Había dos primeros días de Leonor este lunes en el campus de la Universidad Carlos III en Getafe. Uno ocurría a las puertas del edificio Adolfo Posada, conocido como «el 9», donde redactores, fotógrafos, cámaras y programas de televisión aguardaban desde primera hora cualquier movimiento de la Princesa de Asturias. El otro transcurría unos metros más allá, dentro del edificio. Y allí, según quienes pasaron la mañana entre sus aulas y pasillos, apenas ocurría nada extraordinario.
Lluís Orriols, profesor de Políticas en esa universidad, estuvo trabajando toda la mañana en el edificio 9. No da clase a los alumnos de Primero, pero es probable que tenga a la heredera del trono como alumna en los próximos años. En uno de los descansos salió un momento al exterior y se encontró de golpe con el otro mundo. «Ha sido muy divertido y muy curioso los mundos paralelos, uno dentro del edificio 9 y otro fuera. Fuera había muchísimos periodistas; en cambio, entrabas dentro del 9 y te olvidabas de todo», contó el doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford.
Pasillos sin revuelos
En los pasillos tampoco se reprodujo, durante los cambios de profesor o de clase, la expectación que había al otro lado de las puertas. «No ha habido ni corrillos ni revuelos», explica en referencia a los descansos de 15 minutos que Leonor y el resto de sus compañeros tuvieron entre las tres clases. «Han conseguido que sea una clase normal. Yo me olvidé de que estaba Leonor ahí. Toda la excepcionalidad rara que había fuera contrastaba con lo que estaba pasando dentro. Querían normalidad y misión cumplida», resumió Orriols.
El edificio «el 9» del campus de Getafe de la Carlos III, donde Leonor cursará la mayoría de asignaturas del Grado de Ciencias Políticas. / José Oliva / Europa Press
Normalidad era precisamente la palabra que más se había repetido durante los días anteriores tanto en la Universidad Carlos III como en la Zarzuela. Este lunes tocaba comprobar hasta dónde era posible aplicarla cuando una de los aproximadamente 40 alumnos de primero de Ciencias Políticas era también la futura jefa del Estado. La mañana empezó a las 9 con algo que comparten cada septiembre miles de universitarios: explicaciones sobre horarios, asignaturas, normas y todo lo que ofrece el campus. Gema García Albacete, vicedecana del Grado en Ciencias Políticas, fue la encargada de dar la bienvenida académicamente a los nuevos estudiantes.
La charla duró alrededor de media hora, incluidas las preguntas de los alumnos, y fue muy similar a la que reciben los estudiantes que comienzan otros grados de la universidad. García Albacete les explicó cómo se estudia en la Carlos III, los distintos tipos de clases, las horas de trabajo que exige cada asignatura, el calendario académico o qué tienen que hacer para superar las materias. También repasó las normas de convivencia y les habló de deporte, actividades culturales, asociaciones, prácticas y programas de movilidad.
Entre las reglas que tendrán que respetar está la prohibición general de utilizar el teléfono móvil durante las clases, salvo que el docente dé permiso para hacerlo. La presentación no tuvo un contenido especial por la presencia de Leonor: formaba parte de la bienvenida académica habitual que reciben los alumnos de nuevo ingreso.
Dos aulas diferentes
Después empezó la rutina académica. Las dos primeras clases se desarrollaron en la misma aula y para la tercera el grupo tuvo que cambiar de espacio. Teoría del Derecho, Metodología de Investigación en Ciencias Sociales y Fundamentos de Ciencia Política llenaron una mañana que, puertas adentro, se parecía mucho más a la de cualquier grupo que estrena universidad que al acontecimiento que reflejaban las cámaras situadas fuera. «Sí, se ha querido buscar un equilibrio entre la atención mediática lógica que genera [Leonor] y que las clases funcionaran como siempre», explicó otro profesor de la Carlos III ya por la noche.

La princesa Leonor, este lunes, en su primer día en universidad es recibida por el rector de la Carlos III, Ángel Arias, y la vicerrectora de Estudiantes, Pilar Otero. / José Luis Roca
También el resto del campus siguió funcionando, aunque con algunas estampas poco habituales. Entre los estudiantes que iban y venían se mezclaban vecinos de Getafe, algunos de ellos mayores que destacaban entre la juventud de los alumnos. Al rector, Ángel Arias, y a la vicerrectora de Estudiantes, Pilar Otero, se les podía encontrar charlando en la cafetería, entre alumnos y profesores.
Hay, naturalmente, una diferencia que no puede desaparecer cuando Leonor cruza la puerta de una facultad: su seguridad. La Casa del Rey mantiene la máxima discreción sobre el dispositivo que acompaña a la Princesa de Asturias y evita ofrecer detalles sobre su funcionamiento. Es una parte de su nueva vida universitaria que necesariamente será distinta a la de quienes comparten aula con ella, aunque el propósito es que resulte lo menos visible posible.
«Los alumnos que hicieron Primero el año pasado u otros recientes verán que todo sigue igual», había asegurado el rector. Arias también confiaba en los propios estudiantes: «Va a tener unos compañeros excelentes y van a ser muy respetuosos, como lo han sido siempre». Las primeras horas parecen haberle dado la razón. Dentro del edificio 9 no hubo corrillos ni revuelos. Fuera seguían las cámaras; dentro, simplemente, seguían las clases.
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