RTVE no mentía. Si Israel participaba en Eurovisión 2026, abandonaría. Y así ha sido. 65 años después de debutar con Conchita Bautista, España no estará por primera vez en el festival. Se ha retirado sin fecha de regreso tras la decisión que la Asamblea General de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) adoptó en diciembre: lo hace junto a Eslovenia, Islandia, Países Bajos e Irlanda en un contexto de politización absoluta de un concurso que nació, paradójicamente, ojo, con otro sentido. Jamás debieron dar voz a quienes no respetan los derechos humanos. Por ello, precisamente, expulsaron a Rusia y Bielorrusia en el pasado. “La situación en Gaza, pese al alto el fuego y la aprobación del proceso de paz, hace cada vez más difícil mantener la cita como un evento cultural neutral”, señaló RTVE. Una acusación que, hace 57 años, en pleno franquismo, Austria lanzó contra España. Y que provocó, como ha sucedido hoy con cinco países, su retirada.
La polémica fue fraguándose lentamente. Empezó en 1964, cuando España aún no había saboreado el triunfo. Por aquel entonces, los hermanos ítalo-uruguayos Tony, Nelly y Tim representaron a RTVE en Dinamarca con la complicada Caracola, un tema melodramático compuesto por Fina Calderón. Quedaron en una intrascendente 12ª plaza. No obstante, es una de las actuaciones con mayor recorrido de nuestra historia en el certamen. ¿La razón? La pancarta contra Franco y Salazar que un activista sacó para denunciar las dictaduras ibéricas. Aquel acto llevó al ente fascista a plantear la posibilidad de retrasar la emisión 15 segundos para así controlar los contenidos. Tan sólo se conservan algunas fotografías del instante, ya que las grabaciones se perdieron tras un incendio en DR, la televisión pública danesa. Un lustro después, tras la victoria de Massiel con La, la, la, el rechazo a Franco fue tal que terminó con Austria fuera.
Momento en el que un espontáneo asalta el escenario de Eurovisión y saca un pancarta contra Franco. / ARCHIVO
Era la primera vez que España organizaba Eurovisión y, claro, dada su gran exposición, quería aprovechar la oportunidad para lavar su imagen en el Viejo Continente. Así que no escatimó en gastos: se destinaron 100 millones de pesetas. “El concurso se retransmitió desde el Teatro Real y supuso la mayor inversión económica en la historia de la cadena. De hecho, el evento fue tan costoso que se vio obligada a recortar otros presupuestos en los meses siguientes”, recoge Juan Francisco Gutiérrez en TVE and the Eurovision Song Contest During the Years of Franco’s Dictatorship. Bajo el lema Spain is different, agasajaron a las 16 delegaciones que aceptaron la invitación: capeas en Toledo, comidas en Segovia, paseos en Málaga, estrenos en Mallorca… Fue tal el despliegue que hasta se ordenó una fiesta en el Santiago Bernabéu y se celebró un cóctel en el Palacio de la Prensa.

Laura Valenzuela, junto a Salomé y Massiel en Eurovisión 1969. / RTVE
Ahora bien, detrás de esta máscara se escondía una realidad bien distinta. Y Austria lo sabía. España estaba sometida al estado de excepción que el Gobierno había decretado tras diferentes revueltas universitarias. Asimismo, la Ley de Prensa impulsada por Manuel Fraga fue suspendida, por lo que los medios nacionales quedaron bajo el estricto control del régimen. Dos acuerdos que, entre otras consecuencias, ojo, movilizaron a 1.500 personas en Suecia: sus gritos frente a la Embajada apenas tuvieron efecto, pero lograron que muchos artistas se negaran a participar en el Melodifestivalen, la preselección nacional para Eurovisión. Finalmente, Tommy Körberg representó al país con Judy, min vän. La tensión fue aumentando hasta el punto de producirse un aviso de bomba a escasos días de la final. En Viena eran conscientes de todo y, aunque alegaron otros motivos, con el tiempo, se confirmó que su retirada era política.
En estado de excepción
“Austria no formará parte de Eurovisión, que se llevará a cabo en Madrid el presente año, ha declarado un portavoz de su televisión. Dicha decisión ha sido tomada debido a que el país no cuenta con un cantante cualificado y no desea contratar a un extranjero para ello”, publicó La Vanguardia. Su medida fue, en realidad, teniendo en cuenta su historial, una protesta contra Franco. Una cosa era tolerar la presencia de su RTVE en Eurovisión y otra era participar en una edición liderada por ella. El diario británico The New World así lo dejó patente: “Austria ya había usado el festival como gesto político un año antes al enviar al checo Karel Gott durante la Primavera de Praga”. La presión fue creciendo. Y, al final, España derogó el estado de excepción para demostrar que aquí había orden y paz. Incluso, tal y como desveló en 2004 Salomé, nuestra representante, aceptó liberar algunos presos políticos a petición de distintos territorios.

