En la élite y sobre todo en el Real Madrid no hay lugar para la autocomplacencia. Al menos es una de las frases que ha acuñado el presidente del club, Florentino Pérez, desde su segundo desembarco en el año 2009 y eso implica a todos los estamentos y secciones de la entidad. El baloncesto con más razón todavía, tras vivir una década ominosa bajo la batuta de Pablo Laso y Chus Mateo, con la más agria que dulce experiencia de Sergio Scariolo, no hay tiempo para celebrar la primera victoria oficial de la era Pedro Martínez. El técnico catalán, que llevó a su plantilla a remontar una ventaja de 16 puntos, mide este sábado sus bases frente a Olympiacos en una final con aroma de venganza. No para él ni para una parte importante de su elenco, que es prácticamente nuevo; pero sí para un club que rozó la gesta en mayo pese a la epidemia de lesiones de su juego interior. El campeón griego, reforzado, es el gran escollo para que la nueva era merengue arranque con buen sabor de boca.
El conjunto de El Pireo se llevó el título en una final de infarto que condicionaría el último tramo de temporada del Real Madrid de Sergio Scariolo. Los blancos llevaron a Olympiacos al límite mientras el arbitraje se lo permitió, pese a llegar condicionado por la vital baja de Edy Tavares, y las no menos importantes de Usman Garuba y Alex Len, que privaban al italiano de contar con una figura crucial para proteger los tableros y pelear en la zona. Andrés Feliz tuvo en sus manos incluso un triple para empatar a falta de once segundos, antes de que los helenos se aseguraran el título de la línea de tiros libres ante un equipo desgastado física y emocionalmente. Tras esa derrota, el club merengue fue incapaz de eliminar a La Laguna Tenerife en los cuartos de final del playoff de Liga Endesa, por lo que la dirección optó por destituir al exseleccionador y dar un golpe sobre la mesa con la sorprendente contratación de Pedro Martínez.
Una venganza heredada
Presentar la final de Abu Dabi como una revancha es tentador. El rival es el mismo y el recuerdo sigue tan vigente que aún duele en las almas madridistas, pero el uso del término requiere de algún que otro matiz. Pedro Martínez no perdió aquella Euroliga. Tampoco Luwawu-Cabarrot, Jaime Pradilla, Mikael Jantunen, Olivier Sarr o Max Shulga. Cinco jugadores que, a expensas de que pueda debutar este sábado Nick Smith Jr. – guinda al pastel veraniego -, disputaron ante Dubai Basketball sus primeros minutos oficiales con la casaca blanca. La memoria de aquella derrota pertenece sobre todo al club y a quienes estuvieron en Atenas, ya sea en el parqué o apoyando al equipo, como Facu Campazzo, Deck, Andrés Feliz o Theo Maledon. Para los recién llegados, Olympiacos representa otra cosa: el primer gran examen de una etapa que aún está en pañales.
Es ahí donde reside una de las paradojas más interesantes de esta final. Los clubes conservan las derrotas aunque cambien quienes las padecieron. Mantienen rivalidades y recuerdos que terminan intoxicando a entrenadores y fichajes recién aterrizados. Pedro Martínez aún está esperando que el hormigón se endurezca para construir su monumento, pero ya ha heredado parte del peso de lo ocurrido en la etapa anterior. La propia Supercopa ha acelerado este reencuentro para repetir, apenas cuatro meses después y como prólogo de una ilusionante temporada, el duelo por el último entorchado europeo. Una reválida que no cambiará el pasado, pero que sin duda definirá el futuro del equipo al margen del resultado.
El primer Madrid de Pedro Martínez tuvo que levantarse
Para llegar a esta venganza a medias, el Madrid tuvo que remontar un partido que se le había puesto cuesta arriba hasta antes del descanso. El Dubai de Xavi Pascual tuvo contra las cuerdas al proyecto de Pedro Martínez, arrinconándolo contra su esquina a base de triples y una defensa que provocó el colapso del ataque blanco, hasta disponer de una renta de 16 puntos. Primera toma de contacto alejada de la solidez que busca el técnico catalán. La nota positiva, sin embargo, fue que el propio Martínez no se rindió. Buscó quintetos que frenaran la sangría anotadora y lo consiguió, permitiéndole igualar el marcador prácticamente con el sonido de la bocina que señalaba el camino a vestuarios. La reacción continuó tras reanudarse el juego, forzando la prórroga y cerrando el partido, con alguna que otra turbulencia, con un 95-98 que le concedió su primera victoria oficial como técnico merengue.
El estreno dio algunas pistas de lo que será este nuevo Real Madrid. Tavares acabó con 20 puntos y una valoración de 22 en su tarjeta. Luwawu-Cabarrot, uno de los recién llegados, convirtió 22 tantos en su debut, mientras que Jaime Pradilla evocó a Felipe Reyes con un recital de intangibles y puntos clave en el último cuarto. Martínez, sin embargo, bajó el suflé del optimismo ante los medios de comunicación: “Hemos sufrido y el equipo ha demostrado capacidad de sufrimiento y personalidad”. No obstante, también señaló las parcelas a corregir, especialmente en la defensa del uno contra uno, elevar el nivel físico y encontrar mejores situaciones de triple. “Es normal en el momento de la temporada en el que estamos”, añadió.
Tragedia turco-griega
Los helenos tampoco sacaron su billete a la final con comodidad. El Fenerbahce impuso su ley durante una buena parte del encuentro, gozando de una ventaja de once puntos antes de que Olympiacos reaccionara para cerrar el partido con un ajustadísimo 92-90. El vigente campeón europeo mandaba un mensaje a todos los rivales. En Atenas ya demostró su capacidad para jugar los minutos donde las papas queman. Lo hizo ante el Madrid y lo ha vuelto a hacer en Abu Dabi para dejar claro que a los franjirrojos hay que tomarles el pulso antes de darles por muertos.
La diferencia está en el punto de partida. Olympiacos llega como campeón y con una continuidad mayor en su estructura, mientras Pedro Martínez sigue repartiendo funciones y ajustando piezas. Antes de comenzar la Supercopa, el técnico blanco ya había advertido que en estas competiciones de septiembre se juega “un poco a ciegas”. Su intención era concentrarse más en lo que dependía de su propio equipo que en preparar exhaustivamente al rival. Después del primer partido, esa incertidumbre sigue ahí. La semifinal confirmó recursos, pero también dejó problemas por corregir y preguntas abiertas sobre cómo quiere atacar este Madrid, cuánto pretende correr y qué peso tendrán los nuevos dentro de una plantilla profundamente renovada.
Una final que no devuelve mayo
Ganar la Supercopa no borraría lo sucedido en Atenas. Las dos competiciones no tienen el mismo valor y reducir el partido a una revancha automática simplificaría demasiado el contexto. Pero tampoco será una final cualquiera. Olympiacos es el equipo que dejó al Madrid sin el último gran título europeo de la temporada pasada y ahora aparece de nuevo justo cuando el club intenta construir una etapa distinta.
Pedro Martínez no contrajo aquella deuda, pero la encontró al llegar. Su primer partido oficial le obligó a remontar 16 puntos y el segundo ya le coloca frente al campeón de Europa y ante el rival que cerró el curso anterior con una derrota. El Madrid ha cambiado mucho desde mayo; la final servirá para medir cuánto.













