El IRTA estrena en Constantí una planta pionera de biogás para transformar purines en energía limpia

El Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) ha puesto en marcha en sus instalaciones de Mas Bové, situadas en Constantí, una planta experimental de biogás destinada a valorizar las deyecciones ganaderas. Este centro público ha desarrollado la infraestructura con el propósito de investigar a fondo una tecnología capaz de transformar los purines en energía renovable, fertilizantes orgánicos y agua tratada para el sector primario.

La nueva instalación se abastece de materia orgánica procedente de granjas de porcino y avicultura del entorno local, permitiendo que la energía generada abastezca tanto a las propias explotaciones ganaderas como al funcionamiento de la planta. Esta iniciativa forma parte de la estrategia del Govern, que persigue alcanzar una producción de 2 teravatios anuales de biogás en 2030, un volumen equivalente al 7% del consumo de gas en Cataluña.

Imagen explicativa del funcionamiento de la planta de biogás del IRTA

El equipamiento diseñado por el centro de investigación se consolida como el primero de estas características en el Estado gestionado por un organismo público de investigación mientras presta servicio directo a una explotación comercial. La vertiente investigadora constituye uno de los ejes centrales del proyecto, orientándose a maximizar la generación de biogás y la recuperación de recursos mediante proyectos piloto de compleja implantación en plantas convencionales.

La infraestructura procesa anualmente más de 5.200 toneladas de materia orgánica, lo que permite generar un caudal de 96.000 normometros cúbicos anuales de biogás. Esta capacidad equivale a unos 58.000 litros de gasóleo o a la demanda energética media de unos 165 hogares. August Bonmatí, responsable del programa de sostenibilidad en biosistemas del IRTA, ha remarcado que «Es una planta pequeña pero escalable», al tiempo que ha avanzado la previsión de abrir una segunda planta similar en Monells a finales del próximo año.

Es una planta pequeña pero escalable»

August Bonmatí

Responsable del programa de sostenibilidad en biosistemas del IRTA

Imagen de uno de los elementos de la planta de biogás del IRTA en Constantí

Imagen de uno de los elementos de la planta de biogás del IRTA en Constantí

El proceso técnico de digestión y transformación

El funcionamiento técnico del sistema comienza con la recepción continuada de las deyecciones de origen porcino y avícola en el tanque de alimentación, donde se deposita y mezcla la materia orgánica. Posteriormente, esta masa se traslada directamente al digestor, considerado el núcleo operativo de la planta, donde se somete a una temperatura controlada de 37 grados para facilitar la acción bacteriana.

En este entorno biológico, los microorganismos degradan la materia para originar dos elementos esenciales: el biogás y el digestato. El gas resultante se traslada a una caldera para proporcionar calefacción a la nave de las cerdas reproductoras de la granja porcina, destinando a su vez una pequeña fracción a mantener la temperatura interna del digestor.

Por su parte, el digestato se traslada a un separador mecánico que lo prensa y divide en una fracción sólida y otra fracción líquida. La parte sólida se envía al estercolero para transformarse en abono orgánico de alta calidad, mientras que la líquida pasa a una balsa cubierta donde se desarrolla un proceso de decantación que separa sedimentos adicionales para el estercolero y un efluente derivado a un módulo de tratamiento.

Imagen de uno de los elementos de la planta de biogás del IRTA en Constantí

La puesta en marcha de esta instalación experimental representa una pieza clave en el plan gubernamental para expandir este modelo en el sector agrario.

Este circuito permite transformar el líquido restante en agua apta para limpieza y riego dentro de las propias instalaciones agropecuarias. Respecto a este ciclo de aprovechamiento integral, Rosa Altisent, directora general de Agricultura y Ganadería, ha subrayado que «Al final del tratamiento tendremos tres productos: el biogás, el fertilizante orgánico y el agua recuperada».

Al final del tratamiento tendremos tres productos: el biogás, el fertilizante orgánico y el agua recuperada»

Rosa Altisent

Directora general de Agricultura y Ganadería

Estrategia de bioeconomía y nuevas ayudas

La puesta en marcha de esta instalación experimental representa una pieza clave en el plan gubernamental para expandir este modelo en el sector agrario. Respecto al despliegue de esta iniciativa, Rosa Altisent ha explicado que «Se trata de fomentar el uso y el consumo de bioproductos y reforzar el tejido productivo para favorecer empresas basadas en la bioeconomía«.

Mossos y Guardia Civil frente a las instalaciones del IRTA-CReSa

Las bases reguladoras prevén que las plantas puedan gestionar un máximo de 150.000 toneladas anuales de materia orgánica, exigiendo que los purines procedan de un radio máximo de 35 kilómetros para garantizar la sostenibilidad ambiental y logística.

La meta establecida para el año 2030 de producir 2 teravatios anuales de biogás requerirá gestionar cerca de 4 millones de toneladas de deyecciones ganaderas en la comunidad. Asimismo, la administración impulsa la valorización del digestato para elevar la producción propia de abonos y reducir las importaciones de fertilizantes, cuyos precios se han encarecido de forma notable a causa de la guerra en Ucrania.

Para incentivar la construcción de plantas a escala industrial, el ejecutivo autonómico publicó en 2024 una línea de ayudas dotada con 46 millones de euros en subvenciones, recibiendo solicitudes de proyectos valoradas en 61 millones de euros. En el ejercicio actual, el Govern ha convocado una nueva partida de 25 millones de euros para financiar nuevas infraestructuras productivas.

Esta nueva convocatoria prioriza las instalaciones impulsadas por asociaciones de ganaderos para fortalecer la gestión colectiva de los residuos. Las bases reguladoras prevén que las plantas puedan gestionar un máximo de 150.000 toneladas anuales de materia orgánica, exigiendo que los purines procedan de un radio máximo de 35 kilómetros para garantizar la sostenibilidad ambiental y logística.

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