El Real Madrid volvió a ganar un título, la Supercopa de Europa, después de pasar un año en blanco, algo que no le pasaba desde 2011. Frente al vigente campeón de Euroliga, Olympiacos, y en un ejercicio de carácter más que de buen juego, los de Pedro Martínez demostraron su resiliencia a falta de un baloncesto que todavía no fluye en la cancha como en la pizarra del catalán. El barcelonés le había ganado la pasada temporada tres de los cuatro partidos que jugó con Valencia al Olympiacos de Georgios Bartzokas. Pero esta vez se medían con un título en juego, el primero de Martínez como técnico blanco.
Equipo en construcción
Anda el Real Madrid implantando el playbook de Martínez, totalmente opuesto al que quiso imponer el año pasado Scariolo y con media docena de jugadores nuevos. Pedro quiere ritmo asfixiante en las zonas, pocos botes, posesiones vertiginosas, cambios constantes y lanzar antes de pensar. Algo que provoca que se caiga en la precipitación y se amontonen las pérdidas. Como los griegos también quisieron correr de inicio, el partido comenzó siendo de patio de colegio. Los exteriores del Madrid aún no se tienen fe para lanzar todo lo que le llega, como pretende su entrenador. Y los Jankunen, Luwawu-Cabarrot, Jones o Sarr aún tratan de cogerle el aire al club. Solo hay dos que se encuentran como pez en el agua, Pradilla, que ya convivió los dos últimos años Valencia con el entrenador barcelonés, y Llull, el pistolero más rápido del vestuario blanco, que disfruta su 21ª temporada de blanco.
Vezenkov comenzó liderando a Olympiacos y TLC (Timothe Luwawu-Cabarrot) sacó a paseo su muñeca de seda en los blancos. Las defensas se imponían a los ataques, por eso cuando el Real Madrid encadenó tres triples abrió brecha (12-20). En la escuadra helena Jean Montero no salió hasta el final del primer cuarto y Fournier vio el parcial entero desde el banquillo. Dorsey, que no estaba fino, hizo saltar chispas en un encontronazo con Campazzo. Olía a final. Los blancos ganaban (15-24) tras enderezar el correcalles, defender y dominar las zonas (14 rebotes a 6). Al Madrid se le adivinaba más el sello Martínez que en la semifinal.
La mala noticia eran las pérdidas (10 al inicio del segundo parcial) y la aparición de Montero y Fournier para estrechar el marcador (24-27). Emergió TLC para reactivar a los madrileños, que ocupaban bien las esquinas despejando el tráfico en la zona. Corría bien el Madrid disparando de nuevo la ventaja (27-37), lo que provocó que Bartzokas aprovechase la tercera de Tavares (+17 con él en cancha) para rebajar las revoluciones al partido para rebajar la renta en contra de diez a cuatro puntos dejando el marcador al descanso (43-47).
Una pésima puesta en acción blanca encajando un (0-7) en menos de un minuto puso por delante a Olympiacos, aunque lo maquilló con dos triples Deck (53-53). La sangría se ampliaba con cuatro pérdidas en una reanudación que por primera vez estiraba el marcador a favor del conjunto heleno (61-56). Miller-McIntire (7 asistencias) dirigía con inteligencia y Ward aparecía fuera del radar defensivo blanco. Se agarraba al partido el Madrid en su peor momento de la final pese a desangrarse desde el tiro libre, donde los griegos sumaban 22 puntos por 14 de los de Martínez. En medio de un panorama plomizo apareció la clarividencia de Maledon (6 asistencias) sacando faltas a los rivales desde su manejo. Llovía menos, hasta el punto de dar la vuelta al marcador (70-75) obligando a Bartzokas a echar mano de Fournier y Montero otra vez. El parcial (11-4) al final del tercer cuarto dejó al Madrid (72-75) arriba a falta de diez minutos.
El último cuarto empezó con una noticia buena (parcial de 5-0) y una mala (cuarta personal de Tavares con siete minutos por delante). Un triple desde la esquina de TLC colocó un colchón (72-82) porque Olympiacos no anotó su primer punto hasta pasados tres minutos y medio. Jones y Jankunen blindaban la zona en defensa, pero en ataque sobraban botes y faltaba determinación por las 21 pérdidas acumuladas. A falta de fluidez, el Madrid tiró de oficio, forzando faltas y metiendo en bonus rápido a Olympiacos, lo que le permitió puntos más baratos en un momento especialmente complicado. Los de Martínez trataban de resistir los arreones de Montero, Vezenkov y Fournier a golpe de triples (89-91). Caga jugada era un Vietnam. Y al final el talento competitivo de los blancos selló el título con una canasta agónica de Andrés Feliz.
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