El Barça de Hansi Flick no puede reprocharse nada. Hizo un gran partido, especialmente en la primera mitad, en el Metropolitano, llegó a igualar la eliminatoria, pero acabó eliminado tras tener que buscar la prórroga otra vez con diez jugadores. Si en el partido de ida fue Pau Cubarsí el jugador expulsado, en Madrid le tocó a Eric por una jugada muy parecida, esta vez con Sorloth como protagonista en el otro lado.
No ha tenido suerte el Barça con los arbitrajes en esta eliminatoria. Si lamentable fue el de Istvan Kovacs en la ida con la discutible roja a Cubarsí, las amarillas perdonadas a Koke y el claro penalti no señalado por manos de Pubill, sibilino fue el de Clément Turpin en la vuelta. No solo por la expulsión de Eric Garcia. Porque todas las jugadas dudosas cayeron del mismo lado. Los posibles penaltis a Fermín y Dani Olmo, por ejemplo. Y porque por increíble que parezca, el Atlético de Madrid acabó el partido sin ver ni una tarjeta amarilla. Turpin volvió a ser protagonista en otra eliminación azulgrana. Como ya lo había sido en otras anteriores ante el Manchester United y la Roma.
Arbitraje al margen, el equipo de Flick tuvo oportunidades claras para levantar y ganar la eliminatoria. Solo en la primera mitad, además de los dos goles, Musso salvó hasta tres veces a su equipo tras remates de Lamine, Olmo y Fermín. También en la segunda. Gol anulado a Ferran por fuera de juego tras remate de Gavi salvado por Lenglet desde el suelo y un par de cabezazos de Araujo en los últimos minutos tras salir el uruguayo a la desesperada como delantero centro.
Malos arbitrajes y falta de puntería explican la eliminación de un equipo que por segunda temporada consecutiva ha merecido más en la Champions. Que se marcha triste, pero que debe estar muy orgulloso de lo que está haciendo, pues ha recuperado la ilusión del barcelonismo con un juego atractivo que ya da títulos y que dará muchos más porque el camino marcado es el correcto.
El Barça tiene un grupo de jugadores muy jóvenes, que a veces pecan de inexperiencia, pero que tienen un futuro extraordinario por delante. Los Fermín, Gavi, Eric, Cubarsí, Pedri y compañía sienten los colores como nadie y están liderados por un talento de solo 18 años que ya es el futbolista más desequilibrante del mundo, Lamine Yamal.
El Barça tuvo en sus filas al mejor jugador de la historia, Leo Messi, que ganó cuatro Champions vestido de azulgrana y bien rodeado por los Xavi, Iniesta, Busquets y compañía. La historia debe repetirse con esta generación. Son un grupo descarado, atrevido y que juega muy bien a fútbol. También ambicioso. El que más su líder, Lamine, que se echó el equipo a la espalda en las semifinales de la pasada temporada y lo ha vuelto a hacer en estos cuartos. Ahora toca asegurar la Liga. La Champions, llegará.













