Cuenta el mito que el dios Zeus culminó la victoriay la venganzasobre su padre, Cronos, de una forma ciertamente contundente. Le cortó los genitales y los arrojó al Mediterráneo. En ese preciso instante, el agua se convirtió en remolino y de él nació Afrodita, que emergió a la superficie sobre una concha de vieira. Pero no era el medio del mar un lugar idóneo para semejante deidad. Por eso, la diosa de la belleza avanzó a gran velocidad hasta alcanzar, por primera vez en su recién estrenada e inmortal vida, la tierra firme. La isla que la acogió fue Chipre. La misma en la que Pigmalión se enamoró de su propia escultura, Galatea. La misma que ejerce de cruce de caminos entre tres continentes y cuya capital es la única del mundo dividida en dos por la ocupación turca. La misma en la que el Celta inicia hoy su segunda aventura consecutiva en la Europa League, frente al Omonia Nicosia.
En este mágico enclave, al fondo del Mediterráneo, donde siempre es verano, busca el equipo celeste su primera victoria. Busca a la diosa Niké en la tierra que gobierna Afrodita. Perfectamente compatible. Porque pocas cosas habrá más bellas que un triunfo. Incluso sin gol en el minuto 90. Y más para un cuadro celeste que suma seis jornadas de Liga sin conocerlo. Por eso, esta apertura de un nuevo viaje continental tiene que servir para confirmar que, al contrario que Niké y Afrodita, ganar un partido no es un animal mitológico.
Conseguirlo pasa por un GSP Stadium enclavado a casi 4.000 kilómetros de Vigo. Entre Europa, Asia y África. Lejos. Muy lejos. Pero la odisea, esta por el aire y no por el mar, merecerá la pena si el final es feliz. Para lograrlo, Aleix Febas recibió el alta médica y se subió al avión. También Borja Iglesias y Jones El Abdellaoui, mejorados de sus molestias. En tierra quedaron Iago Aspas, con su rotura fibrilar ya confirmada, y Andrés Antañón, con un esguince de tobillo. Sí viajaron las buenas sensaciones de juego que dejó el choque contra el Málaga, que enseñaron el camino a seguir. Aunque sea en tan remoto rincón como Chipre.
La expedición partió de Peinador con media hora de retraso, lo que apretó todavía más los plazos, ya de por sí ajustados de un viaje maratoniano. El equipo entrenó en la ciudad deportiva de Mos por la mañana y desde allí partió directamente al aeropuerto. Tras un vuelo de 4:45 horas, con aterrizaje en Larnaka, otra hora de carretera hasta el estadio para la rueda de prensa y un paseo fugaz por el césped mientras Claudio Giráldez y Miguel Román comparecían en sala de prensa. Un camuflaje de la sesión de trabajo obligatoria a la que obliga la UEFA en el escenario del partido. Y luego, a descansar.
Necesario el reposo en medio del atracón de compromisos que está viviendo el Celta y que convierte casi en imperativo el propio gusto de Claudio. El duelo ante el Omonia volverá a dejar ver muchas caras nuevas. Quizá también en la portería, con Altay Bayindir. En el campo se espera a un Javi Rodríguez que encadena tres suplencias por unas pertinaces molestias que le producen dolor. Una vez recuperado, vuelve a optar al once titular. A partir de ahí, oportunidades para los que menos jugaron el domingo. Quizás con la primera titularidad de Driouech, pero con Febas, Jones y Borja Iglesias, que llegan muy justos de sus dolencias. El centrocampista ilerdense recibió el alta y es el que más apunta a gozar de minutos.
Enfrente, el Omonia. Un equipo accesible en cuanto a nivel, pero peligroso desde la fuerza de su afición. Se espera un ambiente caliente en Nicosia, pero lejos del lleno. Bello, eso sí, como la cualidad de la patrona de Chipre. Allí, en la isla de Afrodita, espera el Celta encontrar por fin a Niké. A la primera victoria de muchas más.
Fuente: Faro de Vigo













