En el seno de la Reserva Federal (Fed) no ha habido sorpresas este miércoles, aunque lo más probable es que en la Casa Blanca se respire algo de furia y decepción. El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés), órgano principal del banco central estadounidense, ha tomado la decisión de subir los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta el rango objetivo entre el 3,75% y el 4%, para tratar de domar la inflación, que acumula 65 meses consecutivos por encima del objetivo del 2%.
«La actividad económica está creciendo a un ritmo sólido. Aunque la incertidumbre sigue siendo elevada, debido, en parte, a los acontecimientos geopolíticos, el consumo interno se ha mostrado resistente. El crecimiento de la productividad es fuerte y la inversión de capital es sólida. El aumento del empleo ha seguido el ritmo del crecimiento de la población activa, y la tasa de desempleo apenas ha variado», reza el comunicado del organismo.
De esta manera, el nuevo presidente del organismo, Kevin Warsh, que solo lleva tres reuniones al frente de la Fed, contradice uno de los deseos más claramente expresados por el presidente de EEUU, Donald Trump: bajar los tipos. Trump había llegado a insultar y ridiculizar a Powell públicamente infinidad de veces por negarse a bajar el precio del dinero de forma sistemática, argumentando que su lentitud estaba costando a su país miles de millones de dólares. Tras lograr que Powell dejase su cargo, Trump nominó a Warsh para dirigir el banco central estadounidense, esperando que sus decisiones fueran más afines a sus designios.
Sin embargo, las dos reuniones previas a la de este miércoles resultaron en una pausa en los tipos, y al observar el organismo que la inflación demostraba ser más persistente de lo esperado, finalmente han apretado el gatillo del encarecimiento del precio del dinero. Se trata del primer movimiento al alza en más de tres años, desde el 26 de julio de 2023, cuando Powell elevó la cifra desde el 5,25% al 5,5%. Desde entonces, el ya expresidente de la Fed acometió una serie de bajadas acompañadas de largas pausas, llegando a desesperar a Trump, que lo puso en el cargo.
El mercado ya descontaba el movimiento
Lo cierto es que el mercado esperaba este movimiento por parte de la Fed. La herramienta «CMEWatch» descontaba un 92,7% de probabilidades a la subida a lo largo de esta tarde. Principalmente son dos razones las que convencían a los inversores sobre el alza en los tipos: las pistas de Warsh en Jackson Hole y el rumbo de la inflación. El presidente de la Fed dio a finales de agosto un discurso propio de un verdadero halcón en el simposio económico, afirmando, en pocas palabras, que «había trabajo por hacer», reconociendo la responsabilidad del organismo por la elevada inflación.
Pese a que la Fed responde a un doble mandato —a diferencia del Banco Central Europeo (BCE)— para velar por la salud del mercado laboral, el desempleo en EEUU está controlado. No tanto lo está la inflación, que exhibió en agosto la misma cifra que en julio, del 3,4%, pero con una tendencia preocupante en la subyacente. La subida de precios excluyendo de la ecuación los alimentos y la energía fue del 2,4% a nivel interanual, un 0,3% más que en el mes anterior.
Warsh dejó claro en Jackson Hole que, pese a que las lecturas de inflación durante el verano fueron “mejores de lo esperado”, no percibió que las tendencias subyacentes hubieran mejorado de forma significativa. Sus peores temores se han cumplido, por lo que ha tomado su primera decisión de calado, contradiciendo los deseos del presidente que lo puso en el cargo y reforzando la idea que ha transmitido desde el inicio de su mandato: es totalmente independiente.
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