Juan Carlos Monedero (Madrid, 1963) formó parte del núcleo fundacional de Podemos, la “herramienta” que trató de canalizar políticamente el malestar social y las reivindicaciones sociales tras un trienio de movilizaciones que eclosionaron con el 15-M. Si algo repetía en sus inicios, es que “venimos del 15-M, pero no somos el 15-M”, diferenciando el carácter “destituyente” de uno y el “constituyente” del otro.
No en vano, fue secretario de Proceso Constituyente y de Programa de la primera dirección. 15 años después del estallido en las plazas del movimiento de los indignados, se encuentra alejado de la política orgánica. En los últimos meses, incluso intenta alejarse de España. Precisamente, atiende por teléfono a EL PERIÓDICO desde México, antes de impartir una conferencia magistral como invitado en la Cámara de Diputados, para analizar aprendizajes y errores del dispositivo que quiso poner en marcha y no pudo desarrollar como pretendía.
Su conclusión de que hoy Vox sea refugio del voto de cabreo es autocrítica: “Detrás del auge de la extrema derecha hay un fracaso de la izquierda transformadora”. “Cuando montamos Podemos”, resume, “insistía en que tenía que ser un partido-movimiento, pero fracasé”.
La rápida entrada en las instituciones, primero en varias de las principales alcaldías (Madrid, Barcelona, A Coruña o Zaragoza) y después en el Gobierno, en coalición con el PSOE de Pedro Sánchez, no habría permitido consolidar esa horizontalidad de la formación que nació como “partido de los círculos”. Una característica que se pretendía combinar con cierta estructura, identidad, liderazgo y programa realizable para permitir que el espíritu del 15-M cuajara en las instituciones.
La decisión de construir Podemos, en un contexto en el que desde diferentes frentes se buscaban ya fórmulas para darle representatividad política, la justifica porque “las élites se habían asustado y aprovecharon para intentar acabar con este movimiento». «Es en ese instante, con bastante astucia, cuando surge Podemos para meter todo ese vapor social en un motor que permitiera que la máquina echase a andar”, rememora.
Monedero, como el que fue luego líder del partido, Pablo Iglesias, ya se llevaron las enseñanzas de espacios como el Frente Cívico lanzado por Julio Anguita para rearticular el 15-M en partido-movimiento. El propio Anguita acabaría afirmando que Podemos fue, en su discurso y propuestas, “el continuador de lo que el Frente Cívico planteó”.
«El gran problema»
Sobre la atropellada construcción orgánica que por su pronta entrada en las instituciones derivaría en centralismo y jerarquía, el profesor de Ciencias Políticas hace referencia a las divisiones internas y señala como “el gran problema” que Podemos “fue verticalizándose y perdiendo democracia interna”. La paradoja, según su análisis, es que partidos de la izquierda en horas bajas, “se podemizan con enorme éxito”. No solo el PSOE, después de que Sánchez recuperase a la secretaría general, sino formaciones como EH Bildu.
Mientras los adversarios se podemizaron, “Podemos se despodemizó”. La introducción de las primarias como mecanismo de regeneración llegó incluso al PP, con Pablo Casado accediendo a la presidencia del partido con este modelo. Lo cierto es que Podemos no optó por su desarrollo a fuego lento, sino por lo que se llamaba la ‘blitzkrieg’ o «guerra relámpago» para aprovechar la coyuntura. De ahí que ya en las europeas de 2014, sus primeras elecciones, donde irrumpieron con cinco escaños sin apenas estructura, lo hicieran con una papeleta con el rostro de Iglesias y precipitadamente celebrasen una asamblea constituyente con una dirigencia clásica.
Un partido para el siglo XXI
Como respuesta habría surgido un elemento “conservador reaccionario para desmantelar todo lo construido”. Con todo, atribuye su auge a errores propios. La izquierda se habría quedado con menos capacidad de capturar ese malestar, que no desaparece. “Cuando una fuerza política con rasgos revolucionarios para cambiar las estructuras profundas de un país” no logra su objetivo, abunda, “la reacción está servida”. De ahí que insista en que detrás del éxito electoral de la extrema derecha “hay un fracaso de la izquierda transformadora”.
Pese a que para Monedero el 15-M fue en gran medida expresión de la crisis económica, entiende que hay elementos para que vuelva a emerger un movimiento transformador. Para ello, considera necesario aprender de los errores e imaginar cómo debe ser un partido político en el siglo XXI. Cuestiones en las que profundiza en su último libro: ‘Menos realidades y más promesas. El error de la izquierda, los monstruos del fascismo y el partido-movimiento’ (Fondo de Cultura Económica).
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