- Un inicio construido alrededor del bajo
- El disco cambia cuando aparece el amor
- De la calma otra vez al baile
- ‘Snow’ baja las luces antes del final
- Un disco menos pendiente de las listas
La cola daba prácticamente la vuelta al edificio antes de que empezara a sonar una sola canción. Camisetas de distintas épocas de Miley, diseños hechos por los propios seguidores, fotografías con los regalos repartidos durante el evento y un público que había llegado dispuesto a convertir una escucha colectiva en algo parecido a un concierto.
Madrid acogió el pasado 16 de septiembre la listening party de ‘Bass Persuades’, el nuevo trabajo de Miley, en Say No More At Nomade Temple, con entrada libre hasta completar aforo. Desde los primeros minutos hubo aplausos, gente cantando y una respuesta especialmente visible cada vez que aparecía alguno de los temas llamados a ocupar un lugar destacado en esta nueva etapa.
Y esa reacción del público sirve también para entender el disco.
‘Bass Persuades’ no parece construido únicamente alrededor de un sencillo destinado a dominar las listas. Es, más bien, un álbum pensado como conjunto, con canciones que pasan de la pista de baile a momentos mucho más íntimos sin romper del todo la atmósfera.
Un inicio construido alrededor del bajo
El tema que da nombre al álbum abre el proyecto con una producción nocturna y contenida.
‘Bass Persuades’ se apoya en sintetizadores, pulsaciones graves y un ritmo que funciona mejor por acumulación que por explosión. No busca un estribillo inmediato, sino introducir al oyente en el universo del disco.
En Madrid, esa decisión funcionó especialmente bien. La sala conectó rápido con el componente más bailable del tema y dejó claro que buena parte del álbum está diseñado para crecer cuando se escucha acompañado.
Después aparece ‘Different Religion’, junto a Model/Actriz, que lleva el disco hacia un terreno más oscuro. Rock alternativo, electrónica y sonidos de club se mezclan en uno de los cortes donde Miley muestra una cara menos convencional.
El disco cambia cuando aparece el amor
La dirección cambia con ‘Let’s Get Married’.
Después de los primeros cortes, la canción introduce una melodía más luminosa y coloca la voz de Miley en el centro. El tema está ligado a su relación con Maxx Morando y funciona como uno de los momentos más personales del álbum.
No es una canción sobre la búsqueda del amor, sino sobre la tranquilidad de sentir que ya se ha encontrado.
Esa misma línea continúa en ‘Orbit’, una balada dominada por el piano que rebaja las pulsaciones y presenta el amor como refugio y estabilidad. Miley no necesita grandes artificios en este punto. Su voz sostiene prácticamente toda la canción y demuestra que los momentos más contenidos del disco también están entre los más eficaces.
De la calma otra vez al baile
El álbum no permanece demasiado tiempo quieto.
‘Aftermath’ comienza de manera delicada y va creciendo hasta convertirse en uno de los momentos más orientados al baile. Durante la escucha en Madrid, el cambio se notó inmediatamente entre los asistentes. Es uno de esos temas que parecen pedir escenario y público.
Algo parecido ocurre con ‘REDLIGHTS’, probablemente una de las melodías más fáciles de retener en una primera escucha. Tiene referencias al pop y al disco de décadas anteriores, pero mantiene una producción suficientemente actual como para no convertirse en un simple ejercicio de nostalgia.
‘Neon Signs’, junto a Andrew Wyatt, introduce después un tono más indie y nocturno, mientras ‘Innocent Ways’ vuelve a elevar la energía.
Esta última provocó una de las reacciones más claras durante la listening party. La canción gira alrededor de la relación de Miley con su hermana y mezcla protección, preocupación y reconocimiento entre ambas.
‘Snow’ baja las luces antes del final
Cuando el disco parece haber recorrido prácticamente todos sus registros, aparece ‘Snow’.
Es una balada ligada a la petición de matrimonio que Miley vivió en Kioto y sirve como cierre emocional del recorrido. Frente a otras canciones construidas sobre el deseo o la incertidumbre, aquí domina la seguridad.
La canción habla de reconocer que algo importante está a punto de ocurrir y, en lugar de temerlo, esperar que suceda.
Después, ‘Bass Persuades Remix’ devuelve el disco al punto de partida: bajos, electrónica y pista de baile.
Un disco menos pendiente de las listas
La impresión que deja ‘Bass Persuades’ después de una primera escucha completa es la de una artista que ya no necesita demostrar constantemente que puede cambiar de estilo.
Miley simplemente se mueve entre ellos.
Hay canciones más inmediatas que otras y algunos experimentos funcionan mejor que otros, pero el conjunto mantiene una identidad reconocible: bajos, nocturnidad, romance, baladas y una producción que deja suficiente espacio a una de sus principales fortalezas, la voz.
La listening party de Madrid terminó de completar esa sensación.
Entre aplausos, seguidores cantando y camisetas que recordaban distintas etapas de su carrera, el evento reflejó precisamente el punto en el que parece encontrarse Miley: una artista capaz de mirar hacia todas sus versiones anteriores sin necesidad de repetir ninguna de ellas.
‘Bass Persuades’ no renuncia al baile ni al pop, pero tampoco parece obsesionado con perseguir el siguiente fenómeno viral.
Y quizá precisamente por eso encuentra su mejor argumento: sonar como el disco que Miley quería hacer ahora.











