Más de 68.400 personas en España necesitan de un tratamiento renal sustitutivo, dado que sus riñones no funcionan correctamente y requieren de una terapia que reemplace su función, con diálisis o un trasplante. La mayoría (en torno al 75%) reciben hemodiálisis, destinada a limpiar la sangre y eliminar el exceso de líquido, en hospitales y centros especializados. Y solo el 17,5% son tratados en sus propias casas, pese a que es una opción más segura y cómoda para el paciente y más sostenible y eficiente para el sistema sanitario.
Por ello, los nefrólogos llevan varios años impulsando la diálisis ambulatoria, especialmente después de que la pandemia demostrara que los pacientes en hemodiálisis sufrieron muchos contagios, dado que en los hospitales están más expuestos a infecciones.
La enfermedad renal crónica afecta ya al 15% de la población (unos 7 millones de españoles) y los pacientes que requieren diálisis han aumentado un 30% en la última década
Pero el tratamiento no acaba de despegar: en España apenas ha avanzado del 16,6% de los nuevos pacientes en 2014 al 17,5% en 2024, una tasa muy lejos del objetivo de que el 30% de los tratamientos sean domiciliarios en 2028 que defiende la Sociedad Española de Nefrología (SEN) y que va a ser acordado en breve por el Consejo Interterritorial de Salud, dado que ya cuenta con el compromiso del Ministerio, según confirma su presidente, Emilio Sánchez Álvarez.
Cataluña tiene, además, una de las tasas de trasplantes renales más altas del mundo, por lo que cuenta con un contexto especialmente favorable para abanderar el cambio de una atención hospitalaria a las terapias más individualizadas y que permiten una mayor autonomía en casas de los pacientes.
“Tenemos los conocimientos, la capacidad de organización y de innovación necesaria para hacer el giro que necesita el sistema sanitario, en consonancia con la Conselleria de Salut, que también apuesta por aumentar la atención en el domicilio”, sostiene Verónica Duarte Gallego, responsable de los programas de diálisis de la Fundación Sanitaria Mollet y una de las coordinadoras del Grupo Catalán y Balear de diálisis domiciliaria de la Societat Catalana de Nefrología.
Las ventajas
La doctora Duarte enumera las ventajas del modelo domiciliario, básicamente la diálisis peritoneal, porque la hemodiálisis en casa requiere que el paciente se pinche en una vena, por lo que tiene “una mayor complejidad”. Pero la diálisis peritoneal es más sencilla, se realiza a través del abdomen, donde previamente al paciente se le ha introducido un catéter para que él mismo se introduzca un suero, que es el que arrastra las toxinas y el líquido en exceso. Es una técnica que se aprende en varias sesiones y se puede realizar con una máquina, mientras el paciente duerme, y de forma manual, tres veces al día.

Pere Hermoso, paciente con enfermedad renal crónica, mientras realiza diálisis peritoneal en su domicilio. / Zowy Voeten / EPC
“Las ventajas son muchas: permite individualizar más el tratamiento, que el paciente tenga flexibilidad horaria y lo realice cuando le venga mejor, lo que facilita la conciliación, además es más suave que la hemodiálisis en un centro, por lo que tiene menos efectos secundarios y mantiene la función renal residual, lo que tiene beneficios de cara a un trasplante”.
La hemodiálisis en un centro se realiza tres días por semana, durante cuatro horas y al ser un tratamiento más intensivo requiere llevar a cabo una dieta y puede producir mareos, bajada de tensión o cansancio. Por el contrario, la diálisis peritoneal reduce estos efectos y la exposición a infecciones, por lo que la carga asistencial disminuye y se reduce la huella ambiental.
El ahorro económico es de entre un 25% y 30% por enfermo, fundamentalmente por menor coste en personal sanitario
Según el presidente de la SEN, el ahorro económico es de entre un 25% y 30% por enfermo, fundamentalmente por menor coste en personal sanitario. Por ejemplo, en la hemodiálisis cada enfermera atiende a cuatro pacientes de media, en la domiciliaria a unos 20. Y estos datos cobran más importancia si se añade a la balanza que cada vez hay más pacientes con enfermedad renal crónica, debido al envejecimiento de la población y el aumento de los factores de riesgo, como la hipertensión y la diabetes.
La Enfermedad Renal Crónica afecta ya al 15% de la población (unos 7 millones de españoles) y el número de personas que la sufren en un estadio avanzado, por lo que requieren diálisis o trasplante, ha aumentado un 30% en la última década.
Los frenos
Pero son varios los frenos a la diálisis peritoneal, según explica la doctora Duarte. Por un lado, hay factores clínicos, relacionados con que el paciente, especialmente si es muy mayor y no tiene capacidad para realizar el tratamiento solo o empeora de repente y no haya tiempo para formarle.
Pero también hay problemas organizativos, dado que el sistema no siempre es ágil para ofrecer el tratamiento domiciliario con tiempo suficiente para que llegue a tiempo al paciente. “El punto de mejora es la planificación inicial, haciendo los circuitos de atención más ágiles, para que las personas tengan tiempo de entrenarse antes de que sus riñones necesiten la diálisis”, apunta la doctora.
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