Miguel de Olim nació en Venezuela hace 26 años, trabaja de ingeniero y lleva dos años y medio residiendo en España, los mismos que suma «viviendo de verdad la fe». «Yo me crié en una familia católica, pero en los últimos años es cuando en la fe he encontrado un propósito para hacer las cosas. He encontrado un norte», afirma el joven, uno de los 20.000 voluntarios inscritos para ayudar a que la visita de León XIV a Madrid vaya a la perfección. Los voluntarios y los jóvenes son precisamente el espejo en el que la Iglesia española quiere reflejarse en estos días de esperanza ante la esperada llegada del Papa, que aterrizará en Madrid este sábado.
Desde la última llegada de un Papa a España, hace justo 15 años –en la visita a Madrid de Benedicto XVI durante unas Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ)-, la Iglesia se ha metamorfoseado de una forma sorprendente navegando un océano de incertidumbre y de pérdida de fe. En 2011, según el CIS, se declaraban católicos en torno al 71,4 % de los españoles. De acuerdo al último estudio, ahora son solo el 52,8 %. Casi 20 puntos menos.
«En los últimos años en la fe he encontrado un propósito para hacer las cosas. He encontrado un norte»
Las vocaciones se han desplomado también. En 2011, había en España 61.106 religiosos y religiosas dedicados a la vida consagrada. Ahora a duras penas llegan a la mitad y los que hay son, gracias, en parte, a la llegada de novicias y religiosos del extranjero, de Latinoamérica, India y Filipinas, fundamentalmente.
5.000 sacerdotes menos en 15 años
En estos 15 años se ha pasado de cerca de 19.600 sacerdotes a 14.994, hecho que ha obligado a que en muchos pueblos de la España vaciada sean seglares, algunos casados, quienes oficien una ‘misa’ sin consagración, llamada Celebración de la Palabra, para que la iglesia, en muchos casos un punto de encuentro de los vecinos, siga abierta los domingos.
Los sacramentos principales, bautizos, comuniones, confirmaciones y bodas han experimentado también, obviamente, un descenso, en este caso, de entre un 4% y un 8%. Y eso solo en el último año. Mientras, las parroquias siguen perdiendo fieles año tras año.
«La Iglesia que se va a encontrar el Papa no está en un momento débil. Hay una nueva ilusión y esperanza en la expansión de la fe en jóvenes»
Con estos datos en la mano, cualquier diría que corren malos tiempos para el catolicismo, pero según aseguran cargos eclesiales y sociólogos es más bien al contrario, precisamente por casos como el de Miguel de Olim. «La evolución de la Iglesia ha sido tremenda estos años, pero igual que ha sido la de la sociedad. La Iglesia que se va a encontrar el Papa es más plural, más diversa y, efectivamente ha tenido sus momentos más fuertes, pero no es un momento débil ni mucho menos. Hay una nueva ilusión y esperanza en la expansión de la fe en los adolescentes y jóvenes, en su interés, en su cercanía», sostiene Ángel Luis Caballero, párroco de la Iglesia de la Santísima Trinidad de Madrid.
El 38,4% de los jóvenes entre 15 y 29 años considera la religión «bastante o muy importante» en su vida, el dato más alto de toda la serie histórica
La ilusión no es algo inasible, sino que se sustenta en datos. De acuerdo al último informe de la Fundación SM ‘Jóvenes españoles 2026’, el 38,4% de los jóvenes entre 15 y 29 años considera la religión «bastante o muy importante» en su vida, el dato más alto de toda la serie histórica. Además, los jóvenes que se definen como católicos han crecido de forma notable, pasando del 31,6% en 2020 al 45% en 2025.
El estudio dibuja una hibridación de creencias, ya que en muchos casos esos mismos católicos afirman creer también en el karma (60,7%), la reencarnación (48,5%), las artes mágicas (44,1%), la predicción del futuro (37,1%) o las energías curativas (40,3%).
Un grupo de carmelitas descalzas rezan en su convento de León. / LUIS TEJIDO
La fe, la espiritualidad, se ha vuelto porosa, pero se ha convertido en un lugar seguro ante tanto sobreestímulo e incertidumbre, sobre todo por la la falta de vivienda y los sueldos precarios. Es una suerte de refugio, un remanso de paz ante tanto ruido, señalan los expertos.
