reduce los aranceles a China y logra un acuerdo sobre tierras raras

Las claves

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Donald Trump y Xi Jinping se reunieron en Busan, Corea del Sur, logrando un acuerdo para reducir los aranceles a China del 57% al 47%.

China se compromete a reanudar las compras de soja estadounidense, mantener el flujo de exportaciones de tierras raras y combatir el comercio ilícito de fentanilo.

La Casa Blanca espera que esta cumbre sea la primera de varias entre Trump y Xi, con planes de futuros viajes a Washington y Beijing para continuar las negociaciones.

El encuentro también abordó la situación de Taiwán, con Estados Unidos asegurando que Taiwán no debería preocuparse por las conversaciones entre EEUU y China.

El encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping en el aeropuerto de Busan (Corea del Sur) ha sido provechoso para ambas partes. Trump ha anunciado que han llegado a un acuerdo y que va a reducir los aranceles a China al 47% a cambio de que Pekín reanude las compras de soja estadounidense, mantenga el flujo de exportaciones de tierras raras y tome medidas enérgicas contra el comercio ilícito de fentanilo.

El encuentro entre ambos mandatarios (no se veían cara a cara desde 2019), marca el final de la gira relámpago de Trump por Asia, durante la que el presidente de EEUU también ha logrado acuerdos comerciales con Corea del Sur, Japón y los países del sudeste asiático.

«Ha sido una reunión extraordinaria», ha señalado Trump a los periodistas a bordo del Air Force One poco después de partir de Busan, y ha añadido que los aranceles impuestos a las importaciones chinas se reducirían del 57% al 47%.

La guerra comercial entre ambas potencias se recrudeció a principios de mes después de que Beijing propusiera ampliar drásticamente las restricciones a las exportaciones de minerales de tierras raras, esenciales para la industria de alta tecnología. Un sector que, casualmente, China domina.

Trump amenazó con represalias, como aranceles adicionales del 100% sobre productos chinos, y con posibles restricciones a exportaciones a China de productos fabricados con software estadounidense. Estas medidas habrían tenido consecuencias negativas a nivel mundial.

La esperanza del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, era que Beijing retrasara un año la implementación de los controles sobre las tierras raras y reanudara las compras de soja estadounidense, vital para sus agricultores de EEUU. Y finalmente es el acuerdo al que han llegado ambas súper potencias.

Ryan Hass, especialista en China del Instituto Brookings, señaló a la agencia Reuters que, con todo, ambos países serán reacios a ceder el control sobre bienes y tecnologías de los que dependen mutuamente. «Esos puntos estratégicos permanecerán como armas cargadas sobre la mesa», explica, «mientras los líderes buscan reducir su dependencia del otro en aspectos críticos».

La Casa Blanca ha dado a entender que espera que esta cumbre sea la primera de varias entre Trump y Xi. Es más: prevé viajes a Washington y Beijing de uno y otro más pronto que tarde. Lo que no quita que Trump trate de encontrar resultados rápidos.

Al margen queda el expediente Taiwán. Un país sin apenas reconocimientos internacionales, con una democracia sólida y con el apoyo militar de Estados Unidos. También es, o sobre todo es, el principal fabricante de microprocesadores del mundo. La voluntad de Xi es reintegrar Taiwán en la República Popular. Los taiwaneses no comparten su deseo.

El secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional estadounidense, Marco Rubio, afirmó el miércoles que Taiwán no debería preocuparse por las conversaciones entre EEUU y China. Algunos analistas temen, sin embargo, que Trump haya podido ofrecer concesiones peligrosas en este ámbito. Por ejemplo, apalabrar que no saldrá en su defensa si Beijing opta por un bloqueo o una invasión de la isla.

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