Si alguien planificase un viaje en coche, eludiendo las autopistas, de Mónaco a Granada realizaría un total de 1.621 kilómetros; es decir, 1.654 menos de los que harán pedaleando los ciclistas de la Vuelta, que empieza este sábado con una contrarreloj en las calles del Principado para un recorrido total de 3.275 kilómetros.
Si el viaje se planificase para no superar el promedio de 43 kilómetros por hora con cuatro horas y media de conducción diaria, similar a la competición habitual de la Vuelta, emplearía en coche 37 horas y 42 minutos estando 9 días al volante. Está claro que prácticamente no se subiría un puerto de montaña –51 ascensos tiene la carrera– y se pasaría por ciudades que no visitará la prueba con el añadido de que el esfuerzo al volante estaría recompensado por la climatización y la música del vehículo. Además, se podría descansar sin temor a que te adelantase otro automovilista.
Ellos, los ciclistas, se tendrán que enfrentar a puertos que ya empiezan el tercer día con los ascensos pirenaicos al Mont-Louis y Font Romeu que Tadej Pogacar puede convertir en su primera ofensiva al jersey rojo (si no lo ha cogido antes en la ‘crono’ monegasca). Es más, la etapa, en cierta manera, aunque muchísimo más suave, se asemeja a la sexta del pasado Tour, con el Tourmalet de por medio y la llegada a Gavarnie, donde atacó a 40 de meta para realizar su mayor gesta hasta ahora en la ronda francesa. La subida a Mont-Louis comienza a 35 kilómetros de la llegada. O sea que anoten el dato por si acaso.
Al día siguiente llega Andorra -por donde tampoco se pasaría en caso de realizar la aventura en coche desde Mónaco a Granada-. Quizás el descenso de La Comella (antes Envalira, Beixalis y Ordino) a la capital del país, técnico y arriesgado, frene otra iniciativa del fenómeno esloveno porque no tiene ninguna necesidad de jugarse el bigote con una bajada suicida.

La etapa andorrana. / LA VUELTA
Por Cataluña (de Falset a Roquetes pasando por Móra la Nova, Deltebre, Amposta y Tortosa) se supone que habrá un esprint si raramente no sopla el viento por lo que Pogacar andará tranquilito. En cambio, la etapa castellonense encierra la trampa de las cuestas del Bartolo, con rampas que alcanzan el 20% y un tramo de tierra de 682 metros que le pueden recordar a Pogacar las imágenes de la Strade Bianche, carrera toscana que ha ganado cuatro veces.
Valdelinares y Aitana
Valdelinares (séptima etapa) ya será otra cosa. La cumbre de la sierra de Teruel, con trufas negras en las entrañas, lleva ya, sí o sí, la firma de Pogacar, con la tinta y la pluma a punto para otra exhibición al igual que dos después en la cima alicantina de Aitana, otra superestrella de la carrera.

La etapa reina. / LA VUELTA
La marea Pogacar se calmará en las citas manchega (Elche de la Sierra) y murciana (Lorca) antes de que se inicie el periplo andaluz: nada más ni nada menos que diez etapas; lo nunca visto, con las manos en oración para que el calor, que en julio castigó al Tour como no se recordaba, ofrezca una tregua. Para empezar, llegada a Calar Alto, en los parajes del spagueti wéstern y con Pogacar convertido en Clint Eastwood. Luego, media montaña por los alrededores de Granada, llegada en alto a Sierra de la Pandera (Jaén) y Córdoba, donde el astro esloveno puede ceder el papel del bueno a Wout van Aert.
A continuación, tocará el turno de Huelva, un esprint en Sevilla, una contrarreloj de 32 kilómetros del Puerto de Santa María a Jerez y tres citas montañosas en el postre de la Vuelta; primero Peñas Blancas (Estepona), luego la etapa reina en el granadino Collado del Alguacil (por si a Pogacar le queda algo por barrer) y el fin de fiesta en Granada, que no es etapa de cava y fotos porque incluye 1.221 metros de desnivel positivo. Así que en bici se hará el viaje mucho más ameno y complicado que si se afrontase la aventura al volante con paraditas y refrescos, pero sin contar con el atractivo de Pogacar.
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