«Ante la incertidumbre, económica, social, se produce una necesidad de tener control. La religión es una alternativa, un refugio»
«Ante la incertidumbre, económica, social, se produce una necesidad de tener control. La religión, que es una plataforma para conectar con la espiritualidad, es una alternativa. Tiene que ver con la anomia. El ‘vale todo’, en esta época de posverdad, de ‘fakenews’, donde todo está acelerado y es efímero, obliga al sujeto a resguardarse en lugares seguros y la espiritualidad es uno de ellos», señala Rubén Arriazu Muñoz, doctor en Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.
¿Qué ha ocurrido para que esto pase? ¿Por qué baja la asistencia a las misas y a la vez aumenta la fe entre los jóvenes? «Los jóvenes están cansados del ‘scroll’ infinito y buscan esa espiritualidad en la aproximación a la Iglesia, que ofrece un mensaje único sobre un comportamiento moral y una conexión con la tradición que el mundo posmoderno había abandonado», sostiene Narciso Michavila, sociólogo y presidente de la consultora GAD3, que colabora intensamente con el viaje de León XIV.
«Hace diez años pensábamos que los libros en papel se iban a morir y ahora estamos leyendo más que nunca. La generación Z está volviendo a los valores de sus abuelos», pone como ejemplo Michavila, que añade que esta generación joven «no es que sea más religiosa, sino que es más tolerante. Crean o no crean, toleran mucho más».
«Hace diez años pensábamos que los libros en papel se iban a morir y ahora estamos leyendo más que nunca. La generación Z está volviendo a los valores de sus abuelos»
Lo cierto es que en la actualidad se vive la fe de otra manera. Hace 15 años, al joven que decía a sus amigos que iba a misa los domingos o se iba de convivencias a un monasterio de Soria, si no pertenecía a determinados círculos sociales, se le veía como a un bicho raro. «Antes», señala el padre Caballero, que es el coordinador de voluntarios del viaje papa, «quizá había más complejo para reconocerse como católico. Hoy en día no hay ningún complejo. Se ha visto en los artistas que se han sumado a los actos, y quieren participar en el proyecto con la expectación y esperanza de escucharle [al Papa]». La lista es infinita. De los televisivos Cristian Gálvez y Patricia Pardo, presentadores del acto principal del Papa en el Santiago Bernabéu, a artistas como Bustamante, Diges, Diana Navarro o Siloé, uno de los grupos de música independiente más de moda del momento.
«Necesito la religión. En Dios encuentro respuestas, pero no ya en el plano místico, sino respuestas para la vida»
Ser católico, de repente, se ha vuelto ‘cool’. Mola. Estos días no es extraño encontrar en el Paseo de Recoletos de Madrid a ‘influencers’ jóvenes haciendo directos de previa de la visita del Papa. La penetración de la espiritualidad en los jóvenes se ha visto espoleada por iconos sociales, como Rosalía, «que hace referencia explícita», recuerda el doctor Arriazu, a Simone Weil, una filósofa y mística francesa «pensadora del hecho religioso» o el grupo de pop cristiano Hakuna, que triunfa como lo hizo el rock ‘blanco’ de Creed en EEUU a principos de los años 2000.
«Se ha perdido el temor a ser juzgados. La gente necesita expresar colectivamente que son religiosos», aprecia Arriazu, que añade que en estos brotes verdes de la Iglesia han tenido mucho que ver las políticas de cambio del Papa Francisco y, ahora, «de forma más moderada», de León XIV, en asuntos como la figura de la mujer, el reconocimiento y perdón por los casos de pederastia de la Iglesia o el acercamiento a «postulados muy vinculados a la Teoría de la Liberación», que exige la «opción preferencial por los pobres». La primera visita del Papa en Madrid será precisamente a un centro de personas sin hogar de Cáritas en el muy humilde barrio de Lucero. «Él ahí lanza un mensaje ideológico, político», analiza el sociólogo.
Lo que antes acercaba la fe a nuestros mayores, las costumbres, los mandamientos, pasa ahora por otro plano, mucho más abstracto. «La religión ha pasado de ser algo que venía de cuna, por los padres, a ser algo propio. Lo necesito, forma parte de mí. Yo es que en Dios encuentro respuestas, pero no ya en el plano místico, sino respuestas para la vida. Todo lo bello es Dios», concluye María López, otra voluntaria del Viaje.
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