El actor Luis Lorenzo y su pareja, Arancha Palomino, se sientan en el banquillo de los acusados por maltratar y estafar a la tía anciana de ella, Isabel Suárez, de 85 años, hasta que la mujer murió en su casa de Rivas (Madrid), el 28 de junio de 2021. La fiscalía y la acusación particular sostienen que se llevaron a la mujer de Asturias, apenas tres meses antes de la muerte, la aislaron de su familia y la sometieron a un trato «absolutamente vejatorio», hasta que falleció. Todo para «esquilmarle su dinero y su patrimonio», según el ministerio público, que pide que ambos sean condenados a seis años de prisión.
Lorenzo y Palomino están acusados de estafa, un delito contra la integridad moral, detencion ilegal, maltrato habitual en el ámbito familiar, falsedad en documento oficial, y administración desleal. Pero no serán juzgados por asesinato, pese a que la investigación de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid se abrió contra ellos hace cinco años por ese delito y apuntó entonces que el actor y su pareja pudieron envenenar a la anciana.
Metales pesados
Cuando la anciana falleció, en casa de su sobrina y del actor, la autopsia y los análisis toxicológicos de su cadáver revelaron que tenía concentraciones de cadmio y manganeso en la sangre, 200 veces y 20 veces, respectivamente, por encima de los niveles normales. La forense, que descartó que la muerte se produjera por accidente o suicidio y apuntó a «una muerte violenta/homicida por intoxicación aguda de metales pesados», y concluyó que la mujer ingirió los dos metales por «vía oral» poco antes de fallecer y mientras estaba al cuidado de los dos acusados.
Los expertos de Criminalística de la Guardia Civil analizaron entonces todos los objetos recogidos en casa de Lorenzo y Palomino y no encontraron cadmio en ninguno de ellos. Los resultados del laboratorio sí revelaron entonces la existencia de manganeso en seis botes y dos pilas, de las marcas Premio y Extrastar, pero en concentraciones muy pequeñas y «poco significativas».
El juez mantuvo al actor y a su pareja imputados por homicidio durante más de dos años. Mientras tanto, los investigadores intentaron averiguar durante meses el producto con el que la pareja pudo haber envenenado a la anciana. En sus informes al juez del caso, apuntaron a que «el manganeso está presente en muchos productos utilizados de forma cotidiana. El dióxido de manganeso es un recurso extraído natural que se puede procesar en una aleación de ferro, puede ser refinado o utilizado en su estado extraído originalmente. Se utiliza para varios propósitos y en varias industrias, incluyendo petróleo, vidrio, salud y la industria de piensos para animales. Del mismo modo, se utiliza popularmente en la producción de ladrillos, cerámica, azulejos, pigmentos en polvo…».
Tinte para zapatos
En otro de sus informes, los agentes de Homicidios afirmaron que Lorenzo y Palomino pudieron intoxicar a la mujer con un tinte para zapatos de color rojo, de la marca catalana Tarrago, que recogieron de la casa de la pareja durante el registro de la vivienda, tal y como publicó el canal de investigación y sucesos de Prensa Ibérica.
Sin embargo, como desveló este medio, un análisis forense posterior concluyó que las altas concentraciones de cadmio y manganeso detectadas en la autopsia de Isabel Suárez pueden deberse a «fenómenos de redistribución postmortem» y señaló que ese análisis «nunca debió ser utilizado como único indicador de diagnóstico» para afirmar que la anciana había sido intoxicada por el actor y su pareja. Así, los indicios más contundentes contra la pareja decayeron y poco después el juez archivó la causa abierta contra ellos en lo relativo al delito de asesinato.
Antipsicóticos y antidepresivos
Además de cadmio y el manganeso, cuando murió, la tía de Arancha Palomino tenía en su organismo cuatro fármacos antipsicóticos, dos antidepresivos y un ansiolítico que hicieron sospechar a su familia y a los investigadores. Sobre todo porque hasta que el actor y su mujer no la trasladaron a Madrid con ellos, Isabel era, pese a su edad, una mujer sana y autónoma que, cuando vivía en Asturias, se desplazaba semanalmente en tren, desde Grado hasta Valduno, para recoger las verduras de su huerta. Luego, las vendía en el mercado de Oviedo.
Palomino habría llevado a la anciana a varios centros médicos en Madrid asegurando que la mujer tenía, entre otros problemas, «fallos de memoria y dificultades para manejar su dinero». Ella y el actor lograron, según el escrito de la acusación particular, ejercida por los hermanos de la fallecida, que varios doctores prescribieran a la anciana medicamentos que «deterioraron su salud, física y mental» y «mantuvieron a Isabel en el domicilio de ellos, impidiendo que retornara como era su deseo a su casa en Grado, lograron retirarle su bolso, su teléfono móvil, le impidieron mantener contacto con sus hermanos y consiguieron que otorgara testamento en favor de la acusada».
Increpados en el cementerio
De los cuatro medicamentos hallados en la sangre, el hígado y el pelo de Isabel tras su muerte, uno de ellos nunca fue prescrito por ningún médico, otro había sido suspendido meses antes de su fallecimiento y otros dos no fueron recetados a la anciana hasta sus tres últimos meses de vida. Sin embargo, fueron suministrados a la mujer en periodos anteriores, según el escrito de la acusación particular. Por eso, para los hermanos de Isabel «no se puede descartar una situación de efecto potenciador entre dichos fármacos con efectos indeseables que hubiesen podido ser los responsables de su muerte«.
Pese a esas sospechas, Lorenzo y Palomino no serán juzgados por la muerte de la Isabel, sobre la que, cinco años después, siguen pesando muchas dudas. También los recelos de familiares y amigos de la anciana, que ya en su entierro acusaron a gritos a su sobrina y al actor de ser sus «asesinos» y haber «acabado con ella» en menos de tres meses. Ni el cura pudo poner paz entre los seres queridos de Isabel y la pareja, que tuvieron que marcharse del cementerio, mientras eran increpados, entre insultos y abucheos.









