Amancio Ortega ha construido su imperio inversor con una regla inusual: comprar mucho y vender poco. Durante más de dos décadas, Pontegadea, el vehículo con el que canaliza los dividendos de Inditex, ha acumulado edificios, infraestructuras y participaciones con vocación de permanencia. Pero en los últimos meses esa fotografía ha empezado a cambiar.
La venta de su 13,7% en Redes Energéticas Nacionais (REN) al Estado portugués, anunciada el pasado viernes, se suma a varias desinversiones recientes y coincide con la decisión de sacar al mercado Telxius, la empresa de infraestructuras de telecomunicaciones y cables submarinos participada por Telefónica y Pontegadea.
El acuerdo con Portugal prevé el traspaso a Parpública -la sociedad pública que gestiona las participaciones empresariales del Estado luso- de 91,7 millones de acciones de REN. El importe no se ha hecho público, aunque el paquete está valorado en unos 324 millones de euros según la cotización de la compañía.
La operación, que aún necesita el aval del Tribunal de Cuentas luso, permitirá al Estado regresar al capital del gestor de las redes de electricidad y gas doce años después de completar su privatización. Pontegadea abandona así una participación que formaba parte de la diversificación del patrimonio de Ortega hacia infraestructuras y energía.
Más de 200 compras, una veintena de ventas
El movimiento destaca por el momento en que se produce. Pontegadea ha realizado más de 200 adquisiciones desde comienzos de siglo y apenas una veintena de desinversiones, muchas de ellas menores. Su modelo no consiste en comprar activos para venderlos tras una revalorización, sino en mantenerlos y obtener rentas o dividendos durante años. De ahí que la sucesión de salidas en el último año y medio suponga una concentración poco frecuente en la trayectoria del grupo.
El cambio se hizo visible en el sector inmobiliario. En abril de 2025, Pontegadea vendió por 90 millones el inmueble del 48 de rue Notre-Dame-des-Victoires, en París, antigua sede del Banque de France. El edificio se había quedado sin inquilino y necesitaba una reforma. Ese mismo mes se desprendió por 18,5 millones de un local de 1.240 metros cuadrados en Garosu-gil, en el distrito de Gangnam, en Seúl, que había ocupado H&M. Lo había comprado en 2016 por unos 20,1 millones.
La salida más llamativa llegó el pasado septiembre. Pontegadea vendió el 366 Madison Avenue, en Manhattan, a Sioni Group y LSL NY por unos 42,7 millones. Ortega había pagado por el inmueble en 2006 unos 92,1 al cambio medio de aquel año. El precio de venta quedó así 49,3 millones por debajo del desembolso de compra, alrededor de un 53,6% menos. La comparación no recoge los alquileres cobrados durante dos décadas. El activo, situado en Midtown, cerca de Grand Central Terminal, había dejado de encajar en una cartera que busca inmuebles de alta calidad y contratos largos con grandes empresas.
A esas operaciones se añadió este año Enagás Renovable. Pontegadea vendió en abril el 5% que mantenía en la compañía al fondo Hy24, participado por Ardian. Ortega había entrado en 2022 con un desembolso cercano a 3,5 millones y salió por unos 4,1, con una ganancia reducida para las magnitudes que mueve su family office. La operación tampoco supuso una retirada del sector energético: Pontegadea mantiene, entre otras inversiones, un 5% de Enagás y otro 5% de Redeia.
¿El último de la lista?
REN Portugal ha ampliado ahora esa lista, pero puede no ser la última salida del año. Telefónica y Pontegadea han puesto a la venta el 100% de Telxius. Telefónica controla el 70% y Pontegadea el 30%. El proceso, encargado a Guggenheim y JPMorgan, parte de una valoración cercana a los 1.200 millones, lo que situaría el valor teórico del paquete de Ortega alrededor de 360.
Este mayor número de ventas en los últimos meses no implica, sin embargo, que Ortega esté reduciendo su imperio. En paralelo a estas salidas, Pontegadea mantiene una fuerte actividad compradora y ha reforzado su apuesta por grandes inmuebles e infraestructuras en distintos mercados.
La clave está en la selección: desprenderse de activos que han perdido atractivo, que exigen nuevas inversiones o cuyo ciclo considera agotado para dirigir el capital hacia otros con rentas previsibles y recorrido a largo plazo.
Esa es la diferencia entre una retirada y una rotación. Ortega sigue comprando más de lo que vende, pero ya no conserva todo. París, Seúl, Nueva York, Enagás Renovable y ahora REN muestran una secuencia de desinversiones poco habitual para un inversor que convirtió la paciencia en una de sus señas de identidad. Si Telxius encuentra comprador, 2026 reforzará aún más esa nueva fotografía: la del mayor patrimonio privado español que, sin dejar de crecer, también empieza a mover piezas.
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