La última vez que José Mourinho se sentó en el banquillo del Santiago Bernabéu fue el 1 de junio de 2013. En el estadio blanco todavía tenían hueco de honor los radicales de Ultras Sur (Florentino los echaría unos meses después) con los que el portugués tan bien conectaba y que le agasajaron con una placa y pancartas de admiración marcial en el día de su anunciado adiós.
En aquella intrascendente victoria contra Osasuna, el once del Real Madrid estuvo formado por Jesús Fernández; Callejón, Albiol, Carvalho, Arbeloa; Essien, Modric; Di María, Özil, Benzema; e Higuaín. Nacho, Mascarell y Diego Llorente salieron desde el banquillo. Higuaín, Essien, Benzema y Callejón anotaron en ese 4-2. Salvo en el caso del francés, también fue la despedida de todos ellos.
Pancartas de Ultras Sur en el último partido de Mourinho en el Bernabéu. / JuanJo Martin / EFE
Era aquel un Madrid con Casillas, Cristiano Ronaldo y Pepe, pero los tres se quedaron fuera de la última convocatoria de Mourinho. En algún caso, se adujeron molestias físicas. La realidad era que el conflicto que mantenía con el portero había reventado su entente con otros pesos pesados del vestuario, entre ellos quienes habían sido sus dos fieles compatriotas. Estaban todos «hartos», los unos de los otros, como resume el técnico en su documental en Netflix. En su último día, el técnico se cobró la cuenta.
Una muerte anunciada
Mourinho rehusó presentarse a la rueda de prensa posterior. En realidad, llevaba ya dos semanas de silencio sepulcral, desde la derrota en la final de Copa contra el Atlético (1-2), con su adiós anticipado ya acordado con el club (Florentino lo anunció dos días después), decidió no volver a hablar en público. Aquella final la terminó expulsado y reconociendo que había «fracasado», perpetrando una «temporada pésima» en la que solo levantó la Supercopa de España. Florentino barajó incluso despedirle de inmediato tras la final, pero optó por no generar una herida más en un madridismo abierto en canal.

Pancartas contra Mourinho en el último partido de su primera etapa. / ARCHIVO
Tampoco se despidió Mourinho de una afición que, de manera mayoritaria, se había hartado del histerismo que había inoculado en el día a día de la entidad. Solo de los ultras. Hoy, en su regreso, no estarán los radicales. Tampoco, claro, ninguno de los jugadores que alineó aquel día, la mayoría ya retirados. Solo permanecen Florentino Pérez y el grueso de aficionados que el año pasado se despidieron con desgana de él y que hoy le reciben entre la ilusión y la desconfianza de si su vuelta es, de verdad, lo que necesita este equipo.
No ha vuelto como visitante
El partido de esta noche (21.00 horas, Movistar LaLiga) contra la Real Sociedad es el del regreso al Bernabéu de un Mourinho que ni siquiera ha pisado desde entonces el banquillo visitante. Pudo hacerlo hace unos meses, con el Benfica, pero fue expulsado en el partido anterior y después de que el club le preparara un espacio en la zona de prensa, con todos los periodistas expectantes por su aparición, decidió seguir el partido en el autobús de su equipo desde el parking. Cosas de Mou.

José Mourinho abandona el terreno de juego tras su último partido en el Bernabéu. / JuanJo Martín / EFE
«No quiero que el Bernabéu me reciba de un modo particular, quiero que reciban al equipo como su equipo, como su pasión. Sé que la temporada pasada no ha terminado bien y en algún momento parecía que ese amor vivía una fase complicada», explicaba ayer, apelando al penúltimo partido de la pasada temporada en el Bernabéu, el de las pancartas contra Florentino y los pitos a Vinícius, Tchouaméni y sobre todo al suplente Mbappé.
No quiero que el Bernabéu me reciba de un modo particular. No soy importante, soy capaz de controlar mis emociones
“Más que partir de cero, quiero que la gente sepa el compromiso que tiene el equipo. Esto es lo más importante, yo no soy importante, soy capaz de controlar mis emociones. Me gustaría mucho que el equipo sintiera algo diferente a lo que sintió la temporada pasada, sobre todo en el tramo final», insistió Mourinho, que en este tramo inicial de su regreso ha hecho del sosiego y la mesura su carta de presentación. Como si todo lo que sucedió hace 13 años jamás hubiese existido.
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