Cuando los cuernos de la Vaca Antrueja asoman por las calles de Pereruela, no hay vecino que no se preste a colaborar. Los niños la acarician, la palpan, la disfrutan. La mascarada y su séquito, recuperada por segunda vez, tras la primera apuesta de Ramón Carnero a mediados de los 80, son sinónimo de una identidad que los vecinos del pueblo sienten con el mismo arraigo que si se hubiese celebrado de forma ininterrumpida. Un festejo que el grupo de baile local Los Alfares ha vuelto a convertir en protagonista -esta vez compartida- del Festival de Folclore Kaolín.
Porque a su llegada a la Plaza Mayor, la Vaca Antrueja ha tenido que vérselas con un más que ansiado botín: un jamón que «se ve, pero no se toca» ha acaparado por igual las miradas de quienes con sus donativos, han querido contribuir con la causa solidaria en favor de los ganaderos afectados por el incendio de Fermoselle. Explica Maruja Marcos, profesional de la zona, que muchos compañeros especialmente de Zafara, Palazuelo, Cozcurrita y Mámoles «se han quedado sin nada y son muchos más de los que la gente se piensa». A ellos se destinará lo recaudado en esta porra solidaria gestada en la cabeza de Carlos Serrano.
El presidente de la agrupación de baile desde hace 11 años apostó por esta iniciativa que ensalza «esa picaresca española» como gancho para promover la solidaridad con quienes han visto cómo el fuego arrasaba con su fuente de ingresos y su modo de vida.
Difícil le ha resultado a más de uno resistirse a disfrutar de cerca de esa mezcla de olores a carne curada, salado y a grasa madurada mientras el festival proseguía con su acto central. Este año, la agrupación local ha contado con la Asociación Cultural de Danza Yerbabuena llegada de Villacastín (Segovia) y la Asociación Cultural Sietemancas Amigos de Simancas (Valladolid) como invitados. Tradición, folclore y solidaridad han conformado en Pereruela la tríada perfecta.
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