¿Qué estaba haciendo cuando recibió la noticia de que le habían concedido el Premio Nacional de Música en la modalidad de Composición?
¿En plan oficial? (Risas) Pues mira, estaba almorzando en un restaurante en Las Canteras con Domingo ‘El Colorao’ y unos amigos de Fuerteventura. Me llamaron del Ministerio de Cultura y me dieron la noticia. Yo ni me lo creía. Y bueno, se me saltaron las lágrimas, que yo no soy de lágrima fácil. Fue muy emocionante. Me siento muy feliz.
El Ministerio anunciaba que la reconocían “por la personalidad y madurez de un lenguaje creativo que ha enriquecido de forma significativa la música española contemporánea”.
A ver, hay muchos grandes compositores actualmente en España tan merecedores o más de este premio. Agradezco muchísimo a los miembros del jurado que me hayan reconocido y que hayan destacado con esas palabras mi trayectoria. Yo creo que quizás mi lenguaje creativo es bastante personal y me diferencia de muchos creadores actuales que han tenido una formación estética, quizás más influida por Europa, por todos los lenguajes que se han dado pues desde la mitad del siglo XX hasta la actualidad. Muy marcado a veces por experimentaciones tímbricas, por recursos, digamos de estéticas más contemporáneas o vanguardistas. Y mi lenguaje mantiene una tradición que bebe absolutamente de la música clásica en la que yo me he formado, pero al mismo tiempo mezclada con mis raíces canarias. Siempre con ese elemento que nos hace recordar cosas de Canarias. He utilizado elementos como el silbo gomero, las chácaras, las percusiones nuestras o más recientemente las músicas del folclore. Mi música es muy expresiva, muy comunicativa. Me preocupo mucho por la conexión con los intérpretes y con el público, algo que también a nivel histórico a mitad del siglo XX se generó una ruptura con el público.
Este Premio Nacional empieza en la Escuela de Música de Santa Lucía y ahora recoge este importante reconocimiento.
Efectivamente. Y la verdad es que me emociona porque… (se emociona). La verdad es que estos días ha sido todo muy emocionante porque me acuerdo de tanta gente. Por ejemplo, Paco Brito, que realmente fue el primer compositor que conocí y fue en la Escuela de Música de Vecindario. Él estaría superorgulloso. Efectivamente, mis orígenes son esa escuela de música, yo viéndole a él componer y luego tocaba las piezas que él componía al piano. Realmente ahí se fue forjando sin quererlo y sin pensarlo mi inquietud por la creación. Pues ahí está el origen, ¡Casi nada! (Risas).
Decía usted que Canarias estaba siempre muy presente en su forma de componer.
Sí, a nivel puramente musical, con los propios timbres. Es decir, una oye un timple, unas chácaras o un silbo gomero y está Canarias ahí presente y pone la piel de gallina a cualquier canario donde quiera que esté. Pero luego también a nivel un poquito más interno, que si yo no lo cuento a lo mejor el público pues no puede captarlo. Me inspiro mucho en elementos extramusicales como, por ejemplo, la literatura. Hay muchísimos autores canarios en mi selección de textos a lo largo de mi producción. Autores vivos, como Elvireta Escobio, Elsa López, Selena Millares, Santiago Gil, Marcos Hormiga… Y luego muchos de los grandes, Tomás Morales, Benito Pérez Galdós, Pedro García Cabrera… Bueno, pues me he inspirado en muchos textos porque a mí las palabras enseguida me dan ideas musicales. Me vienen sonoridades a la mente y es fácil empezar una obra de esa manera. Luego, también en lo visual. La pintura me ayuda mucho porque mi música es como por capas. Como si fueran capas de pintura que se ponen en un lienzo. Partiendo de ahí he hecho obras inspiradas en pinturas de Manolo Millares, de Antonio Padrón, de Pedro Lezcano Jaén… Pues todos estos elementos, sin duda, me unen a Canarias. Y nuestro paisaje, nuestro clima nos hace ser como somos y la música creo que es la manera en que expresamos lo que somos y cómo vemos el mundo.
