Valencia Basket celebró su título de la Liga Femenina Endesa, su cuarto consecutivo de la competición doméstica y su decimoprimero en el cómputo global en la sala de trofeos del femenino. Cada final de temporada supone un momento de cambio. En este va a ser profundo. Muchas jugadoras acaban contrato y no van a ser renovadas. Otras se van a la WNBA y/o Project B. Incluso Rubén Burgos está pendiente de una llamada del club para saber qué va a pasar con él. Por increíble que parezca, el entrenador con más trofeos en la historia de la entidad, no tiene su continuidad garantizada. Más bien todo lo contrario.
En una temporada compleja, con un vestuario en el que Burgos ha tenido que desgastarse mucho para tener un buen día a día de trabajo, con un listón de exigencia alto, la figura del técnico se ha dejado bastante desprotegida. Esteban Albert, el director deportivo, es de la vieja escuela. No es habitual que vea al completo los entrenamientos. Cuando el viento sopla a favor, no es tan importante esa persona de peso ante los ojos de la plantilla. Cuando bufa en contra, sí. Las jugadoras saben quién decide su futuro. Él debería haber representado más veces el papel de poli malo, para que él técnico no fuera el único que se enfrentara o tensara la cuerda con las jugadoras más proclives a acomodarse o a dosificarse. Con el contagio que eso supone en un vestuario, que ya en la 24/25 dio síntomas de necesitar aire fresco.
Su apoyo debería haber sido incluso mayor tras su pésima configuración de plantilla en verano. Por cierto y mérito suyo también, algo que supo corregir a tiempo en el cambio de año, con los fichajes de Yvonne Anderson, Nia Coffey, Khaalia Hillsman y Kendra Chery. Una solución que ha traído un problema. Porque así lo parece desde el momento en que no se ha hablado con Burgos, ni su staff, para transmitirles confianza. Más bien todo el contrario.
Brindis navideño de Valencia Basket en el que no estuvo Esteban Albert
La soledad navideña de Burgos
Diciembre fue el mes más duro. Derrota en Salamanca ante un Perfumerías muy debilitado (58-57), en el Roig Arena ante Zaragoza en Euroliga (63-70) y después en liga (53-73), y en Girona (96-68). Las críticas arreciaban, pero el único que se exponía en los medios era el coach, en sus comparecencias antes y después de los encuentros. Llamó mucho la atención que en el brindis navideño, acto agendado y tradicional, Rubén Burgos no apareciera escoltado por Albert, como sí lo estuvo Pedro Martínez por Luis Arbalejo. Una foto asimétrica. Los dos primeros entrenadores, en medio. Al lado del del equipo masculino, el director deportivo. Al lado del del femenino, Enric Carbonell, el director general. Esteban, aquel día, tenía algún asunto. Cuando más débil estaba Rubén. Casualidad o no, fue feo. En las fotos de los dos títulos, no ha faltado. Ahí le gusta aparecer a todo el mundo.
El femenino ha sumado en este curso 35 victorias, 16 derrotas y 1 empate entre todas las competiciones, un 68’2 por ciento de triunfos, con dos títulos y 2 decepciones (Supercopa y Euroliga). El masculino, en una campaña histórica, lleva hoy 54 triunfos y 24 derrotas, con 69’2 por ciento de victorias. Más la Supercopa y a la espera de lo que ocurra en la Final 4 y en los playoffs de la ACB. Pero, por ejemplo, Luis Arbalejo, nunca falla a una conferencia de prensa de Pedro. En las noches duras, como la eliminación ante Hapoel Tel Aviv en Eurocup de la 24/25 o las semis ante el Real Madrid en la Copa del Rey del Roig Arena, el director deportivo está ahí. Rubén va sólo. En las alegrías y, sobre todo, en las penas.
Otra diferencia con el masculino. En la 24/25, tras la eliminación de la Copa del Rey, con mala imagen del equipo ante el Dreamland Gran Canaria a finales de febrero, Pedro Martínez fue renovado semanas después. En la 25/26, tras otro golpe copero, de nuevo, refuerzo de la figura del técnico, con otra extensión de contrato. Con Rubén Burgos, nada de eso. Demostrar confianza en el staff hubiera supuesto hablar con ellos, transmitirles confianza de cara al tramo final. Frío. Y un mensaje al vestuario. Rubén no se cuestiona. Dad vuestro máximo y centraros en vuestro trabajo.
