Fue un crimen totalmente premeditado. El guía cinológico de la Guardia Civil Dámaso Fernández se tomó su tiempo para preparar el asesinato de su expareja, la también agente Laura Cruz Vega. Un par de días antes del crimen, el agente destinado en Zamora viajó a Llanes y estuvo planeando cómo cometer el crimen y buscando vías de escape. Al final no pudo huir, como pretendía, y los compañeros de la víctima lo abatieron en el garaje del propio cuartel de la Guardia Civil de Llanes.
El robo del arma del crimen se produjo días antes. El asesino se llevó la pistola de un compañero de su taquilla para cometer el crimen, sin que el agente se diese cuenta. Al propietario del arma le han abierto un expediente a raíz del asesinato, que se dirimirá en breve plazo. A Dámaso Fernández le habían retirado la pistola, aunque seguía formando parte de la Benemérita.
El asesino de Laura Cruz fue visto comiendo en un restaurante llanisco el día antes del crimen, según indicaron fuentes conocedoras del caso. Presumiblemente, ya tenía claro en ese momento cómo iba a cometer el crimen. Culpaba a su expareja de su inminente expulsión del cuerpo. Como hizo en julio de 2019, cuando la agredió brutalmente delante de sus hijos y compañeros en el cuartel llanisco, Dámaso Fernández aprovechó el pasado 5 de agosto la salida de un vehículo para colarse en el garaje del cuartel, desde el que accedió, por una escalera interior, a la oficina donde se encontraba su expareja, a la que asesinó a sangre fría de dos disparos, uno en el pecho y otro en la cabeza.
Tras herir de un tiro al teniente de Ribadesella, que intentó socorrer a la agente tiroteada, Fernández hizo lo posible por huir, pero se encontró con varios agentes que acababan de llegar al garaje del cuartel, contra quienes disparó. Fue el sargento jefe del puesto de Llanes, que llegó hace poco de los Grupos de Acción Rápida (GAR), quien disparó hasta en cuatro ocasiones en el pecho al asesino de Laura Cruz. A pesar de que Dámaso Fernández llevaba un chaleco antibalas, fue alcanzado mortalmente, sin consumar su pretendida huida.
La mujer había pedido que se alargase la orden de alejamiento el pasado mes de diciembre, al estar convencida de que su expareja iba a matarla. Le denegaron esa orden de protección al no apreciar una situación jurídica que la justificase.
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