La escritora asturiana acaba de publicar su nueva novela, ‘Los amores paralelos’, en la que relata la vida de Fani y Lina, dos hermanas separadas por amor y convicción, que se reúnen más de medio siglo después para compartir el recuerdo de aquella Asturias de los años 30 donde lo cotidiano y lo político se entremezclaban, en la que su hermandad saltó por los aires junto con la revolución obrera de 1934. Mayte Uceda visitó Zaragoza el pasado martes para hablar con sus lectores en el ciclo Martes de Libros de la Fundación Ibercaja.
Cuando publicó ‘El maestro de azúcar’ (2024) ya anunciaba que seguiría ahondando en la ambientación histórica. Asturias, 1934 ¿Por qué ese tiempo y lugar?
Influyó mucho que soy asturiana y que el contexto de la minería me quedaba cerca. Cuando mi padre, que tiene ahora 84 años, necesitó un tratamiento médico, descubrí que en la Seguridad Social consta que tiene un año más; al preguntarle me dijo que era porque cuando era pequeño empezó a trabajar en una mina y su padre le cambió la fecha de nacimiento para que pudiera entrar a trabajar. Estamos hablando de los años de la posguerra, una época muy difícil y mi padre es el mayor de cuatro hermanos. Afortunadamente, ellos pudieron marcharse a Oviedo y abandonar ese trabajo, que en realidad es lo que pretende el protagonista masculino de esta historia: marcharse de la cuenca minera y llevarse a su hermano a la ciudad porque sabe que si no va a acabar siendo minero como él.
Contaba, entonces, con la experiencia personal.
Me sirvió para tener conversaciones con mi padre. Por ejemplo, en la mina en la que estaban ellos no había mulas para sacar el mineral al exterior y los guajes, los niños, eran los ayudantes de los mineros, de ahí que luego se extendiera por toda Asturias la palabra guaje para llamar a los niños; las mujeres también desempeñaban la función de lavado del mineral. Me contó muchas anécdotas que luego se reflejan en la novela. Por otro lado, tengo muchísimos amigos que viven en las cuentas mineras y alguno de ellos trabajó en la minería, tenía muchas fuentes de documentación, hay mucho relato vivo todavía.
«El problema surge entre las dos cuando la mayor se enamora de un guardia civil y la hermana pequeña se enamora de un minero, además un minero anarcosindicalista. La familia piensa que este hombre quiere acabar con su modo de vida»
‘Los amores paralelos’, vidas que nunca se llegar a tocar. ¿Cuál es el punto de encuentro de dos hermanas que aparentemente nacen con las mismas oportunidades?
Las hermanas crecen muy unidas, pero son muy distintas, la naturaleza a una le dio todo y a otra no. Una tiene muchas posibilidades de casarse bien, está educada para ello, y la otra que padece un defecto en las piernas por lo que la familia no sabe bien qué hacer con ella. El problema surge entre las dos cuando la mayor se enamora de un guardia civil y la hermana pequeña se enamora de un minero, además un minero anarcosindicalista. La familia piensa que este hombre quiere acabar con su modo de vida, son una familia conservadora y él está luchando contra esa burguesía capitalista que representan ellos. Selina, la pequeña, tiene que decidir entre ser leal a la familia o a sus propios sentimientos y esto provoca que se levante una muralla de rencor entre ellas que va a separarlas durante seis décadas.
La novela parte desde el recuerdo, 60 años después. ¿El tiempo puede amortiguar o acomodar el dolor de los sucesos?
Yo creo que es al revés. No es la primera vez que utilizo ese recurso, empezar en el presente con un personaje ya anciano y volver atrás, porque me parece tan interesante mostrar a ese personaje después de haber vivido toda una vida. Y esto nos recuerda también que nuestros mayores algún día fueron jóvenes y tuvieron sus propias experiencias de vida. En la novela vemos esos cambios y, después de ese grueso donde vamos a conocer a los personajes, volvemos al presente para saber si esas dos hermanas al fin se reencuentran.
«Los años 30 fueron años complejos, política y socialmente, con muchas huelgas y, sobre todo, esa revolución de octubre del 34 que costó la vida a 1.500 personas, la mayoría obreros, y hubo unos 30.000 encarcelados»
Lo que también parece hermanado es la minería y la Asturias del S. XX. ¿Cómo define la mina cultural, social y políticamente al territorio?
El carácter de los mineros siempre estuvo marcado por el sufrimiento y por el abandono; porque los salarios eran muy bajos y ellos solamente pretendían que esa riqueza producían se reflejara en sus salarios. Los años 30 fueron años complejos, política y socialmente, con muchas huelgas y, sobre todo, esa revolución de octubre del 34 que costó la vida a 1.500 personas, la mayoría obreros, y hubo unos 30.000 encarcelados. Eso se quedó en la memoria colectiva de la región. Oviedo fue asaltada por esa fuerza revolucionaria y muchos de los edificios emblemáticos se quedaron en cuatro paredes. La revolución estaba convocada en toda España y en Asturias se quedaron solos, se vivieron 15 días de guerra, y desde Madrid se envió a las tropas desde los cuatro puntos cardinales a pacificar la región de forma muy violenta. Todavía hoy los nietos recuerdan lo que contaban sus abuelos y abuelas de la represión.
Parte de la historiografía enraíza la Guerra Civil con la revolución de 1934.
No, no se puede justificar la guerra con la rebelión. Principalmente porque fue un movimiento que fue aplastado y 30.000 obreros, no solamente mineros, acabaron en la cárcel y no salieron hasta 1936, hasta el triunfo del Frente Popular. Por tanto, ¿cómo vas a justificar la Guerra Civil con lo que sucedió en Asturias? el movimiento fue aplastado con contundencia por orden del Gobierno de la época.
El antagonismo fraternal refleja bien la Historia de España, sobre todo la contemporánea. ¿Se lo planteó al iniciar la novela?
No, no era la idea. Quería contar este contexto de 1934, pero a medida que fui profundizando en la documentación me fui dando cuenta de que estamos viviendo hoy una época de una gran polarización social y política, de cierta violencia política que se refleja en las calles y en la sociedad. Creo que a los políticos deberíamos exigirles que desescalaran un poco en esa violencia, tanto verbal como de cualquier otro tipo. En España, afortunadamente, yo creo que todavía no estamos a ese nivel, pero está en alza. Tampoco quiero que se quede la visión de que es una novela muy política, porque no lo es; es cierto que los personajes están afectados por el contexto social y político, pero es una novela coral, hay muchos personajes secundarios que ofrecen un punto de vista importante de lo que eran esos años. Me interesa mucho contar ese contexto desde el lado emocional.
Usted defiende la literatura de ambientación histórica para mostrar periodos de nuestro pasado. ¿Es más necesaria que nunca esa exploración?
Es más necesaria que nunca, pero depende del uso que el autor haga de esa literatura. No concibo una literatura en la que yo explore un pasado y lo utilice para hacer que el lector saque unas conclusiones que, tal vez, no quiera sacar o que le oriente hacia determinado pensamiento ideológico. Me ha escrito mucha gente dándome las gracias por lo aséptica que fui al escribir esta historia, mostrando los hechos sin tomar partido. Soy familia de gente que trabajó en la mina y a mí el corazón, evidentemente, me pedía tirar hacia un lado, pero tampoco puedo justificar algunos hechos. Quiero que sea el lector el que lea todo lo que ocurrió y saque sus propias conclusiones.
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