Se llama Squall, y su bautizo se ha celebrado este miércoles en la feria industrial de drones UNVEX que abre sus puertas en San Javier (Murcia). La tecnológica de mayoría pública española Indra ha presentado el misil de crucero en el que llevaba trabajando desde hace cuatro años, y que ya se perfila como la opción española para “ataques en masa”.
Con esas palabras lo ha descrito una nota oficial de la compañía. Creada con la guerra de Ucrania como marco geoestratégico, se trata de un arma utilizable para ofensivas de saturación, con cientos de cohetes, pero también en ataques quirúrgicos con muy pocas unidades, y lanzable diversas plataformas terrestres y navales.
Con el Squall, España entra en el club de países con su propio diseño de misil de crucero, el arma que, desde la primera guerra del Golfo (1990) se ha convertido en la herramienta militar imprescindible en un ataque a objetivos de alto valor en profundidad, a cientos de kilómetros.
El Ministerio de Defensa aún no ha hecho un pedido de estos cohetes, que con su presentación han culminado su fase de desarrollo, dicen fuentes de Indra. Pero nadie oculta que el misil encaja en un hueco del puzle de necesidades armamentísticas de Defensa. La presentación es también el punto de inicio de la fase de producción, una vez que la idea se ha convertido ya en aparato tangible, y a la espera de contratos de Defensa o de otros clientes internacionales. El ministerio, del que dependen muchas decisiones industriales de Indra, tiene identificado como un nicho del rearme español el disponer de un arsenal propio de misiles de crucero, con plena autonomía estratégica para la dotación de los tres ejércitos.
Ataque en masa
El misil de crucero español Squall no pretende medirse con el Tomahawk, explican las mencionadas fuentes, porque su diseño responde a otro concepto. La principal diferencia es su precio, que, dependiendo de las circunstancias de la producción y características puede llegar a ser diez veces inferior a la media de 1,2 millones de euros que cuesta el misil norteamericano.
Y el precio en este momento es clave, porque en la guerra moderna se gastan muchos misiles. Muchos más del centenar que lanzó Estados Unidos sobre Irak tras la invasión de Kuwait ordenada por Sadam Husein, inaugurando la guerra moderna con misiles de crucero.
Ahora esta modalidad de ofensiva ha evolucionado con las lecciones del conflicto de Ucrania y, también, las de las distintas fases de la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán. El concepto actual del bombardeo en masa no es el de la II Guerra Mundial, con miles de víctimas civiles en ciudades arrasadas. La “masa” en este caso es para saturar las defensas del enemigo -el fenómeno que sufre ahora Kiev en los ataques nocturnos rusos-, abrir brecha a otras oleadas, ya sin oponente, y dañar la economía de guerra del adversario a base e hacerle agotar sus recursos de defensa y menoscabar sus infraestructuras.
Esta última utilidad de los enjambres de misiles de crucero tiene su reverso: Irán, a su vez, ha obligado a EEUU a gastar buena parte de su arsenal de tomahawks -no hay cifras precisas, por ser secretas- y de cohetes de defensa antimisil y anti dron Patriot.
Vuelo raso
Para un ataque en masa es especialmente valioso un misil barato. Pero ese misil ha de ser capaz de llegar. El Squall, según ha explicado Indra este miércoles, puede llegar a cientos de kilómetros de profundidad en el ataque con precisión, gracias a sensores y sistemas de guiado propios de la compañía, y cuya naturaleza no ha desvelado.
El Squall tiene una capacidad clave para este tipo de ofensivas: el vuelo bajo, al menos por debajo de la cota en la que detectan los radares. La otra capacidad de importancia es la resistencia a la interferencia electrónica y radiológica, el sistema más barato y extendido de la defensa aérea moderna.
Con el desarrollo del Squall, Indra ha puesto cuidado en que el misil sea por entero español, o sea, que no dependa de cadenas de suministro foráneas que pudieran verse cortadas en momentos de crisis internacional. Se asegura así la capacidad de España de escalar la producción de misiles de crucero si es necesario.
Hasta el momento, España tiene al misil alemán Taurus como principal baza en la panoplia de misiles de crucero. Pero el Taurus -a diferencia de la primera versión del Squall, lanzable desde cazas F-18 y, pronto, desde los Eurofighter- es un arma de enorme contundencia y alto coste (950.000 euros de media), lo más parecido a un Tomahawk que tienen las Fuerzas Armadas. Tiene un alcance de 500 kilómetros a 1.000 kilómetros por hora y capacidad de penetración antibúnker, la más potente del mercado europeo. También una de las más escasas: según datos de contratación, el arsenal español dispondría de 45 unidades, todas con cabeza explosiva de media tonelada.
La Armada cuenta por su parte con cohetes NSM (Naval Strike Missil) noruegos para ataque a buques y, solo como segunda opción, alcance de objetivos en tierra desde el mar. Es el arma de momento elegida por Defensa para llenar las celdas de las fragatas F-100 y F-110.
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