¡Qué duro es ser del Valencia! Mientras ves como la UEFA sanciona al que insultó a Vinícius, recuerdas como hace unos años en España, LaLiga y la Federación, todavía presidida por Luis Rubiales, dejaron sin protección al valencianista Diakhaby. Unas horas antes has vuelto por carretera de Vila-real tragándote los cánticos de «Peter, quédate en La Cerámica», y con razón: allí están encantados de que, temporada a temporada, les cedamos unos metros más del terreno que durante casi un centenar de años habíamos conquistado entre los grandes. Y, lo peor de todo es comprobar como esta decadencia es imparable. Ya no hay resistencia que se le oponga. Ni política ni social.
Lección de la UEFA a LaLiga
Por encima de color de las camisetas, a todos debe alegrarnos que la UEFA actúe contra el racismo y los insultos discriminatorios en el fútbol. LaLiga de Javier Tebas, torticera como ninguna otra, ha quedado retratada con la sanción provisional impuesta por el organismo europeo a Gianluca Prestianni, quien la semana pasada llamó a «mono» a Vinícius Júnior tapándose la boca con la camiseta roja del Benfica, después de la provocadora celebración del brasileño. Nadie, salvo algún que otro cerril madridista, puede negar el problema de falta de educación y respeto que tiene Vini. Sin embargo, ni eso ni nada justifica actitudes xenófobas como respuesta.
El Comité de Ética y Disciplina de la UEFA ha aplicado el artículo 14 del Reglamento Disciplinario por una «presunta» violación del mismo. Cómo decimos en valenciano, «lo que va davant, va davant». Conocida la noticia, los defensores de Prestianni no tardaron en poner el grito en el cielo acogiéndose a la siempre manoseada -para lo que interesa- presunción de inocencia. Un argumento, retorcido y acompañado de la negación de pruebas y de su búsqueda, que facilitó en 2021 que el fútbol español dejara sin castigo a Juan Cala, que llamó «negro de mierda» a Mouctar Diakhaby durante la primera parte del partido de Liga Cádiz – Valencia.
LaLiga abrió una investigación (de cartón) de la que nunca se supo sobre los testigos de uno y otro equipo a los que citó y que obvió las explicaciones que el propio Mouctar amplió dos días después en un vídeo grabado por el Valencia CF: «Después de unos momentos, mis compañeros y yo decidimos retirarnos a los vestuarios. Fue una buena decisión. Luego, un jugador del Cádiz vino a preguntarnos si volveríamos al campo si Cala se disculpaba. Mis compañeros y yo dijimos: «no. Esta no es la manera en la que deben hacerse las cosas». No sirve con pedir perdón y que quede olvidado. Me siento bien, pero me hirió mucho».
La investigación de ‘Mortadelo y Filemón’ encargada por LaLiga no tomó nota de que desde el Cádiz se ofreció un perdón y «pelillos a la mar» para que la reanudación del partido no se demorase más, ni tampoco de un gesto de disculpa de Cala desde el medio campo que se vio en la retransmisión del partido. Tomó por loco a Diakhaby, la víctima, y a los compañeros como Gabriel Paulista que apoyaron la retirada por una ofensa racista. Y habló antes con Cala que con ‘Diakha’.
Afortunadamente, la UEFA la ha puesto en evidencia. Ha creído en Vinícius y en el testimonio de Mbappé, para crear un precedente que busca acabar con la impunidad de los insultos racistas y con la cobardía de proferirlos debajo de una camiseta o con la boca tapada a las cámaras. Así, a escondidas, no se mueven los inocentes. Qué pena que el Valencia CF y Diakhaby no tuvieran detrás el apoyo mediático del Real Madrid de Florentino -hoy los hay que enarbolan la bandera de la tolerancia cero contra el racismo cuando hace cinco años defendían la inocencia de Cala-, y que no jugasen en la Champions en vez de en LaLiga de la hipocresía y del antirracismo de pancarta.
Cuando todo da igual
Ya veremos cuándo los valencianistas volvemos a jugar en la Champions. Parece que no será mientras los Lim, papá e hijo, sigan con el Valencia CF en su poder como si fuese un juguete roto y abandonado. Si en los primeros cinco años con el empresario de Singapur en poder del club se consumó el sorpaso del Atlético de Madrid, en el segundo lustro nos han pasado por la derecha unos cuantos más: Villarreal, Betis, Athletic, Real Sociedad… aunque el que más daño hace, sin duda, es el adelantamiento del Submarino. Refleja la contraposición entre el trabajo con sentido en una pequeña localidad, y el caos y el engaño en la tercera capital de España. El último derbi deja al Valencia a 25 puntos de un Villarreal que, sí, ha fracasado en esta Champions, pero que se está metiendo en el bolsillo un billete para la próxima mientras por el ‘Cap i Casal’ no la olemos desde marzo de 2020. Ni la competición ni los millones que genera. Otra cruda realidad que tambén ha dejado de importar. Marcelino, al mando del Submarino, retrata cada año a los que lo echaron a patadas hace ya camino de siete años, y a quienes lo defendieron con aquello de que no se podía ir contra el jefe. La cuestión es que el jefe estaba (y sigue) matando a la empresa VCF.
De Salvo a Solís, también retratados
Por último, más sorprendente todavía que el Villarreal reine en la Comunitat, es como varios presuntos defensores de la información que en 2014 se pasaban los días -y con más razón que un santo- con el nombre de Amadeo Salvo en la boca para denunciar la entrega de las llaves del club a Lim hoy, sin embargo, acumulan años de silencioso baño y masaje a Javier Solís. Pronto cumplirá un año como director general del peor Valencia CF de la historia, pero nadie le exige nada y casi nadie lo nombra. Sin duda, es el mejor en lo suyo, el problema es que lo suyo no es lo del Valencia. Al menos, lo del Valencia de la gente.













