Mayo, mucho más que un mes

El Mayo Festivo cordobés, escrito así con mayúsculas como se escribe todo lo grande, está tan consolidado que ya no es un mes sino mucho más. Lo es por el valor alegórico que entraña, símbolo de tradición, cultura popular y encuentro lúdico, y por estrictas razones de calendario, pues ha crecido por delante con abril como una muy extensa y acogedora antesala. Y si no lo hace por detrás –dejando aparte octubre, convertido por muchos aspectos en su prolongación- es porque el calor de junio apenas da para más actividad programada que los cines de verano. Eso en el milagroso supuesto de que sus gestores reconsideren la posibilidad anunciada de no abrirlos este año y de que el Ayuntamiento, a base de ayuda económica, y colectivos ciudadanos con toda su batería de persuasión logren convencerlos de algo obvio: que mantener el cine de verano en Córdoba no es solo hacer negocio, es contribuir de una manera romántica a hacer ciudad.

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