La cumbre entre EEUU y China de esta semana corrobora la idea de que el mundo está en manos de gigantes que miran por sus intereses por encima de cualquier otra consideración. El encuentro que reunió esta semana al presidente de EEUU, Donald Trump, y el de China, Xi Jinping, fue del más alto nivel pero terminó con bajas expectativas de grandes cambios para las mayorías. El remedio para la guerra de Irán se hace esperar y las carestías petroleras atenazan la economía mundial por encima de otros logros empresariales todavía por concretar. Los mercados han analizado el encuentro con esperanza de noticias pero terminan la semana sin más certidumbres que en la anterior. Rezuma la sensación de que a China le interesa más Taiwán que los problemas que afectan a Trump. Los analistas bursátiles apuntan sus previsiones ciñéndose especialmente a los datos existentes y advirtiendo de los puntos oscuros que pueden causar sustos en el futuro.
Kai Torrella, consejero delegado de la sociedad gestora de activos Gesinter, opina que la diplomacia puede «bajar la intensidad de los conflictos geopolíticos a los que nos enfrentamos, pues sus apoyos y declaraciones son influyentes y determinantes en un mundo que mira hacia Pekín con más atención que nunca». Desde su punto de vista «solo el hecho de que los dos grandes ‘players’ se hayan reunido es una victoria para ellos y para el mundo». Pero reconoce que a pesar de ese logro, la volatilidad seguirá siendo la norma hasta que los compromisos se plasmen en acuerdos concretos.
Felipe Mendoza, analista de mercados EBC Financial Group, opina que el panorama actual es de un «optimismo estructural bajo vigilancia extrema». Es algo como entender que la situación no es mala pero que conviene no fiarse demasiado. El ‘bien pero no’ es norma entre los analistas de mercados que quieren confiar y confían, pero son rápidos en cambiar de opinión. Sea por corrección técnica o por pies de barro, los inversores harían bien en ser prudentes pero nunca mojigatos ante un convencimiento general que apuesta más por las subidas de los índices generales que por las bajadas. Pero es cierto que el optimismo parece concentrado en torno a la IA y las tecnológicas.
Y entre tanto optimismo prudente, destacó esta semana la opinión de Gonzalo Bernardos, asesor de Trioteca y profesor de Economía de la Universidad de Barcelona. En su opinión, el Banco Central Europeo (BCE) ha subestimado el impacto de la crisis de Ormuz. Critica que la institución «vuelve a equivocarse» al no reaccionar ante el nuevo ‘shock’ de inflación causado por la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. Bernardos considera que la decisión del BCE de mantener los tipos de interés en el 2% supone repetir errores ya cometidos durante anteriores crisis económicas: «Una guerra que afecta directamente al suministro mundial de petróleo y gas no desaparece económicamente de la noche a la mañana. Aunque haya un armisticio, los efectos inflacionarios pueden mantenerse durante meses o incluso más de un año», advierte Bernardos.
En este contexto, las bolsas reflejan esa situación a la par entre confianzas de plusvalías y dudas fundadas. La bolsa española perdió el 1,05% este viernes y se ha aproximado al soporte de los 17.600 puntos. La falta de acuerdos en China se reflejó también en el encarecimiento del petróleo de más del 3% en la jornada, hasta 109 dólares. El Ibex 35 baja esta semana el 1,49%, pero en el año todavía acumula unas ganancias del 1,89%. El euro tiende a la depreciación. De la visita a China quizá se abran en la actualidad internacional nuevos frentes. Pendientes durante el fin de semana de noticias en Cuba, de nuevas iniciativas de guerra o paz en Oriente Medio o de la evolución de los combates en el este de Europa. Demasiados frentes para concentrarse solo en perspectivas de negocio de empresas y posibilidad de beneficios a largo plazo.