Quizás las mejores palabras que nadie ha pronunciado sobre el valenciano haya salido de la boca de Pedro Martínez. «Triunfo impresionante, de muchísimo mérito. Quiero felicitar al staff técnico y, en especial, a Rubén Burgos, que ha hecho un trabajo increíble y es una persona muy cercana a mí, desde la anterior etapa. Me alegro mucho por todas y, especialmente, por el entrenador«, comentó el catalán el domingo al acabar el partido de ACB contra el Bilbao Basket.
Año nuevo, mismo colmillo
Con su pragmatismo habitual, su mentalidad ganadora y su vocación de hombre de club, el técnico siguió trabajando con discreción. Llegaron los cambios. Mejoró el día a día del equipo. Anderson fue vital en esto. También que la rodilla de Raquel Carrera dejara de molestar. Pero el director deportivo se había sentido cuestionado por primera vez desde que arrancó el proyecto y empezó a buscar soluciones para protegerse. Su escudo sería Burgos. Así de fácil. Rubén es leal, discreto. No se quejaría. ¿Se imaginan otro perfil de entrenador con una plantilla mal diseñada? Sólo hay que repasar los medios para ver que hubiera ocurrido.
Quizás aquí la suerte del de Ribarroja ya estaba echada. Antes de la Copa de la Reina, Esteban Albert habló con muchos agentes. Manejaba un ramillete de candidatos para sustituir a Burgos: El turco Ekrem Memnum (ex del Galatasaray), Víctor Lapeña ( ex de Salamanca o Fenerbahce, acompañado de un ex de Burgos, Santi Pérez), el griego Georgios Dikaioulakos (renovado recientemente en Schio) y Bernat Canut, del Jairis, con el que ganó la Copa de la Reina en 2025. ¿No confiaba en el final de temporada que ha hecho el equipo, a pesar de haber sido el propio Albert quien reconstruyó la plantilla con fichajes clave como Khaalia Hillsman (MVP de la Copa) o Yvonne Anderson, autora de la ya histórica canasta ganadora ante Zaragoza que dio la liga? Parece que no.
Lo que está claro es que Esteban Albert no ha reforzado públicamente ni Burgos ni a su staff. Ante las críticas a su gestión, que él mismo ha reconocido con sus propias decisiones (4 fichajes y tres bajas a mitad temporada… sin contar a las temporeras Hin Ben Abdelkader y a Tania Atkinson), el director deportivo ni asumió públicamente errores ni protegió a su entrenador. Silencio y desgaste público del técnico.
Pero Rubén, siempre hábil y ganador, consiguió que el mes antes de la Copa de la Reina el equipo entrenara muy bien y llegara a Tarragona con la flechita para arriba. Se ganó el título y fue un alivio en la institución. Luego hubo una buena gestión de esfuerzos para llegar bien a los playoffs. Otras buenas semanas de entrenamientos y conjura de una plantilla que sabía que era un último baile juntas. A pesar de las tres derrotas ligueras de cierre de temporada regular, el vestuario puso el foco en la lucha por el título. De menos a más se fue pasaron rondas.
El segundo cuarto en Zaragoza a nivel defensivo y físico, el mejor de la 25/26, dinamitó la final. La canasta de Anderson la cerró. El problema. Las dudas de Esteban Albert con Burgos y su staff le pillaron a pie cambiado. Casademont Zaragoza era favorito. Mejor de la liga regular y tercero de la Euroliga, y el factor campo a favor. No dar buena imagen o no ganar hubiera justificado un cambio en el banquillo. Un doblete, con récord de asistencia en el Roig Arena a un choque del femenino, lo convierte en áspero.
Las sensaciones respecto al futuro de Burgos y su staff (Roberto Hernández y Gloria Estopà) no son buenas. En los corrillos del baloncesto, no se entiende la situación de incertidumbre que vive juna persona que ha conquistado un doblete, que ha ayudado a crecer como pocos a este club sin colgarse una sola medalla y que sigue, con humildad, esperando un mensaje. La vorágine de la Final 4 no es excusa para una decisión que debería haberse tomado anteriormente.















