Es una de las enfermedades más extendidas entre las mujeres de todo el mundo y, aún así, no siempre se diagnostica correctamente ni se trata como es debido. Es por eso que, tras ver cómo esta patología ha quedado marginada, invisibilizada e incomprendida durante décadas, un consorcio internacional de científicos ha reclamado cambiar su nombre para reflejar de forma más clara el impacto de este mal y, sobre todo, facilitar su detección y acelerar el despliegue de tratamientos. Según anuncia la revista científica ‘The Lancet’, a partir de ahora el síndrome del ovario políquístico (SOP) pasará a conocerse como síndrome ovárico poliendocrino metabólico. Porque ni todas las mujeres que lo padecen sufren quistes en los ovarios ni este es el único síntoma que define esta enfermedad. «El nuevo término refleja mejor la fisiopatología multisistémica de la afección tanto a nivel endocrino como metabólico y ovárico», afirman los especialistas, liderados por la investigadora Helena J. Teede.
«El nuevo término refleja mejor la fisiopatología multisistémica de la afección tanto a nivel endocrino como metabólico y ovárico»
Hace años que la comunidad científica, médica y las propias pacientes que sufren esta patología denuncian que el propio nombre del trastorno ha contribuido a generar confusión sobre el impacto de esta enfermedad en el cuerpo. Los estudios más exhaustivos realizados hasta la fecha indican que este síndrome, que afecta a cerca de 170 millones de mujeres en edad reproductiva en todo el mundo, se caracteriza por ciclos menstruales irregulares, la infertilidad o el exceso de andrógenos, pero también problemas como obesidad, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad cardiovascular o hígado graso. A ello se suman síntomas dermatológicos, como acné, alopecia o hirsutismo, y un importante impacto psicológico asociado a ansiedad, depresión y deterioro de la calidad de vida. Y es por eso que, según denuncian los especialistas, «el término usado hasta ahora no refleja la complejidad endocrina y metabólica del síndrome».
Síndrome mal diagnosticado
Los científicos afirman que esta confusión terminológica ha tenido consecuencias directas sobre el diagnóstico y la atención médica. Según los datos citados en el informe de ‘The Lancet’, hasta un 70% de las mujeres afectadas por este síndrome podrían no estar diagnosticadas o haber recibido un diagnóstico parcial o incorrecto. En la práctica, de hecho, se estima que muchas pacientes que sufren esta patología tardan años en recibir una explicación sobre síntomas que van desde alteraciones menstruales hasta problemas metabólicos o dificultades para quedarse embarazadas. Y es que, hasta ahora, el hecho de etiquetar este mal como algo exclusivo de los ovarios ha contribuido, según los expertos, a reforzar determinados estigmas culturales vinculados a la fertilidad femenina y a minimizar otros aspectos de la enfermedad considerados menos visibles.
Los expertos afirman que debido a la confusión alrededor del nombre hasta un 70% de las mujeres afectadas por este síndrome podrían no estar diagnosticadas
Las nuevas guías científicas describen esta afección como «un trastorno multisistémico en el que intervienen alteraciones hormonales, metabólicas y ováricas». El cambio de denominación llega tras uno de los mayores procesos de consenso realizados hasta ahora sobre esta patología. En la iniciativa participaron 56 organizaciones científicas, clínicas y asociaciones de pacientes de todo el mundo, coordinadas por investigadores de la Universidad de Monash, la Sociedad de Exceso de Andrógenos y SOP y la organización británica Verity. Para lograr un acuerdo, a lo largo de dos años se realizaron encuestas internacionales, talleres y debates científicos en los que participaron más de 14.000 personas, entre pacientes y profesionales sanitarios de distintas disciplinas. Todo ello para «identificar una terminología que reflejara mejor la biología real del trastorno, redujera el estigma y facilitara su implementación global en sistemas sanitarios, guías clínicas y programas de investigación».
La nueva terminología refleja mejor la biología real del trastorno, reduce el estigma y facilita el cambio de abordaje en sistemas sanitarios, guías clínicas y programas de investigación
Los autores del documento insisten en que el cambio no será inmediato ni supondrá abandonar de golpe las siglas SOP, ampliamente conocidas en la literatura científica y entre las pacientes. La transición, explican, se realizará de manera progresiva y coordinada entre las autoridades científicas y sanitarias de todo el mundo, incluyendo la actualización de manuales clínicos, sistemas de clasificación internacional de enfermedades y programas de formación médica. El objetivo final, sostienen los investigadores, es que una definición más precisa contribuya a mejorar la detección precoz, impulsar la investigación y ofrecer una atención más completa a millones de mujeres cuya enfermedad, durante décadas, quedó reducida a un nombre que no explicaba realmente lo que les ocurría.
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