Beatriz de Moura, histórica editora fundadora de Tusquets, ha muerto a los 87 años de edad, según ha informado su familia a La Vanguardia.
De Moura (Río de Janeiro, 1939) nació en el seno de una familia de terratenientes. Su padre, Altamir, era diplomático y fue destinado en 1940 a Ecuador, donde la niña aprendió español, para pasar, tras la Segunda Guerra Mundial, por Argelia, el Vaticano y Chile.
Habiendo aprendido español siguiendo a su padre en sus destinos diplomáticos, la historia de amor de De Moura por los libros comienza con una tragedia. Enferma de epilepsia, Elsa, su hermana mayor, se suicidió a los 20 años. Fue entonces cuando la joven, que de pronto recibió una atención paterna que le era extraña y sentía como una amenaza, encontró refugio en la ficción.
Se convirtió en una devoradora de historias. Flaubert, Victor Hugo, Voltaire, Baudelaire, Stendhal y Albert Camus se convirtieron en sus grandes aliados y confidentes. «Quería leerlo todo, de modo que leí de la manera más caótica», dijo más tarde.
En 1956, el padre de la futura editora fue nombrado cónsul general de Brasil en Barcelona, y la familia se trasladó a la ciudad cuando Beatriz tenía 17 años. Allí, encontró una ciudad ««gris, silenciosa, esquiva», como recoge la biografía de la editora Una curiosidad sin barreras (Tusquets, 2025), escrita por Carlota Álvarez Maylín. Estudió en la Escuela de Traductores e Intérpretes de Ginebra, ya que gracias al trabajo de su padre había aprendido inglés, francés e italiano, además del portugués. El castellano fue siempre, eso sí, su lengua de pensamiento.
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