Desde los laboratorios sevillanos se trabaja en una hipótesis que podría cambiar la forma en la que se administra uno de los tratamientos más utilizados contra el cáncer: la radioterapia. El objetivo es identificar si existe un momento concreto del día en el que las células tumorales respondan mejor a la irradiación y desarrollar un marcador que permita adaptar el tratamiento al reloj biológico de cada paciente. Dicho de otra forma, el equipo del doctor Pablo Huertas (Sevilla, 1975) busca demostrar que la eficacia de la radioterapia puede depender también de cuándo se aplica. Si los resultados se confirman, esta información podría incorporarse a los protocolos clínicos para hacer el tratamiento más preciso y reducir su impacto sobre los pacientes.
Detrás del proyecto está el Grupo de Investigación del Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (CABIMER), dirigido por Huertas, profesor titular de la Universidad de Sevilla. Su equipo lleva cerca de ocho años investigando una hipótesis conocida como cronoterapia, una estrategia que estudia cómo adaptar los tratamientos médicos al momento del día en el que el organismo puede responder mejor. «Todo partió de una pregunta que nos hicimos el equipo hace ya unos años: ¿Reparan las células humanas su ADN igual, independientemente de la hora del día? Descubrimos que no era así, que, de hecho, las células humanas reparan mejor su ADN cuando es temprano por la mañana y, sin embargo, por la tarde reparan peor», relata el investigador, que se reúne con El Correo de Andalucía con motivo del Día Mundial de la Investigación en Cáncer.
Una investigadora del equipo de Pablo Huertas en un laboratorio de Cabimer. / Rocío Soler Coll
La primera fase del proyecto se desarrolló junto al Servicio de Radioterapia del Hospital Virgen del Rocío. El equipo comprobó que la capacidad de reparación del ADN variaba según la hora del día, lo que abría una nueva pregunta: si las células sanas y tumorales responden de forma diferente a la radiación dependiendo del momento, ¿podría aprovecharse esa diferencia para mejorar el tratamiento? «Ahí dimos con un cambio en la mejora terapéutica de la radiación, que dependía de la hora del día». Sin embargo, el análisis posterior reveló que el efecto no era aplicable a todos los tumores. Esa conclusión obligó a cerrar una primera etapa de la investigación y a abrir una nueva línea de trabajo centrada en identificar en qué tipos de cáncer podría tener utilidad.
Una investigación pionera a nivel mundial
Actualmente, el biólogo afronta la segunda fase del proyecto, que ha podido continuar gracias a la financiación de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). La Fundación Científica de esta entidad ha concedido 300.000 euros durante tres años para avanzar en la investigación. El objetivo ahora es conseguir las evidencias necesarias para dar el salto hacia estudios con pacientes.
Si finalmente se confirma su utilidad clínica, la aplicación tendría una ventaja: no exigiría incorporar un nuevo medicamento ni una tecnología compleja, sino modificar el momento en el que se administra la radioterapia.»Una de las cosas que a mí me gusta de este proyecto es que su traslación clínica es relativamente sencilla. No requiere un fármaco, ni nada que tenga que aprobar la Agencia Europea del Medicamento». A día de hoy, los horarios de esta terapia no se establecen en función del reloj biológico del paciente. «Por lo que yo sé, es una cuestión exclusivamente de organización interna de los huecos que hay en el hospital», añade.

Parte del equipo del profesor Pablo Huertas, en los laboratorios de Cabimer. / Rocío Soler Coll
Antes de que esta hipótesis pueda cambiar la práctica clínica, todavía queda un paso fundamental: comprobar sus resultados en pacientes. «Cuando terminemos esta parte del proyecto buscaré financiación para avanzar hacia un ensayo clínico o, por lo menos, estudios reales y observacionales en pacientes para ver si es aplicable en la clínica».
La financiación, una carrera paralela
Como ocurre con buena parte de la investigación biomédica, el avance del proyecto depende también de conseguir recursos para mantenerlo en el tiempo. Huertas reconoce que la búsqueda de financiación forma parte de su día a día. «Estoy todo el tiempo pendiente buscando becas de todo tipo, nacionales, internacionales, de centros privados o públicos. Cada año pido cinco o seis proyectos«.
Antes de la ayuda de la AECC, el equipo contó con una primera financiación para desarrollar la investigación valorada en 1,5 millones de euros. Ahora, los 300.000 euros concedidos por la Fundación Científica permiten mantener abierta esta segunda etapa. «La asociación es tremendamente generosa, es decir, el nivel de financiación de sus proyectos es muy alto y no solo para proyectos grandes como este, para todo tipo de estudios e investigaciones».

Investigadora del equipo del profesor Pablo Huertas en los laboratorios de Cabimer. / Rocío Soler Coll
Cuando habla de aportaciones, destaca especialmente el papel de las aportaciones ciudadanas, de aquellas que llegan de cenas solidarias, ferias, sorteos o simplemente, cuotas. «Las donaciones de la gente, que vienen de la AECC, cuadruplican lo que recibimos del Ministerio».
Cuando habla de investigación, de fondos, de recaudaciones, sitúa a Sevilla en el epicentro del mapa. No porque ya esté a la altura de capitales como Madrid o Barcelona, sino por el potencial desconocido para buena parte de la sociedad. «Hay un problema con la comunicación y visibilidad, la gente no sabe que aquí hay referentes mundiales que no han tenido la necesidad de irse a Harvard o a Cambridge y están cambiando el curso de las enfermedades».
En plena búsqueda para dar con más fondos, el reto de Huertas y los cuatro profesionales que forman parte de su equipo es que esta investigación nacida en los laboratorios sevillanos pueda llegar algún día a los hospitales. Que la pregunta sobre la hora de la radioterapia deje de depender de la organización interna de una sala y pase a formar parte de la medicina personalizada contra el cáncer.
Fuente: El Correo de Andalucía














