Reclaman que los sacerdotes tengan formación «en lecturas feministas y ‘queer'». También, una «reforma estructural» de la Iglesia católica para romper con todo aquello «fruto del patriarcado y del machismo». «Hay una injusticia de base en el lugar que se le confirió a la mujer dentro de la Iglesia que no tiene un argumento teológico. No existe ningún fundamento evangélico que justifique la exclusión de las mujeres de los ministerios ordenados. Las restricciones aparecen posteriormente, vinculadas a estructuras patriarcales del Imperio y de la Iglesia. Existieron mujeres diaconisas en las primeras comunidades cristianas y así aparece en los ‘Hechos de los Apóstoles'», defiende en EL PERIÓDICO Maria Mercader, miembro de Alcem La Veu, un colectivo católico y feminista nacido al albor de las masivas manifestaciones del 8-M en 2018. A pocas horas de la llegada del papa León XIV a Barcelona, este colectivo formado por aproximadamente unas 50 mujeres reclama al Pontífice reformas estructurales que acaben con el machismo y la homofobia en el seno de la institución eclesiástica.
«No existe ningún fundamento evangélico que justifique la exclusión de las mujeres de los ministerios ordenados. Las restricciones aparecen posteriormente»
Alcem La Veu reclama, principalmente, una institución feminista. «Mostramos rechazo tanto al machismo como a los abusos cometidos en el seno de la Iglesia. El Evangelio, en su esencia, es de liberación», prosigue Mercader, que también es responsable del Àrea de Pastoral de la Fundació Pere Tarrés. Al igual que el resto de sus compañeras, pone el foco en la necesidad de «reinvidicar» la memoria de las primeras comunidades cristianas, donde «las mujeres ejercían liderazgos significativos y donde las estructuras aún no se habían clericalizado ni jerarquizado completamente».
También carga contra la «homofobia y transfobia brutales» que «no tienen nada que ver con el espíritu original de la Iglesia». Y piden «herramientas interpretativas» que permitan leer la Biblia y la tradición escuchando las experiencias «históricamente silenciadas de las mujeres, las personas LGTBI y todas las personas excluidas».
Miembros de Alçem la Veu realizan pancartas con motivo de la visita del Papa León XIV a Barcelona. / CEDIDA
A León XIV, Alcem La Veu le pide «que escuche y mire». «Que mire a sus dos lados y también que mire hacia abajo porque él está situado en una posición de altura», reflexiona Mercader. «Que sepa escuchar a todas esas personas que viven la espiritualidad y que están en la periferia, al margen del discurso clerical. El Papa debe acercarse a todo el mundo y tener un discurso más abierto», prosigue esta joven de 36 años. «Cuando reivindicamos una Iglesia más igualitaria, no estamos pidiendo nada ajeno a la tradición cristiana. María Magdalena, primer testimonio de la resurrección, es una de las grandes figuras de liderazgo de los orígenes».
El antagonista moral de Trump
Con su rechazo a la guerra como solución a los conflictos internacionales, sus críticas a las deportaciones masivas de EEUU, su constante defensa de los inmigrantes o su encíclica sobre los riesgos de la inteligencia artificial, el papa León XIV se ha convertido el antagonista moral de Donald Trump y, en general, de la ultraderecha política internacional.
«En lo referente a la política social, estamos súper a favor de los pasos del Papa actual, pero con otros asuntos León XIV no sale del magisterio de la Iglesia de toda la vida. Es cierto que se van haciendo cosas, pero tan lentas… En moral sexual y antropología humana, no está cambiando el discurso y eso es lo que reclamamos. Siguen partiendo de la idea de creación de Adán y Eva y queremos cambiarlo», sentencia esta miembro de Alçem La Veu. «Nosotras no cuestionamos la Biblia —matiza—, sino las interpretaciones patriarcales que se han hecho de los relatos de la Creación».
El colectivo sí valora positivamente su papel en temas como la paz o la inmigración, algo que ya había hecho su antecesor, el Papa Francisco. «Es bueno que un líder religioso sea contundente en esto. Su voz es diferente a la de muchas potencias mundiales», celebra Mercader. «Pero también estaría bien que se pusiera las pilas en lo referente al feminismo», puntualiza.
Mercader cree también que el Papa debería mirar a la Iglesia local. «Su viaje a Madrid, Barcelona y Tenerife debe servir para que tenga una mirada amplia y plural del mundo». Además, según ella, en el seno de la Iglesia catalana se han reivindicado tradicionalmente unos «derechos culturales y sociales» específicos. «No queremos solo una Iglesia sin machismo. Queremos una Iglesia sinodal, fraterna, inclusiva y corresponsable, donde el poder sea servicio y donde todas las personas bautizadas participen plenamente en la vida y en las decisiones de la comunidad», concluye.
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