En el Mediterráneo ya no quedan apenas tiburones. Este es el resultado de una investigación de la organización ecologista Shark Med, radicada en Mallorca, que utilizó la técnica no invasiva de recogida de muestras de ADN ambiental en la reserva marina de Cabrera durante 2025. En total, 80 muestras válidas recogidas a lo largo de un año, en las que no se halla ni rastro de ADN de tiburones ni de rayas.
Esta perspectiva hará saltar todas las alarmas a aquellas personas que conozcan el funcionamiento de la cadena trófica: si eliminamos el depredador mayor, la población de especies de las que se alimenta crecen incontroladamente.
Una de las consecuencias de este desequilibrio es la desertización del fondo marino, un hecho que ya se ha observado en reservas marinas de Baleares, indica el investigador marino Agustí Torres, fundador de Shark Med.
Investigadores de Shark Med extraen las pruebas obtenidas en el Parque Nacional Marítimo-terrestre del Archipiélago de Cabrera. / Redacción Ibiza / Shark Med
Claves de la investigación
Mediante este sistema de tomas de muestras de ADN marino, el estudio ha llegado a la conclusión de que la presencia de tiburones y rayas en el Mediterráneo es «prácticamente inexistente». Los tiburones y rayas habitan zonas profundas del Mediterráneo, a pesar de la creencia popular de que habitan otros mares.
«Hemos tomado 80 muestras a lo largo de un año, cada dos meses, y en todo este tiempo hay especies que no han aparecido, señal de que están en muy baja cantidad«, señala Torres. El muestreo se realizó en la montaña submarina de Émile Baudot, un ecosistema que alcanza hasta los 2.000 metros de profundidad situado en el Parque Nacional Marítimo-terrestre del archipiélago de Cabrera.
«Son especies de tiburones muy migratorios. Aunque tengas una zona protegida, ellos entran, pero luego salen y, cuando salen, si fuera no están protegidos, no sirve de nada la protección«, especifica Torres. Recalca que, aunque la reserva marina ayude a proveer de alimento a estos tiburones, si no se aplican medidas reales de conservación en todo el Mediterráneo, las reservas marinas pierden su utilidad.

El tiburón cañabota puede habitar profundidades de hasta 1.300 metros. / Redacción Ibiza / Shark Med
Motivos de la desaparición de los tiburones
El motivo principal del declive poblacional de los tiburones y rayas en el Mediterráneo es, sin duda, la pesca de arrastre: «Venimos de de de una época en que se pescaron indiscriminadamente y que no se tenía en cuenta en aquel momento que son especies que tienen una capacidad de reproducción muy baja, se desconocía», cuenta Torres.
«Los tiburones tienen un periodo de gestación muy largo y, cuando paren, tienen muy pocas crías. Si tú lo pescas en gran cantidad es imposible que se recupere de esa presión. Tenemos imágenes de barcos de arrastre delante del puerto de Sóller con la cubierta llena de tiburones«. Aclara que el bajo índice de reproducción de los tiburones funciona como una limitación natural para impedir que se reproduzcan incontroladamente, ya que no tienen apenas depredadores.

La técnica del ADN ambiental permite detectar restos de piel o excrementos que quedan en el agua. / Redacción Ibiza / Shark Med
Un depredador que compite con los pesqueros
¿Por qué se pescaban tantos tiburones en aquella época? Existen varios motivos para acabar con la población de tiburones. El primero de ellos es que los tiburones se alimentan de los peces que el paladar humano tanto anhela. Este procedimiento sigue la misma lógica que la matanza anual de delfines en el pueblo costero de Taiji, en Japón: si eliminamos a los grandes depredadores, habrá más peces medianos disponibles para el consumo humano.
«Había una mentalidad que era que cuantos menos hubiera de ellos, mejor, porque se consideraban competidores para otros peces que nosotros queríamos pescar. Y la mentalidad era, pues mira, si eliminamos los depredadores, tendremos más peces de los otros para nosotros, porque no competirán con nosotros», reconoce Torres.
Otro de los motivos reside en la industria cosmética. «Se pescaba sobre todo este tiburón porque tiene un hígado grande y el aceite de hígado del [tiburón] quelvacho se utiliza mucho para la industria cosmética y farmacéutica«.

