Dava Torres siempre está. Pasan los años, los jugadores y las etapas. Se marchan los grandes, los que pasan sin dejar huella y los que parecía que jamás abandonarían A Coruña, pero él permanece. Con el 8 a la espalda, el stick en las manos y el brazalete en la manga, allí donde guarda sus mejores trucos. En su proceso de maduración a las órdenes de Juan Copa, el capitán verdiblanco ha pasado de máximo artillero a organizador de juego, un cerebro de muchos quilates formado en casa y enamorado del escudo que lleva en el pecho. A veces parece que no está y deja brillar a los más jóvenes, que pisan fuerte tras su estela preparándose para recoger su testigo. Se asocia con Bruno Saavedra, instruye a Jacobo Copa e impulsa a Nil Cervera o Tombita, pero, mientras ellos se forjan, él sigue siendo el mejor.
Sus 26 goles y 14 asistencias entre todas las competiciones le convierten, a falta de tres o cinco partidos para cerrar la campaña, en el jugador con los registros más altos del Liceo. Supera en tantos a un inspirado Saavedra (24) y al infalible Arnau Xaus (23). Y en pases de gol, lidera el podio por delante de Cervera (9) y, de nuevo, un Saavedra (7) que marca la diferencia en todo. A lo largo de la liga regular, ayudó a puntuar mediante dianas o asistencias en 16 de los 24 partidos que disputó con el cuadro coruñés; en la Copa del Rey, desatascó las eliminatorias de cuartos de final frente al Alcoi y de semifinales contra el Igualada; y en lo que va de play off por el título, ha contribuido a los cinco triunfos del Liceo. Solo se quedó sin influencia ofensiva en el tercer choque contra el Calafell que, curiosamente, el equipo colegial terminó perdiendo en la prórroga (4-1).
Dava Torres pugna con Badia en el Liceo-Lleida del ‘play off’. / CARLOS PARDELLAS
Más allá de los números
Pero limitar la influencia de Dava Torres en el Liceo a las estadísticas sería reduccionista. No es lo que marca, es el momento en el que lo hace. Con el paso de los años, ha ido ganando en galones. Cuando el cielo se tiñe de oscuro, se abre paso entre las sombras para guiar a sus compañeros hacia la luz. Lo hizo, por ejemplo, en los dos últimos choques liceístas en el Onze de Setembre frente al Lleida, en liga y play off. En dos encuentros tan rocosos como locos, Torres y César Carballeira cargaron los patines para impulsar a los suyos a un triunfo crucial para cerrar la primera plaza y otro que aseguró el pase a semifinales en el sprint final por la liga.
«Ojalá celebremos otro título con César, Martín y todos los que llevamos tanto tiempo en este barco», aseguró el capitán verdiblanco en LA OPINIÓN justo antes de marcharse a Sant Sadurní d’Anoia a disputar la Copa del Rey. Entonces, regresaron a Riazor con un nuevo trofeo en la mochila. Ahora, en la antesala de la lucha por el trono de la OK Liga, pretende regalarse a sí mismo y a todo el liceísmo una última alegría junto a sus dos inseparables amigos. Carballeira y Rodríguez se irán a final de curso, uno a Portugal y otro lejos de las pistas, pero Torres permanecerá como el gran bastión del hockey coruñés. Eficaz, decisivo y letal. Como siempre ha sido. Como sigue siendo.
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