Los días del primer ministro británico, Keir Starmer, al frente de Downing Street parecen estar contados. La dimisión del ministro de Sanidad, Wes Streeting, y la posibilidad cada vez mayor de que el alcalde de Mánchester, Andy Burnham, consiga un escaño en la Cámara de los Comunes están alejando cada vez más sus opciones de mantenerse en el cargo y todo apunta a que su salida es cuestión de meses. La mayoría de los diputados laboristas coinciden en que Starmer tiene que dar un paso al lado, pero confían en que esta transición se desarrolle de la forma más ordenada posible para evitar dañar todavía más al partido tras una semana convulsa.
La dimisión este jueves del diputado Josh Simons ha abierto las puertas del Parlamento a Burnham, el candidato que genera más consenso en las filas laboristas para reemplazar al primer ministro en el cargo. Pero antes tiene que conseguir que el Comité Ejecutivo Nacional del partido (NEC) apruebe su candidatura a las elecciones anticipadas en Makerfield, la circunscripción de Simons, prevista para mediados de junio. Este comité ya bloqueó los intentos del alcalde de acceder a un escaño en la Cámara de los Comunes el pasado enero, pero todo apunta a que la presión de los suyos impedirá a Starmer oponerse esta vez.
Aun así la entrada de Burnham en el Parlamento no está garantizada. La caída en picado de los laboristas y la aplastante victoria del partido ultra Reform UK en las elecciones locales y regionales del pasado jueves han puesto sobre la mesa la posibilidad de que no consiga ganar el escaño. Sus aliados confían, sin embargo, en que la popularidad de Burnham en esta circunscripción —situada a las afueras de Mánchester— y la excepcionalidad de estas elecciones, provocadas únicamente para echar a Starmer del poder, le permitan convencer a un electorado ansioso de cambios.
Posibles alianzas
En caso de que consiga superar los obstáculos, Burnham podría tomar posesión de su escaño a principios de julio e iniciar el proceso para reemplazar a Starmer acto seguido. Se da por hecho que no tendrá dificultades para lograr el apoyo de al menos 81 diputados de su bancada, el mínimo necesario para lanzar su candidatura, pero no está tan claro que sea el único en hacerlo. Streeting, representante del sector más a la derecha del partido, también ha dejado claras sus aspiraciones en los últimos días y sus aliados aseguran que cuenta con el apoyo suficiente.
Sin embargo, la posibilidad de que Streeting llegue a algún tipo de acuerdo con Burnham también está encima de la mesa. En su carta de dimisión, el ya exministro de Sanidad dio por hecho que Starmer no sería el candidato laborista en las próximas elecciones generales y apostó por un debate abierto con “el mejor grupo posible de candidatos”. Una idea en la que ha vuelto a incidir este viernes, tras conocer la intención de Burnham de concurrir a las elecciones anticipadas en Makerfield. “Andy es la mejor opción para ganar y eso debería prevalecer sobre las diferencias entre facciones o el apoyo a una sola persona”, ha asegurado en un mensaje publicado en sus redes sociales.
Candidaturas alternativas
Tampoco se descarta la aparición de candidaturas alternativas. Entre ellas la de Al Carns, exmilitar y actual secretario de Estado de las Fuerzas Armadas. Carns, prácticamente desconocido hasta ahora, cuenta con el apoyo de un sector de su partido y no ha ocultado su interés en postularse, aunque su escasa experiencia política —llegó a la Cámara de los Comunes hace apenas dos años— y el apoyo mayoritario a Burnham y a Streeting jugará previsiblemente en su contra si decide dar el paso.
La batalla para reemplazar a Starmer ya se da por hecha, pero todavía falta por ver hasta qué punto el primer ministro está dispuesto a ofrecer resistencia. Varios miembros de su Gobierno han salido en su defensa en los últimos días y han insistido en que no tiene intención de dimitir, pero el silencio esta semana de ministros destacados —entre ellos la titular de Interior, Shabana Mahmood; la de Exteriores, Yvette Cooper; y el de Energía, Ed Miliband— ha dejado claro que no cuenta con el apoyo unánime del Ejecutivo. Sus rivales confían en que acepte la derrota cuanto antes y permita una transición ordenada bajo el riesgo de que, si no lo hace, eche por tierra las pocas opciones de su partido de revalidar la victoria en las próximas elecciones generales.
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