La expectación era máxima. Estados Unidos llevaba días esperando la respuesta de Irán a la última proposición de paz estadounidense, presentada el miércoles de la semana pasada a través de Pakistán. La fecha límite era el viernes: si no había respuesta entonces, dijo el presidente de EEUU, Donald Trump, los bombardeos volverían.
Ni las bombas cayeron otra vez ni Irán respondió. Hasta este domingo por la tarde, cuando Teherán, al fin, mandó su respuesta. «No me gusta. Es totalmente inaceptable», declaró Trump en redes sociales pocas horas después. Este lunes por la madrugada, la televisión estatal iraní ha publicado varios detalles del contenido de esta respuesta. A continuación los desgranamos:
Como desde el inicio del conflicto, la República Islámica reclama a Washington pagos y reparaciones de guerra por todos los desperfectos causados durante las cinco semanas de contienda activa. Esta última ofensiva arrancó apenas seis meses después de la última —la guerra de 12 días entre Israel e Irán en junio de 2025—, y empezó el pasado 28 de febrero, cuando Tel Aviv consiguió asesinar al entonces líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí.
«Nuestra demanda es legítima. No reclamamos concesiones de EEUU, sino que pedimos el final de la guerra y que detengan sus actos de piratería contra los barcos iraníes. Nuestras propuestas son generosas«, ha declarado este lunes por la mañana el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baqaeí.
Irán, sin embargo, sí reclama y exige. Desde el inicio de la guerra, Teherán ha dado con una enorme herramienta de presión, tanto contra sus vecinos como contra toda la economía mundial: el bloqueo del estrecho de Ormuz impide la exportación de petróleo y gas procedentes de países del Golfo.
En su propuesta, según la televisión estatal iraní, la República Islámica asegura que será ella la que controlará el paso de todo carguero y petrolero por Ormuz a partir de ahora. Este punto es inaceptable para todas las monarquías del Golfo, además, evidentemente, de EEUU. Antes del conflicto, esta vía marítima, por la que transitaba el 20% del comercio mundial de combustibles fósiles, estaba completamente abierta y bajo control de nadie.
En el texto, además, Irán reclama el final de todas las sanciones económicas internacionales en su contra, además de la liberación de todos los activos que tiene congelados en bancos extranjeros como requisito para terminar la guerra.
Washington, en el pasado, se ha mostrado abierta a ello, pero tan solo a cambio de la apertura total de Ormuz y, sobre todo, deun acuerdo nuclear que elimine toda posibilidad de que Teherán enriquezca uranio a niveles cercanos a los necesarios para desarrollar la bomba atómica. Irán, sin embargo, reclama el levantamiento de sanciones antes de empezar las negociaciones nucleares.
En este apartado, el único principio de acuerdo parece ser la aceptación por ambas partes de negociar la cuestión nuclear una vez se haya firmado un primer preacuerdo que termine con la guerra. Esta era una de las primeras reclamaciones del país persa.
A partir de ahí, todo son diferencias: EEUU reclama el desmantelamiento de las tres centrales de enriquecimiento en Irán (Fordow, Natanz e Isfahan), la entrega de los 440 kilos de uranio enriquecido al 60% y una moratoria al enriquecimiento de 20 años.
Irán rechaza todas estas exigencias. Según el Wall Street Journal, Teherán aceptaría detener su enriquecimiento por un plazo de tiempo mucho más corto, según habría dicho supuestamente la República Islámica en su respuesta a Washington. El texto de respuesta no ha sido publicado.
Si los detalles publicados por la televisión estatal iraní son ciertos —la prensa oficialista puede estar dando una visión exagerada e intransigente de la posición persa a propósito—, entonces poco o casi nada se ha avanzado en este último mes de alto el fuego y negociaciones indirectas a través de Pakistán.
Irán se ha mantenido en sus posiciones maximalistas iniciales; EEUU, con su bloqueo de Ormuz, tampoco ha dado su brazo a torcer, aunque en la última semana Trump haya demostrado que es de momento reticente a volver a los combates, sobre todo antes de su viaje a China. «Si lo publicado es verdad, esto sugiere que los iraníes están cada vez más cómodos en su posición. Creen que Trump quiere terminar con la guerra, y están intentando poner un precio tan alto como puedan», ha dicho este lunes Gregory Brew, analista especializado en Irán.
«Por desgracia, EEUU mantiene su posición parcial e injusta. Nuestra propuesta es responsable», ha dicho Baqaeí.
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