, una especie similar pero más económica. El problema llega cuando se cobra el precio de la primera por un producto que no lo es.
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