Guillermo Almada debutó ayer ante un Tartiere a reventar (23.613 espectadores). Una grada entregada que animó a los suyos durante los 90 minutos, dispuesta a dar una oportunidad al nuevo técnico uruguayo. Pero también tuvo tiempo para mostrar su descontento con la directiva. De hecho, el Fondo Norte desplegó un tifo en el que se podía leer: «Pachuca, más fútbol y menos negocio». Buena parte del campo aplaudió la pancarta que, además, iba acompañada de otra mucho más grande que debía rodear el estadio, pero que no pudo mostrarse por problemas técnicos. Un poco antes, «Soy un macarra» de Ilegales, el grupo del recientemente fallecido Jorge Martínez, fue la banda sonora de la previa. También sonó el clásico «Ama, ama, ama y ensancha el alma» de Extremoduro, en honor a Robe Iniesta, también fallecido hace unos días.
Cada vez que Martín Peláez aparecía en las pantallas, el estadio silbaba, a pesar de que el presidente azul pidió perdón hace tan solo unos días en rueda de prensa por los errores recientes en la gestión. No hubo tregua. «¡Directiva, dimisión!» o «Estamos hasta los huevos», se pudo escuchar en el campo. También se escuchó «Lleida, dimisión», por Agustín Lleida, director general azul. La grada azul dejó claro su descontento con los dirigentes del conjunto carbayón, que hace apenas unos meses conseguía el ascenso a Primera tras veinticuatro años.
Además, la grada se desesperaba cada vez que el Oviedo daba un pase atrás. Una muestra más de la ansiedad que vive el oviedismo, necesitado de ver a su equipo atacar, generar, marcar. Después de tantos partidos sin ganar, cada balón hacia atrás se vive como un paso más hacia el precipicio.
Cuando Santi Cazorla salió a calentar y a jugar, fue el más coreado, como siempre. El Mago de Fonciello sigue siendo el ídolo indiscutible de una afición que se agarra a él como a un salvavidas. Cada toque suyo, cada carrera, cada intento de generar juego fue aplaudido con fervor. En medio de la tormenta, Cazorla sigue siendo el faro.
En el palco, al lado de Martín Peláez y de Marián Mouriño, presidenta del Celta, estaba Alfonso Rueda, presidente de la Xunta de Galicia, gran aficionado celeste, que no se quiso perder el duelo. Aprovechó su visita a Asturias para ver a varios colegas del Partido Popular. Una estampa institucional en un día marcado por la tensión en las gradas.
Una vez terminado el partido, en la rampa de salida y acceso al estadio, un centenar de personas, entre las que se encontraban varios aficionados del Celta que esperaban para ver salir a los suyos, se congregaron los aficionados más descontentos con la gestión del Grupo Pachuca. Esperaban a que salieran tanto Peláez como Lleida para mostrar su enfado. No hubo ningún incidente, ya que ambos directivos salieron a toda velocidad y protegidos por la Policía Nacional. Además, el Ayuntamiento había colocado varias vallas para acordonar la zona y evitar cualquier altercado.
El Tartiere vivió ayer una jornada intensa. De apoyo al equipo, sí. De respaldo a Almada, también. Pero de descontento con la directiva, más que nunca.











