El sábado 12 de septiembre volvieron a repartirse cartas en la Casa del Pueblo. Comenzaba el 46º Campeonato de Sarangollo del PSOE Elx. Dicho así puede parecer una actividad más, de esas que ocupan unas líneas en la agenda del fin de semana. Pero cuarenta y seis ediciones no se organizan por casualidad, y menos alrededor de un juego que ya formaba parte de Elche mucho antes de que naciera la mayoría de quienes hoy se sientan a jugar.
Basta abrir aquel pequeño libro de Normas del Sarangollo publicado en 1950. En la portada aparece escrito “juego típico ilicitano”. Su autor había preguntado a jugadores de edad avanzada por el origen del Sarangollo y ninguno sabía darle una respuesta. Todos coincidían, eso sí, en que ya se jugaba cuando ellos eran jóvenes. Es decir, en 1950 el Sarangollo ya era antiguo para los mayores de entonces. Sobre su procedencia había teorías: juegos parecidos de la Vega Baja, influencias valencianas e incluso marineros extranjeros. El propio libro reconoce que era imposible saberlo con seguridad.
Hay otro pasaje que llama todavía más la atención. Gervasio Valero afirmaba que se jugaban cientos de partidas cada día y que el Sarangollo era conocido por la inmensa mayoría de los ilicitanos. Tal vez aquellas cifras tengan algo del entusiasmo de quien escribe sobre una costumbre que quiere, pero retratan bien la popularidad que tuvo. También cuenta que quienes llegaban a vivir a Elche acababan aprendiendo y jugaban hablando mitad en castellano y mitad en valenciano. Pocas imágenes explican mejor la capacidad de una tradición para integrar a la gente.
Las partidas se disputaban en tiendas-bar, cafés, centros y casinos. Y ya había campeonatos. El primero del que habla el documento se celebró en 1948, organizado por la Casa La Fabriqueta. Los equipos representaban a distintos establecimientos de la ciudad. La experiencia debió funcionar, porque después se organizó otra competición con dieciséis equipos. Hace casi ochenta años ya había expectación, rivalidad y público alrededor de una mesa de Sarangollo.
Entrega de trofeos que se celebró el 9 de febrero de 1980 (1er campeonato de Sarangollo) con la asistencia del alcalde Ramón Pastor / INFORMACIÓN
Juan Orts Román, que fue cronista de Elche, escribió en ese mismo folleto que el juego formaba parte de las pequeñas tradiciones incorporadas a la vida cotidiana de la ciudad. Lo colocaba al lado del Misteri, la Dama y las palmeras. No porque tuviera la misma fama, sino porque también lo consideraba muy ilicitano. Esa es posiblemente la mejor definición: una costumbre sencilla, nacida y mantenida entre gente corriente, que terminó formando parte del carácter de Elche.
De ahí la importancia del campeonato del PSOE Elx. Lleva 46 años dando continuidad a una historia que comenzó mucho antes. Cuando las partidas fueron desapareciendo de numerosos bares y cafés, el campeonato siguió ofreciendo un lugar para encontrarse, competir y conservar las reglas.
También hay cambios que conviene celebrar. Las Verónicas, la tripleta formada íntegramente por mujeres que participó en la edición pasada, vuelve este año. El Sarangollo fue durante décadas un terreno casi exclusivamente masculino. Ver a mujeres compitiendo con normalidad demuestra que una tradición puede conservar sus raíces y, al mismo tiempo, abrirse a más personas.
En 1950 alguien escribió las reglas para que el juego pasara de unas manos a otras. Hoy continúan esa tarea Juan Bañón, Ramón Soler y Manuel Romero, organizadores de esta 46ª edición. Gracias a ellos y a todas y todos los participantes, el Sarangollo sigue teniendo una mesa reservada en Elche.
Cada jornada, tres personas se sientan frente a otras tres y una costumbre comienza de nuevo. Ahí está su futuro. Si conseguimos que las generaciones más jóvenes ocupen algunas de esas sillas, Elche no perderá esta partida.
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