Óscar Cano afronta su segunda temporada con el Zamora CF tras aterrizar en octubre de 2025 en el Ruta de la Plata como solución de urgencia a un conjunto rojiblanco lejos de sus aspiraciones. El punto de partida de una historia cuyo último capítulo se cerró con el plantel zamorano rozando con la mano su anhelado ascenso a Segunda División, sueño que ahora persigue desde el inicio de campaña con un equipo hecho a su medida.
El entrenador granadino llegó a Zamora avalado por su amplia trayectoria, habiendo acumulado experiencia tanto en la segunda categoría del fútbol nacional como en Primera RFEF tras dirigir a conjuntos de renombre nacional como el Deportivo de la Coruña o el CD Tenerife. Se presentaba como una solución a un mal arranque de campaña, el segundo consecutivo para un Juan Sabas que acabaría sufriendo el mismo destino que sus predecesores: no acumular dos años en el cargo. Un tiempo que no alcanza nadie desde la primera etapa de David Movilla en el club; una «maldición» a la que ahora se enfrenta el propio Cano.
Fiel a sus ideas
Desde el primer día, el entrenador del Zamora CF fue consecuente con su pensamiento y eso acabaría por llevarle lejos; a él y al equipo. «El fútbol es de los futbolistas», ha defendido más de una vez antes y después de ocupar el banquillo del Ruta de la Plata, asegurando ya en el feudo rojiblanco que, en este punto de su carrera, no se casa con un sistema o una idea -por mucho que tenga sus favoritas-. Tenía un objetivo y solo sus futbolistas pueden conseguirlo, por lo que su meta es que todos ellos, como conjunto, rindan al máximo nivel sobre el verde. Y así lo demostró.
Cano recogió el testigo de Sabas y montó ese cesto que su predecesor no tuvo tiempo o capacidad para armar. Elaboró mimbre a mimbre, ensamblando el equipo, hasta alcanzar por séptima vez esa posibilidad de ascenso que se esfumó a última hora. Camino en el que, a pesar de los contratiempos, hizo gala de su personalidad y de sus valores para no perder de vista la ruta que tenía el «play-off» como tierra de destino, la vía hacia una gloria de la que hubo que apearse en la penúltima parada de forma forzosa por culpa del Sabadell CF.
El Zamora CF del adiestrador andaluz tardó unas semanas en arrancar. Un tiempo que aprovechó para conocer el vestuario y las capacidades de los suyos. Como estudioso del fútbol que es, aplicó el método hipotético-deductivo de forma estricta y contrastó sus teorías buscando el resultado adecuado hasta encontrarlo sin dar nada por sentado. Así, cuando el escenario cambió y la solución ya no fue válida, volvió a la mesa para formular nuevas respuestas que tuvieran los tres puntos como producto. Porque el balompié no tiene una fórmula invariable, una única receta correcta; y Cano lo sabe.
Sin miedo al cambio de sistema
El granadino arrancó con un sistema, pero cuando los marcadores dejaron de apoyar, lo alteró. Detectó una pérdida de confianza para el fútbol asociativo y respondió abogando por un estilo más directo. Contaba con un equipo reconocible, pero fue recuperando piezas para acabar dando espacio a jugadores como Erik o Mario en la recta final. Toda una prueba de gestión cuyo desarrollo enganchó a centenares de aficionados, de los que sintió su respaldo casi unánime. Un apoyo que borraba las críticas vertidas sobre él al confirmarse como sucesor de Juan Sabas.
El ascenso hubiera sido la guinda a una temporada sobresaliente para Óscar, un curso que le granjeó algo más que crédito para continuar por segundo año en el banquillo del Ruta de la Plata. También el respeto y cariño de una afición ambiciosa que aguarda todavía más del técnico, del equipo, a partir de este fin de semana. Porque si el Cano de 2025 llegó para apagar un fuego, del Cano de 2026 se espera que prenda la llama de una nueva temporada histórica.
El entrenador andaluz afronta el reto de ese segundo año en el banquillo con la pelea por el ascenso como objetivo. Una demanda que encara sin muchas de las figuras que, por San Pedro, estuvieron cerca de dar la campanada con el -hasta ahora- imposible salto a Segunda División. Kike Márquez se fue y ya no está San Fermín; Markel no continuó y Codina vio hueco en la Liga Hypermotion… pero toda salida se vio compensada con una llegada. Fichajes pensados para elaborar un nuevo cesto, para construir un proyecto todavía más sólido.
El granadino, a diferencia del pasado curso, ha podido trabajar con la dirección deportiva a la hora de conformar un nuevo plantel. Uno que se ajuste más a sus preferencias, con jugadores más complementarios y que ha ganado en «juventud y piernas», como el propio Javier Páez apuntaba días atrás. Es un Zamora CF hecho para Cano y eso se ha visto en pretemporada: hay más dinamismo sobre el verde, la fortaleza está en el talento ofensivo, la fluidez nace del pase y la garra impulsa la presión alta. Todo tiene un orden, incluso el caos necesario para desequilibrar al rival.
Así, y tras cerrar sin derrotas el periodo de preparación, el Zamora CF y Óscar Cano abren una nueva temporada liguera juntos. Una en la que los rojiblancos estrenan proyecto. No hay reconstrucción, se empieza casi de cero; eso sí, conociendo el camino a seguir para alcanzar al destino marcado, ese que quedó pendiente y que desde este fin de semana, vuelve a ser el objetivo irrenunciable de un Zamora CF que ya no quiere rozar el ascenso, sino alcanzarlo bajo el liderazgo de su actual entrenador.
Fuente: La Opinión de Zamora















