Escrutados el 91% del padrón electoral, Flávio Bolsonaro alcanzaba el 47,9% de los votos, casi cuatro puntos más que Luiz Inacio Lula da Silva. El ultraderchista quedó muy cerca de ser proclamado presidente este domingo. Sin embargo, cuando comenzaron computarse las regiones más favorables al líder del Partido de los Trabajadores (PT) se abrió la puerta de un segundo turno el 25 de octubre. Bolsonaro quda no obstante en una mejor posición y con mayor predominio en el Congreso. Lula necesitará de un verdadero milagro político para remontar la situación. «Las elecciones más impredecibles desde la democratización», en 1985, según el diario carioca O Globo, son, también, las que podrían definir el rumbo y la inserción del gigante sudamericano en los próximos años.
«El pueblo tendrá que elegir entre el fortalecimiento de la democracia y la barbarie«, dijo Lula tras votar en São Bernardo do Campo, en la periferia paulista, donde forjó su leyenda décadas atrás. La polarización en el gigante sudamericano es profunda: se ha votado a favor o en contra, ya sea por adhesión explícita o porque son considerados un «mal menor». Esa línea divisoria influirá de manera quizá decisiva en el modo que se repartirán las adhesiones de los otros competidores en el eventual segundo turno.
La palabra de Bolsonaro
«Ya en esta primera vuelta se observa una clara tendencia de voto de protesta«. Bolsonaro votó en una escuela en la zona norte de Río de Janeiro, en medio de gritos de «fascista», pero también aplausos de algunos simpatizantes. «Quiero liberar al pueblo brasileño«, dijo el aspirante del Partido Liberal e hijo del expresidente encarcelado.
De cara al 25 de octubre, y a juzgar por los resultados de este domingo, tan apretados, Lula parece correr con desventaja, algo que los analistas venían contemplando a la luz de lo que sucede en ese país desde 2020: el partido en el poder fue derrotado en 40 de 54 elecciones nacionales durante ese período. La enorme tarea de Lula, el Partido de los Trabajadores (PT) y sus aliados de centro, es constituirse en excepción a esa regla predominante.
Los signos de cansancio
Flávio convirtió el carrito de compras de las plataformas digitales en un símbolo de la campaña. La ultraderecha vendió una afinidad y una actitud de rechazo. «Apostó por el descontento del elector ante la pérdida de poder adquisitivo, aunque el aumento de los precios de los alimentos había sido mucho mayor durante el Gobierno de su padre que en el actual», recordó Bernardo Mello Franco en O Globo. Lula, señalan algunos observadores, necesita rediseñar su campaña. «En busca de su cuarto mandato, Lula dedicó más tiempo a hablar de su legado que a señalar el futuro. «Parecía esperar un homenaje por el conjunto de su obra, cuando el elector ya daba señales de cansancio«, añadió Mello Franco. En adelante, el líder del PT debe darle su propio sentido al verbo «cambiar»: no todo lo que se reemplaza es mejor que lo que existe.
El valor del verbo «cambiar»
El llamado al cambio también marca el tono de la contienda presidencial. «Es hora de cambiar», dijo el ultraderechista. «Cambiar es seguir avanzando», subrayó Lula. El verbo tiene, sin embargo, interpretaciones. La campaña electoral se reanudará en breve y resta saber si los candidatos aceptarán debatir cara a cara en los estudios de la televisión Globo.
Hasta ahora, la discusión fue más visceral, una manera de Lula y Bolsonaro de mostrar cuánto se desprecian mutuamente. Pero existe un trasfondo inevitable y es que Lula y Bolsonaro se diferencian en temas medulares, como la presión del fisco, el papel del Estado, los costos de un ajuste y las escalas impositivas. Bolsonaro quiere hacer lo que su padre no pudo: privatizar empresas públicas. No le interesa la reducción de la jornada laboral y, sobre todo, quiere un Ministerio de Seguridad Pública y una red carcelaria inspirada en el salvadoreño Nayib Bukele para combatir a PCC y Comando Vermelho, las bandas que Donald Trump, para complacer al candidato del PL, nombró «organizaciones terroristas». Otra línea divisoria se traza entre Lula y Bolsonaro que hará inclinar en semanas la balanza de los indecisos: el primero propone fortalecer el BRICS y el Mercosur, mientras que su rival quiere alinearse por completo con Estados Unidos.
El fantasma de la intervención norteamericana en las elecciones flotó también este domingo. El ministro de Justicia y Seguridad Pública, Wellington Lima e Silva, dijo que solo se podrá descartar una posible interferencia externa en las elecciones de este año tras un análisis técnico de la Policía Federal.
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