Shivon Zilis, empresaria, inversora de capital riesgo, madre de cuatro de los 14 hijos de Elon Musk y ya expareja del multimillonario, acaba de anunciar la ruptura de la relación, decisión unilateral del magnate comunicada una semana después de que el hombre más rico del mundo le dijera que la amaba. En un extenso comunicado en la red social de la que Musk es propietario, Zilis ha dado la noticia con la dignidad que se le presume a una mujer con su formación. También con mucha inteligencia, dado que, a riesgo de que los empleados de X pulsaran el botón de ‘eliminar mensaje’ a una orden de su patrón, no es cuestión de vituperar al padre de tus hijos en su propio medio.
Digna, aunque notoriamente dolida, pues no se ha guardado para sí, sino que ha hecho público el mensaje de texto que Musk—en la agenda de Shivon, simplemente E— envió a Zilis apenas una semana antes de mandarla a paseo: «Ha sido maravilloso verte en el desayuno. Te amo mucho [emoticono de corazoncitos]». Ese encuentro extraordinario entre tortitas, sirope, zumo de sobre y café aguado revela que desayunaron juntos, pero es poco probable que compartieran sábanas de raso.
Shivon Zilis (Ontario, Canadá, 40 años) está lejos de representar el perfil de la arribista perversa y cazafortunas que se casa por el dinero de su marido. Su carrera profesional arrancó en IBM. La empresaria e inversora, educada en Yale, ya era un cerebro muy bien posicionado en empresas de capital riesgo y de inteligencia artificial cuando conoció a Elon Musk en OpenAI, de la que el dueño de Tesla fue cofundador en 2015 para cuatro años después vender sus participaciones. Para su graduación en Yale se sirvió de una beca deportiva. Ya saben, en EEUU tienes la posibilidad de sacarte una carrera si sabes tirar a canasta. En el caso de Zilis, su disciplina era el hockey sobre hielo, en concreto la portería. No hay noticias de que se liara a mamporros con el equipo rival.
Sus biografías no oficiales apuntan a que toca la batería, la guitarra y tiene afición por la literatura y la filosofía, principalmente por la obra de David Hume y Friedrich Nietzsche, que dejó escrito aquello: «Allí donde el Estado acaba, ¿no veis el arco iris y los puentes tendidos hacia el superhombre?». ¿Y si Shivon Zilis, en una nación en la que el Estado se pierde cuando arrasa un huracán, vio esos puentes tendidos hacia el progenitor de sus hijos?
En 2021 fueron padres de gemelos, Strider y Azure. Luego llegó la niña Arcadia (2024) y al año siguiente Seldon Lycurgus. Aunque por sus nombres puedan parecer personajes de Star Trek, los cuatro conforman la prole que ambos engendraron.
Shivon Zilis es de origen panyabí, un grupo etnográfico de Asia del Sur a caballo entre India y Pakistán. La relación comenzó antes de que Elon Musk hiciera el saludo nazi para celebrar la toma de posesión de Donald Trump y quisiera expulsar de Norteamérica a todos los inmigrantes con no menos de cinco ceros en la cuenta del banco o no puedan pagarse un seguro médico.
Su anuncio / despedida conforma una edulcorada declaración de amor hacia el fabricante de satélites, cohetes espaciales, coches eléctricos y propietario de la red social de la infamia. «Es difícil pasar de estar enamorado a dejar ir en una semana sin previo aviso, pero así son las cosas a veces […] Lo he amado más que a mi propia vida y me ha enseñado cien vidas de sabiduría y ha llenado mi vida de significado».
No desvela nada nuevo de la personalidad de Elon Musk, aunque evidencia que entre alabanzas y palabras de cariño, también se puede leer entre líneas: «Dada la naturaleza tumultuosa de su infancia, su alma a menudo atormentada, lo mucho que luchaba por la humanidad…». En el terreno amoroso, no hay que fiarse nunca de un tipo que ha reconocido su bipolaridad y cuyo principal asesor, dado que es el jefe supremo y pocos se atreverían a contradecirle, es la inteligencia artificial, sobre la que la ya expareja de Shivon Zilis vaticinó en 2014: «Con la inteligencia artificial estamos invocando al demonio». No ha parado de invocarlo desde entonces.
Shivon Zilis es la actual directora de operaciones de la empresa de neurotecnología Neuralink (Elon Musk su propietario) y mantiene su puesto en la junta de OpenAI. Por méritos propios, trabajo no le va a faltar. Su despedida, a modo de coda, de quien hasta hace unos días era la persona que «me deleitaba devolviendo una sonrisa a su rostro cuando estaba decaído» alberga no pocas lecturas y puede ser entendida tanto desde la sinceridad como desde la ironía, según los ojos que la lean: «Que Dios te acompañe, Elon. El mundo tiene suerte de tenerte». No sé yo.












