Año tras año, el Vive Latino sigue clavando sus raíces en el recinto de la Expo de Zaragoza. Esta quinta edición ha vuelto a confirmar un secreto a voces: que el festival ya hace tiempo que alcanzó la velocidad de crucero y que tampoco necesita de grandes impulsos para seguir avanzando. Con mantener la calidad en los servicios –algo innegociable para la organización– y un cartel equilibrado es más que suficiente. Y todo gracias también a la comodidad de un recinto insuperable. Este año, ni el sofocante calor ha podido con el Vive.
La jornada de este sábado está siendo de nuevo multitudinaria, y eso que muchos veían un cierto desequilibrio respecto a la programación musical del viernes. Todo ello demuestra que el festival se ha convertido en una cita obligada para muchos zaragozanos; casi en una tradición antes de empezar el nuevo curso, lo que aporta a la cita una masa social de incalculable valor.
De hecho, por primera vez en la historia, la edición de este 2026 consiguió agotar hace un par de semanas los 15.000 abonos puestos a la venta. A la espera de los datos oficiales, el Vive Latino se ha quedado muy cerca del ‘sold out’ al reunir a casi 45.000 personas (unas 22.5000 por día). Hasta ahora, el mejor año en cuanto a cifras fue el de 2023, con 42.995 personas. Las dos pasadas ediciones logró congregar a unos 38.000 asistentes, mientras que el primer año (en 2022) atrajo a 33.736 espectadores.
El asfixiante calor ha sido el único invitado no deseado en esta edición, pero ni eso ha frenado el ánimo de los asistentes. «Al principio íbamos buscando las sombras y ahora ya se está algo mejor porque se ha nublado un poco. De todas formas, en Zaragoza ya estamos acostumbrados a esto», ha reconcido Isabel, una zaragozana de 45 años que había acudido con su grupo de amigas.
Los asistentes (casi todos de una media de edad superior a los 40 años) han vuelto a destacar la comodidad de un recinto idóneo para este tipo de eventos. «Yo he estado en otros festivales y eran mucho más agobiantes», ha destacado Miguel mientras se tomaba una cerveza con sus amigos en el césped. Cerca de él, Patricia así lo confirmaba también, mientras lanzaba un deseo al aire: «Para algo grande y diferente que se hace en Zaragoza, que se quede por muchos años. Yo he estado en todas las ediciones y siempre me lo he pasado genial».
También de fuera de la comunidad
En este sentido, los asistentes locales han vuelto a ganar por goleada, aunque el festival también ha logrado atraer a algunos visitantes de fuera de la comunidad. Como Manuel y Verónica, dos mexicanos residentes en Madrid que asistían por primera vez a la cita. «Unos amigos nos dijeron que se lo habían pasado muy bien hace dos años, así que hemos decidido venir. Además de la música también nos apetecía ver la lucha libre», ha comentado Manuel poco después de escuchar una ranchera en la cantina mexicana.
Y es que, como todos los años, el festival ha vuelto a tener vida más allá de la música y los asistentes han podido disfrutar de todas las actividades paralelas. «Cuando vine ayer (por el viernes) había tanta fila que ya no me quise quedar, así que lo primero que he hecho hoy nada más entrar al festival ha sido venir hasta aquí», ha subrayado Laura poco después de salir del puesto de maquillaje.
Con el buen rollo y el gran ambiente ya habituales del festival, el Vive Latino apura sus horas en el recinto de la Expo con la vista puesta ya en la edición de 2027.
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