Ejemplar de tiburón capturado por un pescador de la Cofradía de Pescadores de Formentera. / Redacción Formentera / Archivo
Una ‘amenaza’ para el turismo
Otro de los motivos que no se puede obviar es la sensación de seguridad que da tener un mar «limpio» de tiburones. A pesar de que es muy difícil que un tiburón llegue hasta nuestras costas, debido a que suelen moverse en zonas de gran profundidad, la imagen de una aleta de tiburón asomando en la bahía no era beneficioso para el turismo, motor económico del archipiélago balear.
La trampa mortal de las redes fantasma
Aproximadamente el 46% de las 79 mil toneladas de plástico oceánico del gran parche de basura del Pacífico está compuesto por redes de pesca, algunas tan grandes como campos de fútbol, según el estudio publicado en marzo de 2018 en Scientific Reports, que depende de la prestigiosa revista Nature. Una red de pesca es, esencialmente, un arma destinada a acabar con la vida de un ser marino. Estas redes, al quedar abandonadas, continúan haciendo su labor: los animales quedan atrapados en ellas y mueren sin remedio. «En el mar de Alborán todavía hay muchas redes fantasma», especifica Torres.

Un tiburón atrapado por una red ‘fantasma’. / Redacción Digital
Búsqueda de soluciones
El panorama es desolador. Si se rompe la cadena trófica y se desertiza el fondo marino, se acaba el gran sumidero de dióxido de carbono que suponen las praderas de algas marinas, como la Posidonia oceanica, que absorben grandes cantidades de CO₂. Si la desertización del fondo marino continúa, podríamos encontrar mares sin vida y un calentamiento global sin frenos. Esto supondría la extinción de la mayoría de especies de nuestro planeta, según alertan asociaciones como Ecologistas en Acción.
La solución más directa y más logica es, naturalmente, dejar de consumir pescado. «El problema es cómo consigues eso. Difícilmente conseguiremos que toda la población deje de consumir pescado», reconoce Torres.

Una tintorera fotografiada por los investigadores de Shark Med. / Redacción Ibiza / Shark Med
Regulación pesquera
Otra de las posibles soluciones sería prohibir la pesca en el Mediterráneo. Torres alerta de las consecuencias de este escenario: «Si prohibimos más la pesca aquí, ¿qué va a pasar? Que se importará más pescado de otros lados, porque hay un mercado, restaurantes, turismo y población local, que consume pescado».
«Si se pesca en unas condiciones más flexibles en otros países, también creamos unos problemas sociales, porque estamos quitando el pescado a otras poblaciones que lo necesitan más que nosotros», reflexiona Torres, y cita como ejemplo a las flotas europeas que pescan frente a las costas de Mauritania y Senegal, donde la pesca ha supuesto históricamente uno de los motores de su economía y un componente importante de su alimentación.
«El pescado que se importa, todavía tiene menos control sobre cómo se pesca y cómo se explota». A este respecto, la Unión Europea aplica un marco normativo más estricto. Sin embargo, otros países no tienen tanta suerte. Torres habla de las consecuencias ecológicas de importar pescado venido de otros mares: «Si consumimos pescado es mejor intentar tener el máximo de control sobre cómo se pesca, de dónde viene, e intentar que sea lo más cercano posible también, por la huella de carbono».
Pero tener una regulación estricta en materia de pesca no es una garantía infalible de sostenibilidad. Torres reconoce que, una vez en alta mar, es muy difícil controlar que se cumpla la regulación. «Está claro que tiene que haber más controles. Hay tecnología para hacerlo actualmente, si hay voluntad política de hacerlo«, finaliza Torres.
Fuente: Diario de Ibiza