De alguna forma siento que usted también comparte este galardón con otras muchas personas.
Así es. Desde que comencé en esa escuela municipal ha habido un trayecto muy largo y he dependido de mucha gente. Es decir, esto es un premio que me dan a mí, pero detrás hay muchas personas. Grandes maestros que han creído siempre en mí, que me han apoyado. Hay familia que están siempre ahí. Hay compañeros, y sobre todo intérpretes, porque al final un compositor depende de que otras personas hagan realidad mi música. Yo entrego partituras, pero tiene que haber un equipo que estudie las partituras con mimo. Que las pongan en un escenario y hacer que llegue al público. Yo sin los intérpretes no soy nada. Entonces hay mucha gente que me ha ayudado en el camino.
Usted es joven y ya ha sido reconocida su aportación a la música española y también canaria.
Sí, bueno, una piensa que estos premios llegan cuando ya una es muy mayor y, sin duda, para mí es un honor enorme porque yo creo que este es el premio máximo al que yo puedo aspirar en España. O sea, es que ser Premio Nacional de Música es algo muy grande. Y sí, parece que estas cosas llegan cuando ya una está al final de su vida, de su carrera, pero me llega en un momento dorado: en un momento muy bonito de mi trayectoria. En los últimos cinco o seis años he hecho muchísima producción. He podido contar con grandes encargos, con grandes orquestas y grandes intérpretes. Y bueno, yo agradezco mucho a todas las instituciones culturales que confían en mi trabajo y me piden obras, me hacen encargos para eventos concretos, para temporadas de orquestas, para festivales. Me siento ahora mismo una privilegiada. Afortunadísima de poder contar con toda esta actividad.
¿Qué proyectos maneja de cara al futuro, que quizás aumenten a raíz de este premio nacional?
Pues no lo sé. (Risas) La verdad es que si me vienen más no voy a poder asumir tanto porque crear cada obra musical sinfónica y de cierta duración requiere de varios meses de trabajo. Tampoco puedo producir tanta música. Es decir, yo llevo una producción media de seis, siete u ocho obras anuales, y eso es una barbaridad para un compositor de música clásica. Entonces, puedo decir que cuento con numerosos encargos para cada año y que claro, bienvenidos serán todos los proyectos que surjan, pero tampoco puedo asumir tanto. Tendré que ir haciendo una selección o ir gestionando muy bien los tiempos y ver qué puedo asumir y qué no. Si me meto en un proyecto, me gusta hacerlo lo mejor posible y soy muy disciplinada en mi trabajo. Me organizo muy bien, pero claro, una tiene un límite (risas). Pero bueno, bienvenidos serán los posibles proyectos que surjan.
¿Con qué sueña Laura Vega?
Sueño con ser feliz. La verdad, y soy muy feliz. La vida me ha premiado con muchas cosas que me han dado mucha felicidad, muchas satisfacciones en todos los sentidos: a nivel personal, a nivel profesional. Y ese es mi sueño realmente, y lo demás es ir trabajando cada día y disfrutando con ese trabajo.
¿Tiene algún deseo de que sus obras las interpretara alguna orquesta o algún director?
¡Claro! (risas) A ver, quién no. No sé, me encantaría que mi música pudiera ir por las grandes orquestas del mundo. Que pudieran dirigirla grandes directores, como Gustavo Dudamel o la Filarmónica de Nueva York (risas). Yo qué sé. Son grandes sueños que bueno, eso es como si fuera la gran liga, como si fuera el Ronaldo del fútbol. Pues bueno, en la música clásica también están esas grandes ligas y eso sería un sueño increíble. No sé si eso algún día se podría cumplir, pero lanzado al viento queda.
Si se cumplió este, también se puede cumplir el otro.
Podría ser. (Risas) Quién sabe.
Suscríbete para seguir leyendo













