Habló Borja Jiménez en la previa de aferrarse a un “hilito” de esperanza. Poca intención mostró su equipo ante un Ceuta capaz de sonrojar al Sporting de Gijón en El Molinón con dos goles en tres minutos antes de cumplirse la media hora de juego. Fue la fotografía a la apatía de un equipo sin orden ni intensidad al que Yáñez salvó de un mayor castigo. El final de la temporada apunta a hacerse más largo de lo que parece. Decepcionante.
El once del Sporting introdujo la esperada novedad de Alex Corredera, ocupando finalmente el espacio dejado por Otero. El colombiano no se recuperó a tiempo de los problemas físicos que obligaron a su sustitución la jornada anterior. Borja Jiménez reordenó el frente de ataque, situando a Dubasin en punta, con Corredera por detrás, lo que llevó a Gelabert a un carril diestro donde nunca ha acabado de maximizar prestaciones. Sobre todo si el rival exige correr para atrás. No fue esta la excepción.
Los rojiblancos iniciaron con la intención de ser protagonistas a través del balón sin llegar a hacer daño en diez minutos iniciales con el Ceuta probando, por dos veces, a Yáñez. Hacer daño en medio de una sensación de ir al tran tran es complejo. No pudo justificarse por la tremenda cortina de agua que acompañó la tarde del Día de la madre. Se vio después. Los que hicieron el esfuerzo de acudir a un menguado municipal gijonés estaban a la expectativa tras la decepción de Córdoba. No tardaron en mosquearse. Sobraron los motivos.
Pudo inaugurar el marcador Dubasin al cuarto de hora si no llega a resbalar en área pequeña cuando se disponía a empujar un balón servido por Gelabert desde la derecha. La acción terminó invalidada por fuera de juego, pero mostró la necesidad de ser profundo y atacar los costados de un Ceuta cómodo en su regreso, décadas después, a Gijón. Tanto, que antes de la media hora castigó, por dos veces, a un Sporting a medio gas en circulación, presión y repliegue.
Konrad aprovechó un pase atrás en el área para disparar y encontrar la ayuda de Cuenca. El cordobés, en su intento de desviar con la cabeza, envió la pelota hacia su propia portería. Una consecuencia clásica de esos días de verlas venir. La gente empezaba a revolverse en la butaca. Llegó otro. Un contragolpe visitante volvió a dejar a Konrad perfilándose con la derecha desde el costado izquierdo. Segundo tanto del Ceuta en tres minutos y gritos de directiva dimisión. El chaparrón ya era algo más que agua.
Dos minutos después, Gaspar acortó diferencias en un nuevo ataque llevado desde un costado diestro con premio cada vez que se exploraba con velocidad e intención. Guille fue ahora quien centró para que su compañero de la quinta del cole rematara de primeras sobre el cuerpo de Vallejo. Empujó, después, el que era el tercer gol de la tarde en un espacio de cinco minutos. La reacción tras el doble sonrojo fue efímera. Yáñez evitó el tercer tanto ceutí a botas del de siempre, Konrad. Otro lento y blando repliegue defensivo. Otro desorden. Pitos en la grada cuando el árbitro decretó el tiempo de descanso. Tibios, eso sí, al nivel de lo descafeinado del partido. El final de la primera parte fue lo mejor que le pudo pasar al Sporting.
Pablo García y Curbelo relevaron a Pablo Vázquez y Diego Sánchez al descenso en un intento de intentar crecer con balón para reequilibrar el partido. El Ceuta, por su parte, dio entrada a Salvi por el amonestado Bassinga para afilar el contragolpe. El Sporting ganó algo de intensidad, no era difícil, y mantuvo alguno de sus errores. Justin estuvo a punto de convertir otro tanto en propia de no ser por un atento Yáñez.
El partido estaba para los atrevidos, para los dispuestos a romper con la monotonía de un partido vulgar en un momento vulgar. A esa lista en la que Guille siempre está se empezó a sumar Manu Rodríguez, ensayando disparos y buscando pasillos. Así llegaron dos de los ataques más prometedores, anulados por fuera de juego. El último, después de que Dubasin acertara a la red a falta de media hora para el final.
Queipo y Amadou saltaron al campo para intentar aportar energía a un conjunto rojiblanco cada vez más embarullado. No le daba al equipo para generar peligro. Ni la zurda precisa de Corredera acertaba a embocar balones francos en la frontal. La mala suerte acabaría cebándose con Queipo, sustituido por lesión al caer mal tras armar un disparo sobre un defensa del Ceuta. La puntilla la pudo poner Martos en otra contra con el Sporting replegando a medias. Voló Yáñez para evitar el tercero.
El final fue el reflejo de la situación clasificatoria del equipo. Sin saber hacia donde mirar, el Sporting completó noventa minutos ante el Ceuta sin saber cuándo ir hacia arriba y cuándo, protegerse de lo que sucedía a su espalda. Decepcionante imagen ante el segundo peor visitante de la categoría, capaz de ganar en El Molinón ante un conjunto gijonés incapaz de incomodarle.