Salomé interpretó ‘Vivo cantando’ en Eurovisión 1969. / RTVE
En el certamen, que tuvo lugar el 29 de marzo de 1969, concurrieron 16 países, entre los que se encontraba la extinta Yugoslavia. Fue presentada por Laura Valenzuela, entonces considerada una estrella en la pequeña pantalla. Era la primera vez que España retransmitía en directo un programa a color gracias a la última tecnología alemana. Sin embargo, los españoles no pudieron disfrutar de ella porque los televisores aún no estaban adaptados para ello. Salvador Dalí se encargó del cartel. El escenario, concebido por Bernardo Ballester, contaba con 15.000 claveles y rosas. Y, en el centro, bien vistosa, lucía una estatua de Amadeo Gabino. “El Teatro Real ha sido esta noche un ascua resplandeciente. Durante unas horas, ha polarizado la atención ciudadana en tal medida que no tiene precedentes en ninguna de las 13 ediciones anteriores. El pueblo de Madrid ha exteriorizado en mil detalles su complacencia por el hecho de dar albergue a esta peculiar manifestación de la actual cultura de masas”, relató Alberto Mallofré en La Vanguardia.
Rusia, Grecia y otros boicots
Salomé defendió Vivo cantando con la presión de suceder a la popularísima Massiel. Lo hizo con gracia, convenciendo a una audiencia cada vez más abierta al pop. Y lo logró por segunda vez: España ganó Eurovisión, pero junto a otras tres banderas: Reino Unido, Francia y Países Bajos. Era la primera vez que se daba un empate. Y, en directo, con una Valenzuela exultante, se zanjó rápido el entuerto. Aquella victoria a cuatro, narrada por el mítico José Luis Uribarri, que se estrenaba entonces, jamás ha vuelto a repetirse. Y, aunque se planteó la posibilidad de acoger de nuevo la cita en Barcelona, se descartó al poco por el despilfarro que había supuesto. “La atmósfera de evidente desmesura que ha reinado en varios frentes hasta el instante de dar comienzo la transmisión, ha chocado en brusco contraste con el aforo del Teatro Real, que, pese a su indiscutible suntuosidad, se ha mostrado insuficiente. Hubiera sido mejor otro recinto más funcional y más amplio”, prosiguió Mallofré.

Massiel posa junto a las cuatro ganadoras de Eurovisión 1969. / RTVE
Tampoco faltaron las críticas a la censura que el Ministerio de Información y Turismo ejerció con saña. A Valenzuela, por ejemplo, la obligaron a llevar un forro bajo su vestido de encajes. Y Tommy Körberg, el artista sueco, tuvo que cortarse el pelo por llevarlo “demasiado largo”. “Me emociono cada vez que echo la vista atrás y pienso que he ganado Eurovisión. Me cuesta imaginar que un mundo tan maravilloso no hubiera existido. Probablemente, era mi destino desde que nací. Siempre quise ser cantante y no cabe duda de que acudir al festival fue una promoción enorme para mí. Me abrió muchas puertas”, escribió Salomé en una carta publicada en Yo tampoco gané Eurovisión, el libro Javier Adrados y Patricia Godes. Austria regresó en 1971. Y, a partir de ahí, se ha ausentado puntualmente. Su boicot no ha sido el último. Grecia, Azerbaiyán, Turquía y Rusia, entre otros, también lo han hecho.














