Un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia anuncia que ha desarrollado una nueva técnica de edición genética de alta precisión con la que es posible editar embriones humanos en etapas muy tempranas del desarrollo. Según afirman los autores de este trabajo en una entrevista en el diario ‘New York Times’, esta nueva herramienta es mucho más sofisticada que las famosas «tijeras genéticas» como el CRISPR y, además, permitiría corregir letras concretas del código genético sin provocar algunos de los daños estructurales observado en intentos previos de edición embrionaria. Sus creadores defienden que, en un futuro, esta técnica podría permitir eliminar algunas enfermedades genéticas en los embriones. Aunque otras voces de la comunidad científica temen que, a la larga, este método podría permitir la creación de «bebés a la carta» creados mediante selección genética de rasgos. Ante este escenario, la ciencia vuelve a reabrir el eterno debate sobre hasta qué punto es lícito intervenir en los genes de un ser humano y, sobre todo, para qué motivos.
Hace más de una década, desde la irrupción del CRISPR en 2012, la comunidad científica estudia las técnicas de edición genética y sus posibles aplicaciones para, por ejemplo, eliminar genes concretos asociados a enfermedades hereditarias. Pero hasta ahora, según afirman los expertos, en varias pruebas se ha detectado que el mecanismo de corte del ADN generado por estas «tijeras genéticas» podría generar errores imprevistos como no deseadas o la pérdida de fragmentos completos de material genético. En algunos trabajos con embriones se observó que algunos intentos de reparación genética derivaron en alteraciones graves del genoma. Es por eso que, para sortear este problema, un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia se centró en desarrollar una nueva estrategia centrada no en «cortar y pegar» genes sino en modificar directamente una sola letra del ADN. Este enfoque, bautizado como «base editing», se plantea ahora como una alternativa para reducir potencialmente el margen de error en la edición genética.
Los creadores del llamado ‘base editing’ afirman que este método permite corregir el código genético embrionario con mayor precisión, evitando daños estructurales observados con otras técnicas
Según anuncia el diario estadounidense, esta técnica ha sido desarrollada por el genetista Dieter Egli, de la Universidad de Columbia, y ya habría sido puesta a prueba en embriones humanos obtenidos a partir de óvulos y esperma de donantes. Los resultados de su trabajo, aún pendientes de revisión científica y de su publicación oficial, apuntan a que se consiguió modificar genes asociados a enfermedades hereditarias y factores de riesgo cardiovascular. Todo ello, sin detectar algunos de los daños cromosómicos más severos vinculados a técnicas anteriores. La normativa ética vigente en Estados Unidos prohíbe que los embriones utilizados para este tipo de experimentos genéticos se implanten en un vientre así que todo apunta a que, tras finalizar los estudios, fueron destruidos antes de dar lugar a nacimientos reales.
Un avance prometedor, pero aún lejos de la clínica
Pese a los buenos resultados de este trabajo, los investigadores insisten en lanzar un mensaje de prudencia. El propio Egli afirma que el trabajo no implica una aplicación inmediata en medicina reproductiva. Sobre todo porque, tal y como se muestra en los primeros trabajos, en los embriones editados genéticamente se detectaron casos de mosaicismo, es decir, que solo una parte de las células de estos incorporó la modificación genética, mientras el resto mantuvo el ADN original. Los expertos afirman que este fenómeno plantea dudas relevantes sobre la seguridad del procedimiento, ya que un organismo desarrollado a partir de un embrión mosaico podría presentar combinaciones impredecibles de células editadas y no editadas y dar lugar a enfermedades raras.
Los autores del trabajo afirman que esta técnica aún no se puede llevar a la práctica clínica ya que se han detectado problemas de mosaicismo en los embriones editados
Más allá de la dimensión técnica, el avance reaviva un debate ético que lleva años dividiendo a la comunidad científica. Y es dónde trazar la línea entre la corrección de enfermedades y la mejora de rasgos humanos. Mientras parte de la comunidad defiende que estas herramientas podrían evitar la transmisión de enfermedades genéticas graves, otros alertan del riesgo de derivar hacia escenarios de selección o optimización de características no médicas como, por ejemplo, seleccionar el color de ojos o la altura de un infante, una posibilidad que algunos bioeticistas vinculan directamente con lógicas eugenésicas. Parte del estudio, de hecho, ha sido financiado por compañías como Nucleus Genomics que ya trabajan vendiendo pruebas para predecir riesgos genéticos y rasgos complejos en embriones obtenidos mediante fecundación in vitro, un terreno que algunos científicos consideran especialmente sensible.
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