Mercedes Gauna Duran revive la Argentina más silenciada en ‘Las fogatas de Fina Bello’, una novela donde amar es el acto más peligroso

La escritora argentina Mercedes Gauna Duran construye en ‘Las fogatas de Fina Bello’ una historia donde el amor deja de ser un refugio para convertirse en una forma de resistencia. Ambientada en la Argentina de comienzos del siglo XX, la novela se adentra en una sociedad atravesada por mandatos patriarcales, diferencias de clase y estructuras familiares opresivas que condicionaban el destino de las mujeres. Allí aparece Josefina Portobello, una joven marcada por la intensidad de sus emociones y por el deseo de elegir una vida propia, incluso cuando hacerlo significa desafiar todo aquello que se esperaba de ella.

La autora reconoce que el origen de esta historia nace de la memoria familiar. “Josefina está inspirada en mi abuela materna. Hay hechos que coinciden con su vida”, explica, aunque aclara que el personaje adquiere luego una dimensión completamente ficcional. Desde pequeña convivió con relatos transmitidos por su madre, historias donde las mujeres debían sobrevivir dentro de un mundo dominado por figuras masculinas, ya fueran padres, maridos o hermanos. Esa herencia emocional atraviesa la novela y le otorga una sensibilidad profundamente íntima.

En la novela, Josefina huye de su casa con apenas quince años para vivir un amor prohibido. Lo que inicialmente parece una liberación termina arrastrándola hacia nuevos conflictos internos y externos. La protagonista deberá reconstruirse entre culpas, recuerdos y heridas abiertas mientras descubre en el arte y en la lucha femenina un camino posible hacia la emancipación. La escritora define a Fina Bello como un personaje atravesado por contradicciones: apasionada, audaz y vulnerable al mismo tiempo. “No solo se enfrenta al mundo sino a sí misma”, afirma.

Uno de los aspectos más potentes de la novela es precisamente la construcción psicológica de esta mujer que intenta sobrevivir en un entorno hostil. Mercedes Gauna Duran no plantea una heroína perfecta ni idealizada, sino alguien que se equivoca, que se culpa y que debe aprender a convivir con las consecuencias de sus propias decisiones. El seudónimo artístico “Fina Bello”, que la protagonista adopta años más tarde como artista plástica, funciona además como símbolo de transformación y renacimiento. Lo que inicialmente nace como un escondite termina convirtiéndose en una herramienta de libertad y reconocimiento social.

La novela también dialoga constantemente con la historia argentina. La autora sitúa la trama durante el auge inmigratorio europeo de finales del siglo XIX y principios del XX, un periodo que considera fundamental para comprender la identidad del país. Buenos Aires aparece como una ciudad moderna y cosmopolita que contrasta con la inmensidad rural de la Pampa Húmeda, mientras la lucha feminista comienza lentamente a cuestionar las estructuras legales y sociales que reducían a las mujeres a una posición subordinada. “En aquellos tiempos, la mujer era considerada por las leyes una incapaz relativa”, recuerda la escritora.

El título de la novela encierra además una fuerte carga simbólica. Las “fogatas” representan tanto la pasión como la destrucción, el deseo y la resistencia. “Es un fuego interior que ilumina y libera pero también destruye y consume”, explica Mercedes. Esa dualidad atraviesa toda la historia: amar puede ser una condena, pero también una manera de salvarse.

Lejos de quedarse únicamente en el drama romántico, ‘Las fogatas de Fina Bello’ reflexiona sobre problemáticas que continúan vigentes más de un siglo después. La violencia de género, los prejuicios sociales, la censura emocional y la presión por encajar siguen presentes bajo nuevas formas. Para la autora, la memoria histórica es esencial porque los contextos sociales y familiares terminan moldeando profundamente la vida de las personas.

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